32. Bangkok II.

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Plegarias en BangkokLa primera vez que vine a Bangkok y vi la diferencia entre la cochambre de algunas de las casas que dan al río y los grandes rascacielos que están a su lado me quedé asombrado. Luego el asombro creció al coger el skytrain y llegó al máximo al visitar algunos de sus centros comerciales. Hoy hemos vuelto a hacer el mismo trayecto y me he vuelto a asombrar. Quizás con sus centros comerciales un poco menos pues ahora también hay muchos en España, pero siguen siendo fuera de serie. Porque hoy, después de la visita de ayer a Chinatown, toca centros comerciales y la obligada ceremonia de los “últimos regalos”, que no me gusta nada. Iba a decir que “odio” pero ya sabéis que como dice mi amigo Juanjo, “sólo hay que odiar el desorden y el pecado”.
Llegas con el skytrain que es un metro aéreo de lo más elegante y moderno y entras en el Mahboonkrong (MBK). Justo antes de la puerta un altar en la calle donde la gente ofrece cosas, se arrodilla y reza. ¿Qué ofrecen? Pues sobre todo plátanos y manzanas. En el rato de nuestra observación sólo dos señoras, pero a lo mejor es que no era hora punta de rezos. Una se ha acercado con dos botellas de agua mineral de medio litro. Las ha abierto, les ha metido una pajita a cada una y las ha dejado en dos altarcitos. Otra ha traído comida dentro de unas bandejas. Había un empleado de los dioses, imagino, que iba recogiendo la comida que dejaban. ¿Adónde iría a parar? ¿Y las botellas? Porque se las dejas cerradas a dios y luego se pueden vender, pero abiertas… Los dioses son realmente excéntricos en sus peticiones pero sus fieles no tienen conciencia crítica con sus ofrendas. Porque alguien les habrá dicho que es lo que le agrada a dios y a ese alguien que imagino vector de la petición, sacerdote en definitiva, se lo habrá dicho dios: “Oye, que me gustan mucho los plátanos y el agua embotellada”. Como dicen ahora sería un “puntazo” que una agencia de publicidad consiguiese que un dios importante se decidiese por una marca. Dada la potencia de Nestlé imagino que sería ella. Pero lo que me sorprende no es la excentricidad de la petición divina, que eso va dentro del cargo (aconsejo lectura de lo que hacían en el Olimpo), sino de la falta de espíritu crítico del sacerdote: “Oye, ¿y porqué no pides agua del grifo de la que somos excedentarios?”.
En la India siempre me sorprende la cantidad de cocos que regala la gente en los templos. Es imposible que se los coman, no, no los dioses, sino los sacerdotes. Que además son astringentes. Y no hago ninguna comparación con las ofrendas a los antepasados, porque tú si puedes saber los que le gustaba a tu padre o a tu abuela pero a dios… Si yo viviera en un país con culto a los antepasado como Vietnam se los diría a mis descendientes: nada de fruta ni productos perecederos, que sabiendo lo tranquilos que son no les daría tiempo de comprarla y me pondrían todo de plástico. Y de bebidas un Ribera del Duero y si la economía lo permitía un cava brut catalán y algún malta a mitad de tarde o ron del Caribe. Pero todo cerrado para que luego se lo bebiesen a mi salud.
MBK.
Es lo más grande y caótico que he visto en centro comercial moderno. Está lleno de tiendecitas que venden de todo excepto perecederos. La guía dice que los fines de semana la invaden los jóvenes y adolescentes. No me extraña porque no había visto nunca tantas tiendas de teléfonos celulares juntas. Y de programas informáticos piratas. Además, y lo recomiendo, hay un centro de comidas que imita los puestos callejeros de Bangkok pero con condiciones sanitarias y letreros en inglés. Así sabes el nombre del plato y lo que comes. Por un par de euros comes bastante bien. Allí he observado algo que dice la guía: los tailandeses comen con cuchara y tenedor utilizando éste como nosotros el cuchillo, ayudando a la cuchara pero jamás metiéndoselo en la boca. En algunos platos chinos y en la sopa utilizan los palillos con la mano derecha y la cuchara para ayudar con la izquierda.
Después de MBK a Siam Center, que está al lado, más antiguo pero más elegante.
En los centros comerciales de Bangkok encuentras ciudadanos de la península arábiga comprando con sus señoras tapadas como en sus países. El contraste no puede ser más fuerte. Las tailandesas con sus cuerpos de muñecas orientales y con unos tipos que no te imaginas al lado de unas señoras de negro embutidas en trajes de buzo abisal. ¡Ah, las señoras! Que ellos van como tú y como yo. Y como el multiculturalismo está de moda hay que decir que muy bien. Pues no.
Husmeamos en una librería y regreso al hotel.
N.B.
Sobre el odio al desorden y al pecado. Creo que esa frase se la decían a mi amigo los maristas, que como expliqué en viajes anteriores yo iba a los escolapios y esos no hilaban tan fino. Más bien nos enseñaban el odio al desorden y al pecado y a ellos mismos a base de golpes. Claro que era en los años cincuenta y sesenta., que es como decir la edad de piedra. Lo de “la sangre con letra entra” era una metáfora, que nunca había sangre y muchas veces tampoco letra. Pero golpes sí. Pero era con buena intención.
Sobre la obediencia ciega a los dioses.
Es un tema sobre el que tendré que profundizar. Los religiosos opinan que hay que hacerlo. Ahí tienes el ejemplo de Abraham e Isaac. Pero a ti te dice una voz divina que cojas a tu hijo y que lo liquides pues no sé que decirte. Yo desde luego no lo haría, pero a Abraham lo pone la Biblia como ejemplo. Claro que algunas veces sin que te lo pida nadie no los matarías, pero casi.

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