30. De Sihanoukville a Bangkok.

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¡Quien se queje del estado de las carreteras...!Ayer contratamos un coche que vendría a buscarnos al hotel a las 6 y 20 para ir a la estación de autobuses pues el nuestro salía a las 7 y había que llegar pronto para elegir buen asiento. Era un viaje de 12 horas y era importante no tener el peor.
Eran más de las 6 y media y no había aparecido así que alquilamos dos motos. Debía ser un avance de lo que iba a pasar. En la furgoneta éramos 13 pasajeros, todos occidentales y el conductor. El plan era salir a las 7 llegar a la frontera donde alguien nos recogería y nos llevaría los equipajes para pasarla a pié y en el lado tailandés coger otra que nos llevaría a Bangkok donde llegaríamos a las 7 de la tarde. La elección más cómoda de todas las alternativas posibles. Faltaba un pasajero y estuvimos esperando hasta las 7 y media. No apareció y nos fuimos. Primero lo del taxi y luego el retraso en la salida. Al salir de la estación el conductor para y recoge a una jovencita camboyana que se acomoda en el asiento libre. Miradas cariñosas entre ellos. A las 8 llaman al conductor por teléfono y regresa para recoger al pasajero perdido que era un jovencito excéntrico occidental que estaba en la estación cuando nos fuimos. Iba descalzo. Yo a los occidentales que van descalzos por estos lugares los expulsaría del país. Porque la gente va descalza por la calle porque es pobre, no por moda, porque en cuanto tienen dinero se compran unas chanclas. Como la jovencita se quedó sin asiento el conductor la acomoda en el suyo. Yo pensaba que algún dios nos iba a castigar porque todos los dioses están en contra de la lujuria. A lo mejor los griegos no. Y menos Zeus. Yo que iba detrás del conductor veía como se miraban continuamente y estaba muy preocupado por la poca atención que le prestaba a la carretera y la mucha a la jovencita. Afortunadamente la dejó pronto. El camino primero sigue la carretera nacional que va de Sihanoukville a Phnom Penh y que es la mejor del país pero llega a un punto en que la dejas y entras en una de tierra con unos baches considerables que se han transformado en grandes charcos. Y así llegó por fin el castigo divino: en algún sitio con campos de arroz preciosos, lejos de cualquier ciudad se rompió un amortiguador delantero y algo más pues una rueda quedo totalmente torcida. Allí nos quedamos en medio de la carretera. Eran las 10 y media de la mañana. Paseos y muchas fotos de los campos y de la gente que paraba. De vez en cuando un chaparrón que nos obliga a refugiarnos en la furgoneta. Aparece un mecánico con una motocicleta. No me inspira ninguna esperanza porque como herramientas lleva una especie de hoz con mango largo que emplean para cortar la hierba, una cuerda y un paquete de herramientas en una bolsa de plástico de las que venden en las tiendas de los chinos por un euro o dos. Logra desarmar la rueda y ver todo lo que hay roto. A mí me intrigaba saber como lo solucionaría con tan ligero taller: pues no lo solucionó. A las 12:45 paran a otra furgoneta y trasladan parte del equipaje, como mi mochila, y parte del pasaje a ella, a base de enviar a algunos de los pasajeros al techo y apretar a los otros poniendo 5 en una fila de tres donde ya iban cuatro. Nosotros tenemos más suerte y nos meten en un pick-up con mucha mercancía, pero con un solo pasajero. Os aseguro que no había visto tanto barro en mi vida. Un pick-up con tracción a las cuatro ruedas pasando verdaderas dificultades para atravesar algunos tramos. En uno de ellos pasando nosotros a pié. Además en 4 ó 5 ocasiones hay que coger un trasbordador para pasar el río y la subida y bajada con aquel barro es algo que no te lo puedes creer. Y pensando además que nosotros con aquel vehículo aún podíamos pasar pero que sería imposible que lo hiciera la furgoneta con mi mochila. Y siempre en la suerte que teníamos de ir allí. Encima la frontera la cerraban a las 5 de la tarde. Llegamos a Krong Koh Kong, la última ciudad camboyana a las 6. El chofer que no hablaba una palabra de inglés no sabía que hacer con nosotros y nos quería dejar en un hotel y nosotros venga a decirle que nos llevase a la frontera. Yo pensando que aunque llegase allí no tendría mi equipaje que estaría atascado en algún barrizal del camino y que tendría que hacer noche no sabía donde y encima ya tenía pagado el viaje hasta Bangkok con lo que no podía buscar otra alternativa. Al final, después de varias vueltas, nos lleva aun hotelito donde hay un empleado de la agencia de la furgoneta. La frontera la cierran a las 8 y aún hay esperanza aunque no sabe nada del resto del pasaje ni del equipaje. Uno de los pasajeros del pick-up es un joven canadiense de Vancouver. Tiene también su mochila en la furgoneta que no ha llegado, pero peor aún, debe coger un vuelo a las 2 y media de la noche que vía China va a Vancouver. Os aseguro que fue lo que más nervioso me puso del viaje: ver que iba a perder su vuelo. Advertencia a los habitantes de Vancouver (¿cómo será el gentilicio de esa ciudad?): no esperéis al último día para llegar a Bangkok si estáis en Camboya. Yo diría que también en Laos. O incluso dentro de Tailandia. Que hay que ser inconsciente para hacer esto. Al final aparece una furgoneta con parte de los pasajeros sin el equipaje y al final otra con el resto. Nos reunimos, recuperamos nuestras pertenencias, algunos se quedan allí y vamos hacia la frontera con una nueva furgoneta. Digo nueva porque no la habíamos utilizado todavía porque un kilómetro o dos antes de llegar al puesto fronterizo se rompió el pedal del embrague. Puso la primera como pudo y así llegamos. Como aquí no pueden sacarte dinero la salida de Camboya es rápida y la entrada en Tailandia también. Y cuando llegas allí después de todas la vicisitudes te parece que ya estás en Europa con carreteras asfaltadas, luces y todo más fácil. Desde la frontera un minibús nos lleva a los que quedamos hasta Trat, la primera gran ciudad tailandesa donde nos espera otro minibús con otro conductor para llevarnos a Bangkok. Debe estar esperando desde el mediodía, es joven y está de un humor de perros. El francés que se sienta a mi lado me dijo, afortunadamente al llegar a Bangkok, que creía que iba drogado por la gran violencia que empleó en algunas circunstancias. Y así con los nervios por el canadiense que no llegaba apareció Bangkok. Se bajó en la carretera para coger un taxi y a nosotros nos llevaron a la zona de Khao San. Era la una de la madrugada. No es el mejor momento para llegar a esta ciudad pero esa zona era un hervidero de gente. En una calle alfombras y gente medio larga bebiendo cerveza. Quizás también se haga en el Mediterráneo, pero la impresión es horrible. Sobre todo viniendo de Camboya. Búsqueda de hotel. El de nuestra elección estaba lleno, lo mismo sucedía en algunos otros. En los que hay habitaciones no me gustan. En uno el recepcionista me dice que tiene una habitación en la planta tercera y otra en la cuarta. Me deja una llave, que la mire, se la devuelva y me dejará la otra pero no las dos llaves al mismo tiempo. Le explico pacientemente que eso me obliga a subir siete pisos y que de todas maneras solo me quedaré una habitación. No hay manera. Son casi las dos, me he levantado a las 5, he estado todo el día viajando y el idiota aquel me quiere hacer subir dos veces. Al final encontramos un hotel que está bien pero donde me piden 1000 baht de depósito. Cedo. Mañana nos cambiaremos al que queríamos ir en la primera elección. Un viaje horrible cuando habíamos elegido la opción más cómoda.
Ya estamos en Bangkok, la “Ciudad de los ángeles”.

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Una respuesta to “30. De Sihanoukville a Bangkok.”

  1. LUIGI Says:

    Ciertamente en este último trayecto he pasado de una risa desternillante a un temor cada vez mayor. Sois increibles.

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