27. De Kampot a Sihanoukville.

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Mercado de SihanoukvilleHa estado lloviendo toda la noche. Creo que en mi vida he estado en ningún país en el que haya llovido más que aquí. Esta mañana continúa con la lluvia. Visita al mercado central. Es enorme y muy interesante. Como no aparece en las guías no hay ningún extranjero. Muchísimo pescado. En un puesto una raya muy grande troceada con su hígado al lado. ¿Sabéis lo exquisito que es el hígado de los pescados? A pesar de que es domingo todo funciona excepto los bancos. Encontramos los primeros musulmanes del viaje. En Phnom Penh se oyen las llamadas a la oración desde alguna mezquita pero no vimos a ningún musulmán. Debería decir “musulmana” porque las religiones suelen imponer restricciones y obligaciones en la forma de vestir a las mujeres pero no a los hombres. Parece que los budistas no. Incluso a los monjes se lo ponen más difícil que a las monjas. Ellos deben seguir 227 votos y ellas sólo 8. El que hizo la lista de 227 sería el maestro mundial de las restricciones y prohibiciones. Porque te pones a hacer una lista y después de las 2 ó 3 que a todos nos salen a la primera, cavilando mucho sacas un par más y si eres muy retorcido y restrictivo te salen los siete pecados capitales pero no más. El código de circulación no vale porque los monjes no conducen.
Búsqueda de taxi compartido para ir a Sihanoukville pues definitivamente no he encontrado autobús. Siempre esperas que sea una pareja camboyana por el tamaño pero nos toca compartir el asiento trasero con una pareja occidental. Ella además de inglesa y rubita es más bien menuda. Él parece un polinesio robusto y un poco tartaja. Marisa dice que es como un personaje de Gauguin. Por el aspecto, no por el habla. Afortunadamente están muy enamorados y han ido muy juntitos todo el viaje. Además solo dura dos horas. Nos para el taxista en un lugar donde debe tener comisión pero que da la casualidad que es donde queríamos ir, un hotelito gestionado por una cadena de autobuses. Esta cerca de la playa y no está mal. Enfrente de nuestra habitación las danesas que conocimos en Kampot. Luego en la calle encontramos a Bruno, el italiano. Eso indica que a pesar de que esta ciudad es de las más turísticas de Camboya, no hay tanta gente cuando siempre te encuentras a los mismos. Paseo por el centro. No ha parado de llover en todo el día desde que salimos del mercado de Kampot. Así es un día nada caluroso
Sihanoukville.
Es la ciudad de la playa de Camboya. Su nombre es el del rey. Esto de las monarquías es un misterio para mí. La ciudad fue creada con ayuda americana a finales de los años 50 para que Camboya tuviese un puerto. Luego llegó el turismo en los 60 y cuando llegaron los jemeres rojos le cambiaron el nombre. Y en 1993 se volvió a llamar Sihanoukville. Me recuerda a mi pueblo donde se crearon dos poblaciones de colonización que se llamaban una “del Caudillo” y otra “de Franco”. Allí cuando llegó la monarquía se les cambió el nombre: ahora son “de los Borbones” y “del Rey”. No, es broma. Ahora son orónimos. He leído que los fines de semana se llena de gente de la capital. Pues será, pero hoy domingo por la tarde está todo vacío. Parece que hay una pugna entre quien quiere convertir esto en una zona de grandes casinos y los que quieren que sea el centro de “sol, sexo y playa”, que en inglés queda mejor como “sea, sex and sun”. Parece un chiste escatológico de los que contábamos de niños sobre el infierno: “¿Qué prefieres para comer un bocadillo de vómito o de diarrea”. Encima mi amigo de “elsoles” me dice que en internet aparece esta ciudad como el paraíso de los pedófilos. No hemos visto nada de esa actividad pero en muchos hoteles te advierten que si ves algo así puedes llamar a un teléfono. Es como las armas. No ves a nadie armado pero en algunos sitios advierten que no se puede entrar con ellas.

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2 comentarios to “27. De Kampot a Sihanoukville.”

  1. Alicia Says:

    Sihanoukville, que bonito nombre. En Bruselas tambien llueve pero nada suena tan evocador como una noche de lluvia en Camboya. Besos

  2. Al de Camboya Says:

    Alicia, conozco ambas lluvias y la de Bruselas es más triste. Quizás más poética pero la de Camboya es más vital, más salvaje…Pero me encanta Bruselas en otoño, triste, poética, lluviosa y cara, carísima…

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