26. Kampot y Kep.

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Paisaje de KepEsta mañana visitamos Kep. Es un poco cabreante que casi todo el mundo que habla inglés está relacionado con el negocio del turismo y siempre quieren venderte algo, aunque para ello tenga que ocultarte información o directamente mentirte. Había preguntado a muchas personas, a muchas, y todos me habían asegurado que no había transporte público a Kep. Sólo moto o taxi. Ayer vi un autobús en la calle, pregunté e iba a Kep. Pero es que está en la línea de Kampot a Phnom Penh. Y así cuando te dicen algo que es verdad no te acabas de fiar. Pues a las 7 y media en el autobús.

Te llevan en un autobusillo hasta pasar el puente que está en construcción y que debimos atravesar a pié al llegar. Cambias a un buen autobús y en 45 minutos estás en Kep. Es uno de los lugares en los que da la sensación de que el mundo se ha acabado y en el que te gustaría quedarte una temporada sin hacer nada más que pasear, comer pescado y marisco y vivir. Pero como llevamos unas vacaciones muy apresuradas sólo le echas una ojeada y dices “aquí me perdería”. Pero no te quedas. Está al lado del mar en la carretera que va a la frontera vietnamita cuyo primer pueblo Ha Tien, que visitamos hace años, te produce una sensación similar. Nada más bajarte del autobús un grupo de motoristas te ofrecen sus servicios para llevarte a donde quieras y les tienes que explicar que solo quieres pasear un poco. Es algo que no entienden pues yo no he visitado ningún país donde haya menos peatones. Nadie va andando. No es que haya pocos. “Nadie” quiere decir “nadie”. En el recorrido que hicimos ayer de una hora por la selva el guía le explicó a Marisa que no le gustaba nada andar pero que tenía que hacerlo porque era su trabajo. Así que paseamos por unas cabañas que son restaurantes como eran los del Mediterráneo hace muchos años. Venden pescado recién sacado del mar y te lo cocinan allí mismo. Paseo por la orilla del mar. Realmente no hay nada que hacer más que pasear y vivir.
Kep fue fundada como un lugar de descanso para la elite colonial francesa a comienzos del siglo XX. Después los camboyanos tomaron el relevo. Durante la guerra civil fue destruida y quedan magníficas mansiones con el esqueleto al aire. Casas que primero fueron desmanteladas por los jemeres rojos y luego saqueadas por los del pueblo para vender los materiales. Y como siempre hacen los reyes, en los mejores parajes se construyen un palacio, pues eso hizo el de aquí aunque no se llegó a terminar. Cogemos el autobús y regresamos a Kep. Llega cargado de jóvenes viajeros que van a Kampot. Y otra vez nos dejan a un lado del puente para que pasemos andando al otro y cojamos un autobús que nos lleve al centro. Afortunadamente no llevamos equipaje porque hay un mar de barro para atravesar y nos ponemos perdidos pero pasamos. El conductor del segundo bus esta vendido al dueño del hotel que organiza los viajes a Bokor y nos llevan directamente allí como si fuese el fin del trayecto. Todos los extranjeros entran en el hotel ayudados por los ganchos. A nosotros, como ya nos conocen, ni caso. Y vuelves a ver como están engañando.
Paseo por las casas antiguas de Kampot y luego visita al charco más grande que descubrimos ayer en medio de una calle muy transitada para hacer fotografías de las cabriolas de motoristas y ciclistas. La gente es extraordinariamente amable sin la doblez de los del negocio turístico. Te saludan y si intentas hacer una foto no es que te dejen, es que posan. Como siempre las madres son las más interesadas que les fotografíes a sus hijos. Como es sábado hay grupos de jóvenes en el paseo que hay al lado del río. Siempre con motos o con bicicletas. Por supuesto nada de tabaco ni bebidas. Estos camboyanos ni andan ni consumen. Cena a las 5 de la tarde en el restaurante del primer día al lado del río. Los que habéis viajado por estos países ya conocéis lo de las azafatas de las cervezas. Las marcas importantes ponen azafatas en los restaurantes, sobre todo en las cenas de los sábados, para que los clientes beban de su marca y no de otra mientras les añaden hielo pues las cervezas se sirven del tiempo con grandes cantidades de hielo. Aquí hay un par de ABC, o algo así, y una de Heineken. Entran un grupo de 8, (¿solterones?), de unos 40 años. Invitan a dos azafatas a sentarse con ellos mientras cenan y beben. Grandes risotadas y continuos viajes a los lavabos, excepto el guarro del grupo que aprovecha para hacerlo a través de la empalizada del restaurante al río. A lo mejor las chicas se lo pasaban en grande pero a mí me da pena. También en Kep y aquí he visto parejas de maduros occidentales con preciosas chicas jóvenes. Y también me dan pena. Ellas.
Clase de inglés.
En nuestro paseo por Kampot se nos han acercado dos veces dos jóvenes para dar su clase de inglés. Ya di una antesdeayer y la primera vez te hace gracia pero no más. Así que les he dicho que no era inglés y que sería mejor que se buscasen a uno para su clase. Es que llevar a un joven en bicicleta a tu lado durante una hora preguntándote cosas y tú preocupado de no pararte para que no se caiga de la bici no es mi ideal de paseo descubriendo una ciudad.
Nota militar.
Hoy he hecho un descubrimiento que brindo a la marina de guerra española. Por si algún almirante me lee. Cuando se realiza un desfile militar, la legión lleva una mascota desfilando delante de ella, como una cabra o un jabalí. Es la gran atracción del público y la envidia del resto de armas y cuerpos. (En una crónica de otro viaje ya mostré mi asombro e ignorancia entre esas distinciones de “armas y cuerpos”). Mi oferta: en la playa de Kep había un cerdo que se metía dentro del mar como si fuese un bañista adolescente. Entonces se podría utilizar para marcar el paso y encabezar el desfile delante de las fuerzas navales. Porque se habla de “león marino”, “lobo marino”, “elefante marino”, pues este sería el “cerdo marino”. El problema es que para un arma (¿es un “arma” la marina¿) tan elegante dejar que marque el paso un animal al que se define su manera de andar como “trote gorrinero” no parece muy acertado.
Sexo (de cangrejos)
En Kep había unos cangrejos grandes, preciosos, de patas azules. Una señora los separaba creo que mirándoles el sexo. ¿Existe la profesión de sexador de cangrejos? Lo curioso es que hacía dos grupos pero a uno lo había dejado aparte. A lo mejor no tenía sexo o estaba muerto. Que viene a ser lo mismo.

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