23. De Phnom Penh a Kampot.

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Kampot, obleas de arroz en espera de hacer fideos con ellasDe nuevo madrugar para coger el autobús. Parece una hora especial en Camboya. Todos los autobuses que hemos cogido salían a las 7 y media. Afortunadamente el hotel esta cerca y hemos podido ir andando. En el autobús 15 pasajeros y de ellos 9 extranjeros. Es curioso porque Kampot no es un sitio famoso como otros aunque 9 tampoco es una multitud. Cerca de Kampot algunos de los paisajes más bonitos de toda Camboya: grandes arrozales salpicados por algunos palmerales. Pareado involuntario. La sorpresa llega cuando para entrar en la ciudad hay que cruzar el río por un puente que está en construcción y no puede pasar el autobús. Pasas andando y al otro lado te recogen unas furgonetas para llevarte a los hoteles. Hoy ha sido un poco complicado por las circunstancias y por mi obstinación. Hemos acabado en el tercer hotel de los visitados y tampoco me ha gustado así que buscaremos otro para cambiarnos mañana. Y a raíz de todo esto he hecho un descubrimiento. Casi todo el mundo que viaja por su cuenta por estos países lleva la misma guía. Resultado: todos vamos a los mismos hoteles. Y entonces por un lado esos hoteles se llenan de extranjeros y no van los nacionales y por otro aumentan los precios o no cuidan a los clientes y los detalles como limpieza, etc… O sea que no siempre son la mejor opción. Así que miro en uno que no está en la guía pero que está recién acabado, no hablan inglés e incluso los letreros de la fachada están en camboyano, excepto la palabra “hotel” y el nombre, que encima no es nada comercial para pronunciar o recordar: Sopheakmongkol. Pues allí el precio es bueno y está limpísimo. Nos cambiaremos mañana. Comida buenísima al lado del río: pescado con jengibre y pescado con leche de coco. Afortunadamente estábamos solos porque el primero eran trocitos de pescado sin espinas pero el segundo era un pez de unos 30 centímetros muy frito, bañado en un caldo amarillo. Mejor que el primer pescado pero había que comerlo con palillos y al estar tan frito no había manera de cogerlo. Solución: las manos. Quizás todo el mundo lo come así pero nos ha dado un poco de corte. Tarde plácida con clase de inglés. Dando un paseo por el centro se nos ha acercado un chico en bicicleta. Que quería charlar con nosotros en inglés. Le he explicado que somos españoles y que en España no se habla inglés pero era la primera vez que conocía a españoles y le debía parecer exótico y ha estado con nosotros casi una hora. Quiere ser traductor de inglés. Le he preguntado si ese río era un río o el mar. Pues las dos cosas. De junio a octubre lleva agua dulce pues baja mucha agua de las lluvias. El resto del año lleva agua salada que entra del mar. También que hay muchos mosquitos. No recuerdo un viaje con tantas picaduras. Incluso en algún hotel nos han picado en la cama y no eran mosquitos. Kampot ha resultado la ciudad con el agua embotellada más barata y la hora de internet más cara.
Transportes fallidos.
He buscado y preguntado como no podéis imaginar por viajes en barco por el río Mekong entre Phnom Penh y Stung Tren cerca de Laos. Pues no hay ninguno a pesar de que las guías dicen que sí los hay. Desde que han mejorado las carreteras se acabaron los barcos. Pues lo mismo me ha pasado con el tren. Hay una línea que va de Phnom Penh a Sihanoukville pasando por Kampot. Queríamos cogerlo desde aquí hasta Sihanoukville, pero tampoco funciona. El que me ha dado más explicaciones ha sido el chico de la bicicleta: solo van mercancías con el tren porque las carreteras han mejorado. Y eso que ha sido un medio de viaje tan popular que he leído que en la época que llaman de la “guerra civil”, la máquina llevaba delante dos vagones descubiertos tipo plataforma como medida de detectar si había minas o explosivos en las vías. El primer vagón era de transporte gratuito para los que se atrevían a viajar allí y el segundo a mitad de precio. Pues iban llenos.
Seguridad.
Ahora la zona, como todo el país, es segura e incluso esta parte especialmente tranquila, pero no siempre fue así. Hasta la mitad de los 90 fue una provincia muy peligrosa por la presencia de los jemeres rojos. En el 94, hace por tanto poco más de 10 años, hicieron una emboscada a un tren y cogieron como rehenes a un montón de camboyanos y a tres viajeros occidentales. Estos fueron ejecutados cuando el ejército cercó a los jemeres rojos. Pero ahora, amigos, esta ciudad y toda la zona es como un gran balneario.