22. De Kratie a Phnom Penh.

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Cymbopogon flexuosus, la planta Esta mañana a las 6 ya estábamos en la calle a la búsqueda del desayuno. Nuestro hotel estaba enfrente del mercado central que ya empezaba a abrir sus puertas. En Camboya abren de 5 a 6 y cierran alrededor de las 5 de la tarde. Nos encontramos a Gerard, nuestro compañero francés de estos días. Iba a comprar un desatascador de esos que tienen un palo y una ventosa de goma en un extremo. Que se había atascado el lavabo de la habitación. ¡Pero mira que hay gente rara! Porque se te atasca el lavabo a las 6 de la mañana y tienes que coger el único transporte que hay a las 7 y entonces te dedicas a buscar un desatascador. Y si lo encuentras y logras solucionar el problema, ¿qué haces luego con el artilugio? Porque para llevártelo encima todo el viaje hasta Paris, mal. Que si encima te lo descubren en la aduana no se lo creen. Para dejárselo al hotel, peor, pues era su problema y tú se lo has solucionado. Tampoco se lo puedes regalar a un pobre que vive en la calle. ¿A una ONG?
El autobús sale a las 7 y media. Para a las 10 y media para comer, ¿pero qué cristiano puede comer a esa hora? Pero siempre lo hacen así. En Kratie había bastantes turistas occidentales porque había llegado el autobús de Phnom Penh lleno de ellos pues Kratie es el paso obligado para ir a Ratanakiri y Mondulkiri. En nuestro autobús había un grupo de israelitas. Se les reconoce porque siempre van en grupo, raramente en parejas mixtas, hablan una lengua muy extraña, todos tiene la misma edad, veintitantos, en el grupo siempre hay unos que suelen ir vestidos y sobre todo peinados de manera estrafalaria, la mayoría parecen árabes, aunque quizás no les gustaría reconocerlo y acostumbran a mirar al resto del mundo con superioridad y suficiencia. Ah, y siempre son los últimos que suben al autobús en las paradas. Siempre pensaba que era una forma de mostrar su superioridad y hacernos esperar a todos pero ahora pienso que a lo mejor es una técnica que les explican cuando están en el ejército.
Llegamos a Phnom Penh a la una y media. Búsqueda de hotel y compra de billete para ir mañana a Kampot. Paseo al lado del río que esta muy animado. La última vez que estuvimos aquí vimos a un elefante con su cuidador o conductor montado en una bicicleta a su lado. Muy gracioso. Volvemos al restaurante donde fuimos a cenar la otra vez que estuvimos aquí. El plato de pescado con leche de coco y “lemon grass” sigue siendo la mejor comida del viaje. Al entrar en el hotel lo hace también un occidental de treinta y pocos años, grandote, con una muñequita camboyana. El recepcionista le pone pegas y el occidental le dice que le había dicho que tenía 20 años. ¡Y yo que pensaba que era amor! Hay un tira y afloja y al final la dejan subir.

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Una respuesta to “22. De Kratie a Phnom Penh.”

  1. LUIGI Says:

    ¿Por qué los israelitas tendrán este talante que a tod@s -o casi- nos pone los pelos de punta?

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