20. Ban Lung III.

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Motoman. Internet sobre moto en RatanakiriHoy ha sido un día de reposo. No total, pero nada que ver con los días anteriores. En este tipo de viaje a veces tienes que parar un poquito. Y este lugar, sobre todo con este hotel, es el sitio ideal para hacerlo. También porque ya llevamos dos semanas durante las cuales hemos estado viajando o viendo cosas todos los días. Hoy ha sido el primer día sin despertador, pero a las 8 ya estábamos en el mercado central. Ban Lung parecería un poblado perdido en la selva si no fuese por las dos grandes calles que la cruzan, aunque solo sean pistas de tierra rojiza. El mercado, como todos, muy interesante, y con tal cantidad de barro como no había visto mas que en Laos. En un lateral del exterior hay un cobertizo con mesas donde la gente ha debido desayunar y está casi lleno. Todos miran a tres televisores que hay en la pared. Funciona como un cine. Lo diferente es que dos de los aparatos están sintonizados con la misma emisora y con voz y el tercero con otra y sin voz. Y aun hay otro apagado. O sea que te tomas un plato de sopa y ves dos películas al mismo tiempo. El mercado tiene los puestos típicos de frutas, verduras, carnes, pescado, herramientas, textiles y joyas. Esta es una característica diferencial de Ban Lung: aquí cerca hay minas de piedras preciosas o semipreciosas y aunque en todos los mercados hay puestos de joyeria en este muchos más. Por cierto que esos puestos hacen también de casas de cambio pero solo de dólares a riels. Muchos tienen también un pequeño taller para montarlas. Y todos tienen una o dos cabezas de ajos con las joyas. La mayoría no hablan ni una palabra de ingles y te dicen el nombre de la piedra en camboyano con lo que no sabes lo que compras. O sea que si te gusta la compras, pero si esperas a hacer negocio y sabes lo que yo sé de piedras mejor que vayas a El Corte Ingles, que no solamente no te engañaran, sino que cuando llegas a casa y no gusta la piedra la puedes cambiar por algo mas útil como salazones. Parece que lo que más hay aquí son topacios y amatistas. (Ayer me quejé en este sitio de que algunas letras no se veían en el teclado como la n, a, s y e. Cogió el rotulador azul y las escribió de nuevo. Hoy además de estar medio borradas se podría hacer una estadística de las letras que más se usan en castellano pues hay algunas inmaculadas y otras teñidas de azul) En el mercado había una vendedora de pescado que vendía mas que las demás. Tenia los peces de unos 50 centímetros vivos en un cubo grande con agua (en Vietnam también suelen venderlos vivos) La cliente elige la pieza. La vendedora lo coge y para poder pesarlo le pega un estacazo en la cabeza con el contrafilo (¿parte opuesta al filo?) de una gran cuchilla. El pescado así medio atontado se deja pesar. Luego le pega un corte con la misma cuchilla en el morro y le mete un palo cónico por la boca. De esta manera lo sujeta con la mano izquierda mientras que con la derecha lo descama. Y todo rapidísimo. En casi todos los sitios pero especialmente en el mercado las vendedoras se sienten orgullosas si muestras interés en hacer una fotografía a sus hijos pequeños. A veces están durmiendo, les despiertan y les pellizcan en las mejillas para que abran los ojos. Es un paraíso fotográfico. A veces ves grupos de minorías étnicas pero como dije sin vestidos típicos. Hoy una de esas familias deambula por el mercado cada uno llevando un cesto de mimbre a sus espaldas. La señora más mayor lleva una camiseta de Calvin Klein. Tu, antropólogo antiglobalización, ¿qué prefieres, que lleve una camiseta como tu señora, tu hermana o tu hija o que lleve un taparrabos de plumas? No te he dicho “tu madre” ni tu “abuela” porque ellas no llevan camisetas Calvin Klein a no ser que sean de una minoría étnica.
Paseo por los alrededores del mercado y hay comida barata y buena: un dólar cada uno. Si comes lo mismo que los camboyanos y donde ellos lo hacen es así de barato. En el hotel un té cuesta un dólar. Este restaurante, como casi todos, tiene mesas en la acera debajo de un voladizo y también dentro del establecimiento. Lo curioso es que hay un cubículo de vidrio transparente, de unos 3 por 2 metros, que es la clínica de un dentista. Cuando hemos comido le estaba trabajando la boca a una señora. Para mí que era una endodoncia por la cara que ponía pues nuestra mesa estaba a un metro y medio de la silla esa giratoria que da tanto miedo.
Con los franceses estamos buscando un transporte hacia Kratie pues aquí no hay autobuses. Parece que gracias a nuestro ingenio y alguna mentira hemos conseguido uno para mañana a un precio bueno y además yendo solo los cuatro y el chófer.
Tarde de descanso total y lluvia partir de las cinco. Vamos a cenar al pueblo y se desencadena un diluvio a mitad de camino. Afortunadamente nos refugiamos en una casa donde nos sacan unas sillas pues hemos estado allí mas de una hora. Incluso nos han invitado a compartir la cena. Creo que no había visto llover con tanta intensidad en mi vida. Cuando ha amainado un poco hemos ido a cenar donde el dentista que no tiene consulta por las noches. Mañana a Kratie.
Sobre el parque de Virachay.
En la provincial de Ratanakiri, cuya capital es Ban Lung, y muy cerca de aquí, esta el parque de Virachay. Es el más grande de Camboya y llega hasta Vietnam y Laos. Dice la guía que nunca ha sido explorado totalmente y que los expertos en vida salvaje creen que además de elefantes, leopardos y tigres puede haber rinocerontes. También que los guardias forestales te pueden guiar y que después de varios días de marcha encontraras cataratas de mas de 100 metros. Me temo que con estas lluvias no llegarías muy lejos. Es solo una indicación por si algún aventurero me lee.
Las piedras preciosas.
Realmente no sé si las piedras de aquí son preciosas o semipreciosas, pues desconozco la diferencia. A lo mejor no existe lo de “semipreciosas” porque tú a una chica la puedes llamar “preciosa”, pero ¿le puedes decir “semipreciosa”?

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2 comentarios to “20. Ban Lung III.”

  1. LUIGI Says:

    Que maravilla de pescados, debería ser igual en todos los mercados del mundo! Que frescura, así si que no te dan gato por liebre, sobretodo cuando después de pagar 12 euros por dos rodajas de merluza llegas a casa y te encuentras con un olor poco deseable (esto me ocurrió ayer).

    En cuanto a la denominación de semipreciosa yo si que entiendo que se le pueda llamar eso, incluso puedes llegar a decir con lo preciosa que fuistes/eras y ahora…(exactamente igual de ellas hacia nosotros).

    Besos.

    pd: Imagino que el final del viaje lo encontraremos ya con vosotros por tierras ibéricas. Bienvenidos.

  2. Chiqui Says:

    Me quedo con la imagen de los dos deambulando por el mercado y comiendo como “unos camboyanos” mas…
    Teneis que estar haciendo unas fotos preciosas… y los días de descanso, dónde ves lo cotidiano y te fijas más en los detalles, para mi, son los mejores.

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