16. De Phnom Penh a Kratie.

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Chedi o stupa de Wat Phnom en Phnom PenhEsto ya se va pareciendo mas a los viajes por el sudeste asiático. Salimos de la estación de autobuses de Phnom Penh que está al lado del mercado central. Es pequeña para el tamaño de la ciudad pero es que es de una sola compañía y hay varias desperdigadas por Phnom Penh. Tenemos los números 1 y 2, detrás del conductor y no me caben las piernas. El cobrador que ve mis problemas nos cambia el sitio. Resulta que nuestro nuevo sitio es de otros occidentales y tiene que buscar a unos camboyanos pequeños y todo resuelto. Es que es un viaje de 7 horas. Los occidentales resultan ser de Barcelona y Tailandia. Una pareja estupenda con la que luego compartiremos la tarde. La carretera no esta mal, tampoco el autobús. El único punto negativo es que ponen un video camboyano tipo karaoke. Debe ser costumbre aquí pues lo mismo nos pasó en el otro autobús de Siem Reap. Los temas son uniformes a lo largo de todo el CD. En uno sale un joven al que siempre abandona la novia por otro que está mejor situado… , y es que el tío tenía una pinta de cenizo… y la imagen acaba en el momento en que lo hace la letra, aunque se estuviese comiendo un bocadillo y la acción se corta a mitad. Como el viaje es tan largo y el volumen muy alto es un horror. Paramos en un pueblo a comer y resulta ser Skuon, el de las arañas, y es verdad. Hay unas vendedoras con unas fuentes con las arañas fritas. Son enormes pero no dan nada de asco. No sé si al freírlas se quedan así o es que las atan, pero están todas con las patas hacia delante y hacia detrás y miden unos 10 centímetros.
Llegamos a Kratie y vamos al mismo hotel que la pareja barcelonesa-tailandesa. Creo que somos los únicos huéspedes. Por la tarde vamos a ver la atracción turística del lugar: los delfines Irrawaddy, delfines de agua dulce que viven en el Mekong entre Laos y Camboya y que se considera una de las especies asiáticas en peligro de extinción. Compartimos taxi y barca. No es nada espectacular pero es precioso. El Mekong aquí es enorme. Pero mucho. Te acercas con la barca hasta cerca de la otra orilla, se para el motor y atan la barca a una rama. Y a esperar. Aparecen los delfines. No es como en un parque de atracciones pero de vez en cuando alguno se aproxima mas y oyes su respiración y ves su lomo. Vuelta al hotel, compra de billetes para mañana cuando nos separaremos pues ellos van al sureste a Mondulkiri y nosotros al noreste a Ratanakiri.

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