¡Pues nos hacemos! Quién nos iba a decir que la antigua empresa Altos Hornos de Vizcaya, orgullo de la siderurgia vasca, cuna de algunas fortunas vascas y tumba de ingentes capitales públicos españoles (de todos los españoles) iba a pasar a manos de un señor de la India que comenzó en una acería de su padre en Calcuta hace treinta y tantos años. ¡Gloria y milagro de la globalización! Claro que algún consuelo cabe a quien le duela, porque Mittal estudió con los Jesuitas y la ciudad en la que nació su imperio está regida por «nacionalistas» bengalíes que han cambiado su nombre a Kolcata hace pocos años.