1) Que una detención ilegal de 4 horas (en la sentencia me ha parecido leer de 13,20 a 16, lo que harían 2 horas 40 minutos) produzca sentencias de 5 años de cárcel. Hay quien ha sufrido retenciones (no detenciones) no justificadas, pero con limitación de su libertad ambulatoria (como dice la sentencia) por más tiempo de ese y han salido dando gracias.
2) Que un ministro, por el mero hecho de serlo, pueda ser rodeado amenazadoramente (vamos a ser suaves teniendo en cuenta que algunos de los presuntos amenazadores se han hartado de decir que el presunto ministro es un poquito gallina) en la calle. La sentencia no acepta que hubiera agresiones pero acepta que se produjo una «tensión tensa e incómoda» y que «fue imposible la evitación de algunos zarandeos«. Lo dicho, un hombre no debe llorar.
3) Nuestra situación en el concierto de las naciones. De haber ocurrido los hechos en los llamados países serios de nuestro entorno el acercamiento a dos cuerpos de un Ministro del Gobierno esgrimiendo una ramita de olivo hubiera permitido una nítida identificación pues se hubieran quedado en el sitio con dolores en el plexosolar, esguinces varios y quizá una rotura de hueso largo. De haber ocurrido en países más alejados, la situación se hubiera descrito en términos forenses. Seguimos estando en la gama media.
4) Que todavía haya «jefes» chapuceros que aparten a sus subordinados de sus deberes por el mal entendido «principio de autoridad» o que puedan pensar que debe darse obediencia debida en el cumplimiento de órdenes manifiestamente ilegales. Claro que la chapuza o la adulación no hacen más inteligible el punto 1º.
5) Que los tres poderes del Estado no parezcan tener obligación de colaborar. Montesquieu no escribió sobre eso.
6) Que la rivalidad política lleve a pegar patadas en culo ajeno, porque si lo que se piensa es que ha habido una directriz política para detener al tuntún a militantes de un partido no hacía falta pedir esa enormidad de penas a unos policías que, por muy Jefes que sean, son subordinados.
Hay otros aspectos inquietantes pero los seis anteriores no me permiten inquietarme más de una sóla vez.