A este paso, los preámbulos de los estatutos autonómicos van a ser el refugio de los zahoríes de la identidad oculta. El provisional del nuevo estatuto de Andalucía dice que la Constitución «reconoce la realidad nacional de Andalucía como nacionalidad» ¿Qué pasa con los parlamentarios autonómicos españoles? ¿Todos quieren ser ideólogos? ¿No sería mejor enfocar la dura realidad? Y ahora los parlamentarios andaluces ¿no sería suficiente conseguir que no pasase «inadvertido» el devastador katrina moral de Marbella durante quince años? ¿Porqué gusta «lo nacional», por novedad o por reminiscencia?