Psicotrópicos y buen gobierno.

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Fiat es una empresa que cotiza en la Bolsa de Milán, a pesar de lo cual en prensa se sigue leyendo ‘los dueños de Fiat’ cuando mencionan a la familia Agnelli. Pereza, quizá. Es verdad que un holding patrimonial de esa familia controla la empresa de tal modo que nombra a voluntad los directivos y ahí vamos.
Uno de los vástagos de la generación Agnelli joven, llamado Lapo Elkann, 28 años recién cumplidos, responsable mundial de la promoción de la marca Fiat, ha logrado salir de un coma provocado por la ingestión de cocaína, heroína, opio y fármacos varios. Lapo es un hombre poderoso porque tiene la característica esencial de los hombres poderosos, la de tener panegiristas. Un periodista de El País dice de él:`desempeñó su trabajo con una eficacia asombrosa. Sus ideas de marketing fueron parte importante de una inesperada resurrección de la empresa automovilística.’ Hay que avisar a los masajistas extracorpóreos que no han debido enterarse de la resurrección. También dice de él que es ‘extravertido e hiperactivo’ rasgos difíciles de evitar a partir de cierto nivel de psicotrópicos.
Los amantes del diseño italiano nos alegramos de su recuperación, pero no podemos dejar de preguntarnos por la influencia de las drogas en su trabajo en Fiat. Se nos ocurren tres posibilidades:
a) No tenían influencia; mal ejemplo.
b) Tenían una influencia beneficiosa; peor ejemplo.
c) Tenían una influencia perjudicial; pésimo ejemplo.
Así que para impedir la repetición de hechos tan lamentables y en defensa de los intereses de los accionistas minoritarios del mundo, que, quiéranlo o no, son mayoría silenciosa indirecta a través de planes de pensiones, empresas de seguros y otras instituciones colectivas de inversión, pedimos que se incluya en las prácticas de buen gobierno de las empresas que coticen en Bolsa, aprovechando que se va a crear el enésimo comité al respecto, la siguiente obligación:
Control antidopaje periódico de los accionistas de referencia.