¡Huríes, despertad!

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Desengañadles de la existencia de los ríos de leche y miel y de que les estais esperando de veinte en veinte. Decid la verdad: Sois pocas y no teneis descanso, tendrán suerte si una les ama, casi casi como en su vida real. Decidles que lleguen de uno en uno, limpios y amables y no sucios y despedazados. Haced como vuestras hermanas, apoderaos de la certeza y de la verdad.