Paseando por Barcelona se puede descubrir una esquinita que muestra, con la apariencia de una torpeza del callejero municipal, la paradoja a la que nos someten todos los poderes: nos intentan explicar lo sabido y nos ocultan la verdad de lo impuesto. Los rótulos de las calles que se cruzan están a un metro de distancia y dicen en catalán: Calle de Freixa, Calle de Platón filósofo griego.