
Ajanta. (De Wikipedia y la guía).
“Las cuevas de Ajanta son 30 monumentos rupestres budistas excavados en la roca que datan del siglo II a. C. al año 480 d. C. Consideradas universalmente obras maestras del arte religioso budista, las cuevas incluyen pinturas y esculturas excavadas en la roca, descritas como algunos de los mejores ejemplos supervivientes del arte indio antiguo».
“Constituyen antiguos monasterios y salas de adoración de diferentes tradiciones budistas talladas en una pared de roca de 75 metros. Los registros textuales sugieren que estas cuevas sirvieron como un retiro monzónico para los monjes, así como un lugar de descanso para comerciantes y peregrinos en la antigua India.
Estaban cubiertas por la selva hasta que fueron descubiertas accidentalmente y llevadas a Occidente en 1819 por el capitán John Smith, oficial colonial británico, durante una partida de caza de tigres”.
“Muchas cuevas presentan pequeños agujeros en el suelo, similares a cráteres, que servían como paletas durante las pinturas”.
Hay gente que dice que Ellora es mucho más interesante, pero yo no sabría qué decirte, aunque claro, Ellora tiene ese increíble templo de Kailash que es difícil de superar en cualquier comparación, pero el entorno yo diría que es más bonito este.
Y como estamos en un país de religiones “zapatófobas” aquí hay que descalzarse en todas las cuevas menos en una.
¿De verdad que a Buda le importará que yo entre calzado?
Pensaba en lo feliz que hubiese sido en la época del RAJ, pues no creo que los británicos se descalzasen para entrar en todos estos sitios.
Al salir de uno de los templos cuando voy a coger los zapatos un empleado del sitio me dice que me aparte y es que hay una serpiente, muy delgadita pero muy larga, que sea quedó allí. Imagínate el susto si no te das cuenta o el bicho se mete dentro de tu zapato.
O sea, que sí había serpientes por el camino.
El letrero de quitarse los zapatos tiene dos iconos, uno con una zapatilla deportiva y el otro con un ”stiletto”. No creo que haya nadie que venga aquí con tamaño disparate, que deberían dejarles que siguiesen con ellos pues a los dioses les encanta que los mortales andemos jodidos.
Parece que aquí están trabajando en la conservación de las cuevas, imagino que especialmente de las pinturas, pero a pesar de un letrero en un entorno abandonado y en otro que hay una luz y material como si hiciesen algo me da la impresión que el “work in progress” no está “progresando” nada.
En una cueva inacabada se puede ver cómo era su construcción y es muy interesante ver el proceso.
Para los pudientes y los que no se quieren perder nada a pesar de su estado físico hay porteadores con sillas gestatorias y así hemos visto a una pareja de ancianos, vaya como nosotros, utilizándolas.
NB
¿Por qué se llaman “sillas gestatorias”?
Lo de “silla” no hay que explicarlo.
Lo de “gestatorio”: que hay que llevarse en brazos.
La “silla gestatoria” modelo es la vaticana, aunque ahora ya no se utilice, pues los papas más modernos la han sustituido por el famoso “papa móvil”.
Y es tan “modelo” que hasta hay, o había, un nombre para designar a los que la portaban, “sediarios pontificios”, que era un cargo honorífico, a diferencia de estos de aquí que son trabajadores.
Casi al final de nuestro recorrido hay una cueva impresionante y en aquel momento la luz del poniente entra por la puerta e ilumina a la estatua de Buda que preside el recinto.
Hay pinturas que deben muy interesantes, pero que están en un estado regular y además, obviamente, con una luz tan tenue que hace difícil su visión.
Vemos la “mejor” de las cuevas, la última, como nos pasó de forma involuntaria ayer en Ellora.
Regresamos al aparcamiento donde un autobús te lleva al verdadero aparcamiento donde nos espera nuestro paciente chófer pues empezamos a las 11 de la mañana y acabamos a las 4 de la tarde.
Allí una obra de arte de la tecnología pasada por la idiosincrasia india: un cuadro eléctrico al aire libre, vaya sin cubrir donde podría haber un accidente.
Una maravilla de visita.
Volvemos a Aurangabad con la noche echándose encima y en el camino de vuelta otra “postal” india: un señor en una moto con tres grandes bolsas cargadas delante de él, dos niñas adolescentes (por su tamaño) detrás a horcajadas y con la señora “a lo amazona” en el extremo final y por supuesto ninguno de los cuatro con casco, aunque todos llevasen la cabeza cubierta.
Las exigencias divinas.
Siempre me quejo de la sinrazón de las religiones “zapatófobas”, pero es una constate en todas, o casi todas, las religiones.
¿Cómo le puede molestar a Buda (que además no era ni siquiera un dios) que yo entre en uno de sus templos con sandalias?
Y lo mismo te digo de la trinidad hindú o de sus millones de avatares y parientes.
O de las normas dietéticas del islam o del judaísmo.
¿A Mahoma o a Jehová les molesta que coma animales que no han sido sacrificados de determinada manera?
Y tampoco se salva el cristianismo, o por lo menos la rama que conozco, el catolicismo: ¿puedo hincharme comer cigalas en Cuaresma, pero no puedo ni oler un torrezno?
Pues ya ves, en la India puedo comer torreznos, pero me tengo que descalzar.
Ya entenderás que lo de los torreznos es una licencia poética, que aquí el cerdo no es un animal muy apreciado.
Y una pregunta final: si no hubiera habido religiones oficiales, vaya, “iglesias” que las representan y con sus funcionarios que las dirigen, ¿cómo nos hubiésemos enterado los mortales de esas exigencias divinas?
Etiquetas: Ajanta, Aurangabad, Budista, India












28/07/2025 a las 11:47
Bienvenido.
Muy buena tu disertación final sobre las exigencias de las religiones.