57. India 2024. 26 de noviembre de 2024, martes. Vigésimo noveno día de viaje. Aurangabad. Ajanta. Primera parte.

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Hoy vamos a dedicar el día a visitar Ajanta.

Ayer quedamos con el que nos gestionó el viaje a Ellora, Prince, que hoy vendría él personalmente para llevarnos allí.   

La cita era a las 8 y media y a las 8 nos llama que ya nos está esperando y nos da el número de matrícula del coche.

Imagino que otros turistas se les habrán quedado dormidos y que por eso llama antes, y lo de la matrícula no lo entiendo, pues si nos espera en la puerta y ya lo conozco no me puedo equivocar.

Cuando te dejan en un aparcamiento al hacer una de estas excursiones sí te piden que fotografíes la matrícula para que luego no te confundas, imagino con la excusa de que “todos los indios son iguales”, pero hoy…

Al poco me vuelve a llamar para decirme que está en la puerta esperándome y al poco rato otra vez. Me quedo sorprendido de tanta insistencia, pero sigo sin entenderlo hasta que salimos a la calle y resulta que tenemos 3 coches para llevarnos a Ajanta y ninguno de los tres conductores es el de ayer, ni Prince, el que lo gestionó.

Uno de ellos insiste con vehemencia que él es el “verdadero” asi que llamo al “gestor” pero no lo coge o la línea está ocupada.

Una situación esperpéntica y que no sé cómo resolver. Pruebo con un indio que ayer nos ayudó a solucionar el problema del desayuno y que tiene una tiendecita en el complejo donde estamos; lo intenta pero tampoco lo entiende y al final nos vamos con el coche del vehemente que tampoco era el conductor sino… pues ni idea.

Lo que hicimos mal fue no haber subido en el coche más nuevo, pues el que cogimos era el que estaba en el peor estado, aunque sí que fue un conductor muy prudente y nada locuaz, lo que se agradece.

Y es que cuando vas sentado delante y también eres un conductor ves la cantidad de barbaridades que hacen los conductores indios, tantas que no te lo creerías.

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Aquí se conduce por la izquierda y durante todo el recorrido, excepto algunos tramos en obras, todo era una carretera tipo autovía con dos carriles en cada dirección. Pues bien, los vehículos pesados y autobuses siempre se colocan en el lado drecho por lo que hay que adelantarlos por la izquierda que es por donde circulan los tractores (cargados hasta los topes y algo más), los autorickshaws y algunas motos, de manera que cada adelantamiento es una filigrana, a lo que hay que añadir los que circulan en sentido contrario, o sea por tu izquierda, pero de frente a ti.

NB

Esta conducción en sentido contrario es también muy común en las ciudades lo que representa un peligro para los peatones como yo, que cruzamos mirando (y esquivando) los vehículos que vienen frente a ti y cuando crees que ya estás a salvo pues has llegado al otro lado entonces te pasa una moto a toda leche que no habías visto porque mirabas al lado correcto.

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Súmale a esto las posibles vacas, no muchas, pero sí las hay, algún rebaño de cabras que va por el lado izquierdo, pero invadiendo la calzada y la creencia india de que el arcén no sirve para nada y si tienes que pararte lo haces en la calzada, nunca o casi nunca en el arcén.

A todo lo anterior añádele que en este viaje a Ajanta hay tramos que están en obras y transforman los 4 carriles de la autovía en dos y por alguna razón en estos tramos la carretera está en el peor estado que he visto nunca. Hay baches que si fuese la época de lluvias un niño se podría ahogar dentro de ellos.

Y la vuelta ha sido peor, mucho peor, pues se hecho de noche y el personal no enciende las luces hasta que casi no se ve y algunas motos nunca y cuando lo hacen llevan las luces “largas” y aunque hay una mediana entre los dos sentidos de la carretera no llega a tapar las luces de los que vienen en sentido contrario y no se ve nada.

Vaya, que cuando viajas en autobús no te enteras, o no ves el peligro, pero en un coche…

Y en la carretera normal, con un carril por sentido aún es peor, pues había tramos con muchas curvas y los conductores no pueden esperar a tener visibilidad para adelantar a un camión y hacen unas maniobras que no te las podrías creer.

Lo único que les salva es que la velocidad es muy baja, no pasan de 80 o 90 km/h en los mejores tramos. 

Y así llegamos a Ajanta.

Hay dos formas de acceder: una, la más corriente, es ir directamente al aparcamiento desde donde se coge un autobús (25 o 30 rupias por persona) que te deja cerca de la entrada del sitio y otra, la que nosotros hicimos, y que te recomiendo, es que el coche te deja en un mirador desde donde en un fácil descenso con escaleras en algún tramo, pero suaves, te lleva a otro mirador desde donde tienes una vista espectacular de Ajanta. 

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En el mirador superior un letrero dice que hay animales salvajes y serpientes en el camino hacia Ajanta, pero no sé con qué propósito te lo advierten, quizás porque no quieren que se masifique, pero nosotros bajamos solos en todo el recorrido y desde luego no se venían signos de “vida salvaje” y menos de serpientes.

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En el segundo mirador un avispado joven nos vendió unas geodas. Yo no recordaba nada de Ajanta, excepto que la vez anterior que estuvimos cuando en el autobús de regreso unos niños nos vendieron unas geodas.

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Desde este mirador hay también unas vistas preciosas de una bonita cascada y parece que en época de monzones hay más cascadas que caen desde la meseta superior de las cuevas.

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Y así llegamos a un puente que cruza el río y entras ya en “territorio Ajanta” con una taquilla y el consabido sablazo por ser extranjero.

El de la taquilla me pregunta mi nacionalidad y después de pagarle le digo que si le hubiese dicho que era de Sri Lanka se lo hubiese creído. No sé si entendió mi reflexión, dado que los de ese país pagan como los indios.

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