
Una observación viajera: el que está sentado delante de Marisa se ha pasado el viaje leyendo un opúsculo en un alfabeto que me ha parecido tailandés, aunque también podría ser camboyano, que no los distingo. Y lo que leía era muy profundo o no debía tener muchos conocimientos del idioma porque empleaba mucho tiempo en cada página.
Este magnífico tren, el 20706, tarda 6 horas en recorrer los 374 km que separan Bombay de Aurangabad y con muy pocas paradas, aunque para la India es casi “gran velocidad” suele ir a ciento y pico kilómetros por hora como indica un letrero, pero con paradas entre estaciones y con paso lento por las estaciones donde no tiene parada.
Y una patochada de la web de “Indian Railways”: dice que estos 374 km los recorre en 37 horas y 40 minutos, lo que además de un gran disparate es un claro error de cálculo del programa que lo ha hecho: los 374 km los transforma en 37 y 40. Y nadie corrige tamaño error.
Sigo observando al extraño viajero y deduzco que debe ser tailandés, aunque parece indio pues ha dejado el librito y se ha sumergido en el teléfono y allí estaba todo en tailandés o algo semejante.
Un detalle: además de lo que te sirven “de gratis” también pasa un carrito con bebidas y sopa instantánea. Un café con leche 15 rupias. Cuando un viajero de este ferrocarril vaya a Europa se caerá de culo.
Te recuerdo el cambio: de 88 a 90 rupias por euro.
El paisaje ha pasado de los bosques cercanos a Bombay a campos llanos cultivados con árboles diseminados, creo que es la altiplanicie del Deccan.
Se hace de noche y llegamos a Aurangabad, nuestro destino antes de lo previsto y dada la falta de puntualidad de la red ferroviaria India ese dato es algo fuera de serie.
Llegar a una estación de noche, aunque sean solo las 7 de la tarde, no es la mejor manera de hacerlo y si es en la India y en una gran ciudad como esta, todavía peor.
Según Google nuestro hotel está a solo 7 minutos andando y hay un enjambre de rickshaws y de gente ofreciendo hoteles y transporte que ya había olvidado.
Así que queremos ir andando, pero a uno muy insistente le he explicado que no necesitábamos transporte puesto que íbamos a ese hotel y que estaba muy cerca: “Le llevo por 20 rupias”. Y además en coche y es que no era el suyo, que solo era el gancho. Claro que lo que quieren es tomar contacto contigo para ofrecerte excursiones a Ajanta y Ellora que es a lo que hemos venido. De todas maneras cuando llegamos al hotel le pago lo que nos pedían los demás, para no tener el compromiso de contratarlo de nuevo.
Este hotel es de la organización de turismo del estado, Maharashtra Tourism Development Corporation, MTDC.
Hemos estado en alojamientos de otras organizaciones turísticas oficiales y tienen una característica en común y es que son austeros y con habitaciones grandes, pero esta se lleva la palma: 57,6 m².
Y además, por lo menos este edificio, es muy nuevo.
Para compensar parece que hayan aprovechado alguna puerta de un desguace y la de la habitación se sigue cerrando como cuando vinimos a la India el primer año: un pasador y un candado. Entonces se recomendaba que te llevases tu propio candado y eso hicimos durante muchos años para evitar que un huésped anterior hubiese sacado una copia de la llave y entrase en tu ausencia.
También se llevaba un candado y una cadena para atar el equipaje a unos soportes metálicos que había (y que hay todavía) debajo de las literas de los trenes cuando hacías un recorrido nocturno y podrían robarte el equipaje mientras dormías. Parece que los cacos estaban especialmente interesados en hacerlo a los indios que iban a bodas y otras festividades pues acostumbraban a llevar joyas en el equipaje.
Es por esto que en las entradas de las estaciones había, y no sé si lo sigue habiendo, vendedores de cadenas y candados.
Los míos tenían tanto éxito entre los compañeros de viaje que siempre me los querían comprar.
Este viaje he cargado con cadena y candado, pero no los hemos tenido que utilizar pues cuando, hemos viajado en litera era de día.
Marisa había leído críticas muy desfavorables de este hotel, pero hasta ahora todo ha ido muy bien, excepto la cobertura del wifi, que lo hemos resuelto con una red a través del teléfono.
Y otra característica es que hasta ahora todos los empleados son empleadas.
Vamos a dar una vuelta y nada más salir un joven llamado Prince (le digo que debe ser su nombre artístico o comercial, pero me insiste que no, que se llama así) me hace otra oferta para ir mañana a Ellora y pasado a Ajanta y he aceptado.
Damos un paseo por aquella carretera hasta la entrada de la estación y es un entorno muy especial pues todos son hoteles y restaurantes y con muchas luces, vaya de los establecimientos, ninguna pública y para cruzar la carretera, sin ningún obstáculo para los coches como un semáforo, te lo tienes que pensar dos veces.
Mañana, de día, creo que tendremos otra visión de este lugar que hoy ha sido el típico de los alrededores de una gran estación: nada amigable.
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