40. India 2024. 18 de noviembre de 2024, lunes. Vigesimoprimer día de viaje. De Udaipur a Bombay.

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Se hace de día y llevamos un retraso de tres horas. Habíamos salido de Udaipur a las 5 de la tarde y teníamos que llegar a Santa Cruz, nuestra parada más próxima a Bombay, a las 8 de la mañana, pero nos dicen que lo haremos a las 11.

El paisaje ha cambiado totalmente, ya no hay extensiones de campos cultivados o yermos, sino bosques llenos de árboles que te impiden ver si hay o no cultivos por allí.

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Paramos para desayunar a las 7 y media, yo solo un té y Marisa nada, y aprovechamos para ir al lavabo: uno de los más asquerosos que he visto en mi vida y no solo por el retrete y su falta de higiene, sino por los “vómitos” de betel; un espíritu más sensible (o desconocedor de la idiosincrasia india) podría pensar que la pared estaba cubierta de sangre o de heces.

¡Mira que hay que ser marrano para echarlo allí, en la pared y no en el suelo!

Parece que Marisa ha tenido más suerte. Siempre las señoras son más limpias y consideradas que los caballeros. Además, que no es tan habitual que ellas masquen betel.

Pero ninguno hemos tenido suerte con la “toilette” del autobús, que no se correspondía en nada con las fotografías de la web: un asco.

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En la parada del desayuno, algunos, no muchos, han comido algo, pero nosotros no nos atrevemos por el picante, pero casi todos toman un té. Hace años los servían en unos vasitos de barro, pero ahora lo hacen en unos de papel plastificado, o algo parecido. Pues bien, a pesar de que hay una papelera en medio de donde todo el mundo lo toma, nadie tira el vasito en la papelera, todos al suelo.

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¿Se salvará alguna vez este país?

Por fin llegamos a Bombay, cerca de las 12, o sea casi 19 horas de autobús.

Bueno, no era Bombay, Bombay, pues este recorrido tiene varias paradas y se va acercando a la ciudad y luego tuerce alejándose del centro, así que nos bajamos en Santa Cruz, un barrio de esta gran ciudad, que pertenece a la “Municipal Corporation of Greater Mumbai”.

Así que solo hay que coger un taxi para ir al hotel que está en el centro.

Parecía que debía ser fácil.

Error.

Estamos en una carretera muy transitada y los taxis que pasan por allí ya van con clientes. Preguntando damos con una parada de taxis, pero ninguno nos quiere llevar al centro de la ciudad, ni idea de la razón de ese rechazo.

Al fin un avispado conductor de rickshaw nos dice que nos llevara a Bandra, sitio que me suena porque hay una estación de ferrocarril importante, y que allí podremos coger un taxi.

Llegamos allí y el mismo conductor gestiona con varios taxistas, pues tampoco quieren llevarnos, hasta que da con uno que acepta, lo que no sabíamos es que era el taxista más torpe de Bombay: un abuelito musulmán con un teléfono móvil, pero de los “tontos”, y que a pesar de que nos dijo que sí sabía dónde estaba nuestro hotel, no tenía ni idea, así que una vez que llegamos al centro de la ciudad estuvimos una media hora dando vueltas y preguntando a otros taxistas, unas veces él y otras yo, por donde se iba.

Al final vi en nuestro teléfono que estábamos muy cerca, le hice parar y nos fuimos andando: llegamos a las 2 de la tarde.

O sea que el jodido viaje desde Udaipur no podía haber tenido un colofón peor.

Lo del taxista fue un martirio pues yo veía en nuestro teléfono lo cerca que estábamos a veces y cuando le pedía que lo viera en la pantallita no quería hacerlo, claramente no había utilizado nunca una aplicación de mapas.

Afortunadamente el hotel era una maravilla y con una recepción de esas que te empiezan a ofrecer cosas mientras te registras, hasta te diría que un poco excesivo.

Tiene un edificio nuevo y nos dicen que nos dan una categoría superior a la contratada por el mismo precio en ese edificio. No sé si será realmente un “regalo” o una justificación para colocarte allí, pero realmente está todo impecable, muy limpio y muy nuevo, hasta con un dosel en la cama, lo que además de ser una tontada, excepto en los casos en que tienes que dormir con mosquitera, aquí ese elemento decorativo impide tener ventilador en el techo y nosotros lo preferimos  al aire acondicionado, vaya que hasta ahora no lo hemos puesto en marcha en ningún alojamiento, pero aquí aunque sea a ratitos, y nunca por la noche, lo tendremos que utilizar, que estamos en Bombay.

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Así que llegamos sucios, cansados y doloridos, pero con una ducha y cambio de ropa todo vuelve a sonreír, así que comemos en el hotel y tras un breve descanso nos vemos con nuestra amiga Smriti, que este es el principal motivo de visitar esta ciudad: volver a encontrarnos con ella; la conocimos hace muchos años en Delhi y la hemos vuelto a ver en otras ocasiones, pero ahora hacía mucho tiempo que no la veíamos.

Gran alegría y grandes abrazos.

Acabamos el día charlando con ella en su casa.

Observaciones bombayanas. (Ni idea del gentilicio).

(“A los habitantes de Bombay se les designa en la India con la apelación de mumbaikar. En español, no existe un gentilicio habitual de este nombre, ni tampoco de Bombay”.)

Ya no quedan los queridos “Ambassador”, ni como taxis, ni como coches oficiales.

Pushkar. Coche del gobernador civil o similar.

Este no es de ahora, ni de aquí, que era de Pushkar en 2005.

Pensamientos de la larga noche.

2024. India.

En el viaje en el “coche cama” pensé en dos amigos que tienen problemas de espalda y que seguramente un viaje en avión de muchas horas sería doloroso, pues bien, sí podrían viajar en un bus como este, pero uno de ellos no cabría pues la longitud del “departamento” era de 1,75 metros y sentado tampoco pues la altura debía ser de unos 80 cm. Así que no pueden usarlo cuando vengan a la India, que no sé si lo harán a pesar de mis esfuerzos para que lo hagan.

Les encantaría.

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