
Es lo que tiene dormir en un sitio que es “haveli” y “heritage”: que los pájaros te despiertan en cuanto se despiertan ellos, que no es cuando tú querrías despertarte.
Y más de lo mismo: Marisa sale al precioso jardín para hacer unas fotografías y casi tiene un accidente al tropezar con un magnífico ejemplar de tortuga.
¿Te ha pasado eso alguna vez en un hotel? Seguro que no.
Un desayuno normal pero suficiente, pues este lugar solo tiene seis habitaciones dobles y una sencilla e imagino que con esta situación no pueden tener un bufé (me suena horrible escrita así esta palabra, pero es como la reconoce el DRAE), pero lo mejor de todo es que lo tomas al aire libre con el único ruido de fondo de los pájaros (ahora ya no “malditos pájaros”).
El dueño viene para hacer el papeleo porque la India sigue siendo la India y a pesar de que una parte la pueden hacer por internet, siguen utilizando el gran libro de páginas amarillas como hace 30 años, quizás lo han heredado del RAJ británico. ¡Todo sea por tenernos controlados!
Nos vamos a la cercana estación de autobuses donde la guía y la información en la web dicen que hay un servicio a Pushkar cada 30 minutos.
Error.
Cuando llegamos son las 9 y media y hay un autobús donde no solamente no cabe nadie más, ni en el pasillo, sino que además hay una docena de personas arremolinadas en la puerta intentado subir, así que decidimos esperar al siguiente, pero nos dicen que saldrá a las 12, por lo que nos armamos de valor y decidimos que vamos a comportarnos como buenos indios y así hemos logrado subir e incluso a Marisa le han cedido el asiento y un señor ha hecho levantar a un adolescente para que me sentase yo también. Esto no sé si lo ha hecho por mi condición de mayor (pues no suelen cederme el asiento en el transporte público, pero sí a Marisa) o lo ha hecho por mi condición de extranjero.
Y de esta manera abarrotados como aparecen en los reportajes de la India (pero sin nadie en el techo, que eso sí se ve en la tele) llegamos a Pushkar.
Fácil, ¿no? Pues no, que nada es fácil aquí: el autobús no puede entrar en la ciudad, no sé si por ser sábado, por ser la Almudena o por la feria de los camellos, pero te deja en un punto que según unos está a 1 km del centro y según otros a 5 km, así que compartimos un rickshaw con un excéntrico joven de Georgia (la de “Georgia in my mind”, no la de verdad, la del Cáucaso) que además dice tener orígenes marroquíes, “moros”, dice sonriendo, y llegamos al centro.
Y sea por lo que sea está a rebosar: es una calle larga y estrecha que tiene a un lado el lago de la ciudad con diferentes accesos a los “ghats”, donde se bañan sobre todo las señoras siguiendo los rituales hindúes.
En cada acceso hay un gran letrero con advertencias para los turistas. Los más importantes son:
2- Fotografiar los baños en los ghats está prohibido. (El personal hace fotos con los teléfonos, pero en cuanto levantas una cámara te empiezan a decir que “no fotos, no fotos”).
4-No te des besos, ni te abraces cuando pasees por la ciudad.
7-Debes ir descalzo cuando te aproximes a menos de 30 pies del lago. (Es un verdadero coñazo por los zelotes que te harían ir descalzo en cuanto pisases la ciudad, pues no hay una verdadera marca que indique el límite. He tenido una bronca con uno que quería que nosotros nos descalzásemos cuando había varios indios por allí que iban calzados).
8-En el área de Pushkar están prohibidos los huevos y las comidas no vegetarianas. (No lo dice, pero la leche “no vegetariana”, vaya la leche, leche, está permitida, así hemos tomado un lassi delicioso).
Y el primer encuentro con el lago es una preciosidad: está rodeado de templos y ghats y hoy con una temperatura cercana a los 30ºC muy agradable.
En los restaurantes anuncios de comida india, italiana e israelí. En uno de ellos un gran letrero em hebreo y español con un divertido título: “Comida rica y con fundamento”. Debía ser de un seguidor de Arguiñano.
No solamente pequeños templos rodean el lago, sino que también los hay en la calle central. Así encontramos una estatua con un señor muy gracioso tocando la guitarra. Igual es un dios, pero no lo creo, aunque como está en hindi ni idea de quién debe ser.
En ese templo un artilugio muy ingenioso que ya he visto en otros lugares semejantes que toca el tambor y un par de campanas con un motorcito eléctrico, así se ahorran un par de músicos.








