
Dejamos el palacio de Jaipur y nos vamos al cercano templo de Govind, pero cuando llegamos lo han cerrado. Pienso que es extraño lo de cerrar al mediodía un templo tan importante, pero cuando escribo esto me percato de que en mi pueblo también hacen lo mismo con la iglesia.
A pesar de eso, en el gran patio que hay en el recinto un grupo de una veintena de señoras están dando vueltas a un árbol y cantando o gritando. O quizás rezando a gritos.
Y también en el hall delante de la puerta del templo una docena de señoras están sentadas esperando la apertura o rezando.
¿Por qué en las religiones son siempre las mujeres las que las soportan (y en muchos casos las padecen), pero los que mandan son siempre hombres?
Regresamos al hotel para comer pues tiene el único restaurante del que sabemos seguro que hay un par de platos sin picante.
En el bonito jardín donde esperamos la hora del tren hay un elegante occidental con los pies encima de una mesa. He aprovechado para fotografiarlo sin que se viese su cara, pero sí su actitud indecorosa.
Me hubiese gustado tener la siguiente conversación con él:
-“Buenos días, ¿de dónde es usted?
-Soy de XY.
-Pues yo he visitado su país muchas veces y nunca he visto a nadie poniendo los pies encima de una mesa en un hotel”.
Me ha faltado un pelo, pero Marisa se hubiese enfadado. Y es que me joden mucho estos comportamientos cuasi-colonialistas.
“Yo estoy en Frankfurt o Ginebra y allí soy un modelo de conducta y cuando voy a un país que considero subdesarrollado me paso las normas por el forro”.
Tengo una amiga que cuando le explicó a su madre el significado de la expresión de “pasarse algo por el forro”, que utilizaba con frecuencia, casi le da un ataque.
Y a las 3 de la tarde cogemos un rickshaw para ir a la estación pues Google dice que se tarda 6 minutos.
Error.
Y gracias a que era un rickshaw y se meten por todos los sitios porque con un coche no habríamos llegado a tiempo, así que llegamos solo con menos de 10 minutos antes de la salida del tren y encima debido al embotellamiento nos dejó antes de llegar al edificio principal de la estación.
¿Has estado en la estación de ferrocarril de Jaipur? Pues el andén debe tener más de 100 metros y encima el primer empleado al que preguntamos nos ha enviado a otro anden. Total que hemos llegado con solo 2 minutos de tiempo y corriendo.
Este tren hace el trayecto de Jaipur a Udaipur y creo que es el mejor tren que debe haber ahora en la India. ¡Lástima que el recorrido durase solo una hora y 35 minutos!
Tenía unos asientos muy cómodos y espaciosos y nos han dado una bandeja que debía ser una merienda. Una maravilla.
El servicio del tren ha sido el típico del país: había 4 camareros en nuestro vagón para entregar las bandejas y a pesar de llevar un carrito como los de los aviones, solo ponían 4 bandejas cada vez.
¡Imposible modernizar el país!
En Ajmer, nuestra estación de destino te vuelves a encontrar la India de hace 30 años. O quizás de 300.
Con otro rickshaw al hotel que en este caso es de los que le gustan a Marisa. A mí no tanto.
Un “haveli” con mucho encanto y con una cama enorme. Yo prefiero menos encanto y más funcionalidad.
Para darnos un paseo vamos a la cercana estación de autobuses, ya de noche, y aquello parece de nuevo la India que casi habíamos olvidado. Veremos mañana, ya de día, dado que queremos coger un autobús para ir a Pushkar.
NB
¿Qué es un “haveli”?
Wikipedia lo define como «una residencia urbana o mansiòn tradicional en India, Pakistán, Nepal y Bangladés, normalmente con cierta importancia histórica y arquitectónica».
La versión inglesa le añade una palabra más que creo que es definitiva, por lo menos en el caso de hoy: “manor house”, o sea “casa solariega” donde vivía el señor feudal o por lo menos el gran terrateniente.
Y estas residencias con un gran patio central han sido transformadas ahora en algunos casos en “hoteles con encanto”.
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