
Hoy va a ser un día sin pena, ni gloria. O eso espero, porque en el autobús que nos lleva de Córdoba a Buenos Aires hemos hablado con la “compañera de fila” y nos ha dicho que no se nos ocurriera ir andando de la Terminal de Retiro, que es adonde vamos a llegar.
De todas las maneras ya le he dicho que es el sitio donde más veces hemos ido andando en Buenos Aires por los viajes que tuvimos que hacer el primer día de estancia allí y porque siempre fuimos andando desde nuestro alojamiento para coger el autobús a Puerto Madryn.
Ya empiezan a joderme con tanto miedo, pues a pesar de estar a solo 10 minutos andando al nuevo alojamiento de Buenos Aires, Marisa ya ha empezado a pensar en que cojamos un taxi.
Hoy de nuevo gran madrugón, pues aunque estamos a menos de 10 minutos de la “Terminal de Ómnibus” (no digas “Estación de autobuses”, porque aunque te entiendan tardan en hacerlo) y es cuesta abajo y que ayer nos dejamos casi todo listo, no podemos perder el autobús y encima como hacemos el viaje de día y no logramos saber si pararán a comer o no, tenemos que comprar la comida antes de salir, por si las moscas.
Y encima cuando salimos del apartamento es de noche con lo que es más fácil perderte y no hay nadie por la calle, pues además es sábado.
Llegamos a la terminal, y ya hay mucho movimiento.
Compramos comida y desayuno y pregunto en la “boletería” de donde sale nuestro autobús y el empleado me pone un sello que dice “Urquiza Sierras del Norte”.
El bus sale a las 8 y se hace esa hora, pero no hay ninguno de nuestra compañía “Urquiza” y menos mal que soy un preguntón, porque si no nos quedamos allí, dado que hay confusión con las compañías y los nombres: nuestro autobús es de la compañía “Sierras de Córdoba”.
Antes de irnos les mando un mensaje de voz a los propietarios del apartamento de Córdoba dándoles las gracias, pues ha sido una maravilla y al poco me responde llamándonos “pareja divina”.
¡Pareja divina! En la vida nos habían llamado así, que estoy dispuesto a volver aquí solo para alojarme de nuevo en el mismo sitio.
Mira que he recorrido hoteles, hotelitos, hotelazos (pocos, pero alguno), incluso una vez en un palacio en Rajastán con mis hijos, donde éramos los únicos clientes junto al señor feudal propietario, pues bien, nunca nos habían llamado así. Que me suena a alguna de las parejas del panteón hindú, aunque algunas eran un poco cabronas como la de Parvati y Shiva que le cortó la cabeza a su propio hijo, Ganesh, y después le puso una de elefante.
A las 11 paramos para que los chóferes desayunen durante 15 minutos y nosotros nos podamos tomar un café y un par de empanadas.
Nuestra compañera de fila de viaje está leyendo un libro de una autora española para mi desconocida, Vanessa Monfort, “Mujeres que compran flores”, que tiene una frase elogiosa en la portada de Rosa Montero.
Tiene pasaporte español porque su abuela era española y ha estado en Madrid, Barcelona, Ibiza y Valencia. Madrid le gustó mucho, pero Barcelona le pareció demasiado agobiante: paseó por las Ramblas y solo faltaría que ese día cayesen por allí media docena de cruceros.
En una de las terminales de bus que paramos hay un extraño letrero de “Bromatología” situado entre el “Restaurante” y “Baños”.
Paramos también en Rosario, población que el personal relaciona con la inseguridad ciudadana, pero solo lo hacemos para recoger viajeros.
Y de nuevo el mate como signo de identidad nacional: no paran de beberlo durante todo el viaje. O por lo menos lo tienen entre las manos. Quizás sea como el rosario de los budistas.
Así que entre las 8 de la mañana y las 7 de la tarde solo hemos hecho una parada de 15 minutos.
Afortunadamente viajamos en “cama”, así que, entre lecturas, escrituras y alguna cabezada, transcurre este apacible sábado.
El recorrido hoy ha sido en general por zonas cultivadas y más pobladas que en el resto de los viajes, Y, claro, ha sido todo el viaje de día y lo he podido ver.
Y como en todos hemos llegado con una hora de retraso. Debe ser un estándar argentino.
Vamos de la terminal al alojamiento andando a pesar del miedo que nos ha metido (o al menos lo ha intentado) la compañera de viaje.
En el nuevo apartamento nos esperaba la pareja propietaria, un encanto los dos, Graziella y Alberto, y con un pisito muy bien situado y con todo tipo de suministros. Incluso nos habían dejado unos sobres de infusiones y un alfajor para cada uno.
A dormir temprano que mañana nos espera Buenos Aires.
PS
He tenido que buscar una foto para empezar este artículo y que tuviese que ver con su comienzo de “sin pena, ni gloria” y he encontrado esta del número pi, claro que en este caso corresponde a una botella de vino que nunca beberé y que fue un regalo, pero del que he olvidado el “regalador”.
He buscado alguna foto para el tema de “pareja divina” y solo he encontrado “parejas de animales”, lo que pasaba es que las mejores eran de parejas copulando o en situaciones para llegar a ello, vaya, lo que se denomina con un eufemismo poético «parada nupcial», y no me gustaba la opción, así que, aunque no tan interesantes, he encontrado esta pareja de estorninos de Bali (Leucopsar rothschildi) del que dice Wikipedia que en 2005 solo quedaban 50 parejas en estado libre. La “nuestra” la fotografió Marisa en un aviario en Hong Kong.
Me ha dado tanta pena lo del estornino, que esté en el escalón anterior a su extinción, que he buscado otra especie que no se “extinguiese” y he encontrado esta del “Grand Central Terminal” de Nueva York, aunque nosotros nunca hayamos sido una pareja «tan divina».
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