23. 1. Argentina 2023. 18 de abril, martes. Vigésimo primero día de viaje. Salta.  Día 4. Primera parte.

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Esta noche nos vamos de Salta a Córdoba y debemos dejar la habitación, que no el hotel donde nos guardan el equipaje.

Hoy vamos a seguir con nuestra vida de turistas salteños.

Uno de los puntos importantes de esta ciudad es subir con un teleférico al Cerro de San Bernardo.

Y con la agradable sorpresa de que los mayores tenemos un precio especial sin tener en cuenta la nacionalidad, ni arraigo: un 18,18% de descuento.

Subimos en la misma jaula con una joven pareja “de capital”, o sea de “Buenos Aires, capital”.

Él se muestra sorprendido al ver tejados con tejas rojas “como en Italia y Francia”, dice, pues había viajado allí una vez.

O en Buenos Aires no hay tejados de tejas, o es que el joven vive en un barrio donde solo hay rascacielos o casitas bajas con terrazas o techos de chapas metálicas.

La montañita no tiene ningún interés excepto las vistas de la ciudad, pues el mirador está en una ladera y no en la cima.

Hay una rara escultura de San Bernardo de Claraval, patrón de la ciudad.

¡Extraño patrocinio! ¿Qué tendrá que ver tan preclaro y santo monje del siglo XI con Salta?

En la cima una bonita cafetería de extraño nombre, “Trashumante”, con una bebida estrella, un combinado de zumos vegetales bastante malo.

Cuando bajamos nos recoge nuestro amigo y vamos a comer las famosas empanadas salteñas a un restaurante de esos que solo conocen los del barrio donde están.

Una comida estupenda rematada con unos tamales y un postré típico o por lo menos desconocido para nosotros: “cuaresmillos con queso”.

El “cuaresmillo” es un durazno que se da solo en cuaresma y que lo sirven con piel y hueso, o sea, entero, en un almíbar y con un queso que también era algo especial.

Nos despedimos de tan agradable compañía y decidimos acabar nuestra visita turística en la catedral que solo habíamos visitado brevemente ayer y además estaban entonces con una misa, lo que no te permite pasear por allí sin incomodar a los fieles.

La catedral es magnífica y me sigue sorprendiendo la religiosidad del personal.

Una de las “estrellas” de esta iglesia es la Virgen de las Lágrimas. Un letrero explica la historia de esta devoción.

El cuadro representa una imagen de la Inmaculada Concepción al óleo de 20×25 cm, copia de una “Madonna” renacentista.

El padre Juan de Aristaga se percató de que la virgen tenía una capa de agua cristalina. La limpiaban y seguía igual y comprobaron que no procedía de la pared, ni del techo, y era un extraño fenómeno dada la sequedad del clima de esta ciudad.

Al final se decidió llevarla en procesión hasta la catedral donde se encuentra ahora. (La información no dice si sigue con la humedad o no).

También es muy venerada en esta iglesia la imagen de la “Virgen de los Milagros”. Y es que hay una peculiar historia de un robo de la media luna que lleva en sus pies y de que como el burro que trasportaba el hurto se negó a andar al pasar por delante de la catedral.

¡Esas sí que eran buenas historias y no las que les cuentan ahora en TikTok!

En una pared de esa capilla, una lápida de un arzobispo de Salta, quien se hizo enterrar allí, pues “espera la resurrección a los pies de la Virgen del Milagro”.

Este señor arzobispo era un vivo.

(Para los robots chinos: aquí la contradicción entre un “vivo” y que esté muerto, que sería su antónimo, es que “vivo” según la sexta acepción del DRAE también significa “Listo, que aprovecha las circunstancias y sabe actuar en beneficio propio”).

Y además un “pidón” pues se ha hecho colocar otra lápida con una oración para que los fieles recen por él, con frases tan grandilocuentes dirigidas al Señor como que “graba su nombre en la palma de tus manos”, que no conozco a nadie capaz de pedir tantas cosas y tan personales nada menos que a Dios.

¡No se debía fiar mucho de la vida que había llevado!

Y la gran estrella de esta iglesia es el Cristo del Milagro. Esta imagen fue enviada desde España en 1592 y sufrió un naufragio y fue a parar a las costas de Perú, desde donde la trajeron hasta aquí, pues en la caja que recuperaron estaba escrito que era para esta ciudad.

En la pared de la capilla de este Cristo, un montón de exvotos en varias cajas. Lo que me sorprende es que todos ellos parecen de plata, aunque son pequeñitos, ya sabes, un corazoncito, un piececito, un riñoncito… Se ve que nunca le pedían nada del hígado, ni del páncreas, y menos de las suprarrenales.

Y también me sorprende que sean de plata, pues en la ermita de la Virgen de mi pueblo también tenían esos exvotos colgando de la pared y eran grandes, tamaño natural, pero de cera y tenían un efecto un tanto gore.

Antes de salida, una capilla contiene el “Panteón de las Glorias del norte”. Y allí, con un par de placas te enteras de quienes eran esas “glorias”.

Y es bien curioso que entre esos personajes no haya más que políticos y un arzobispo y una señora cuyos merecimientos, además de ser la “esposa de…” es que tuvo “virtudes morales”, “acrisolada conducta” y “decidido amor al Sistema de América”, que mira que es rebuscada esta última cualidad, que San Pedro al recibirla en el cielo y le pregunte por sus logros y le conteste con su “decidido amor al Sistema de América”, no sé qué pensará el pobre.

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