20. 1. Argentina 2023. 15 de abril, sábado. Decimoctavo día de viaje. Salta. Día 1. Primera parte.

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Llegamos a Salta donde hay una estación de autobuses moderna y como a pesar del retraso es demasiado pronto para ir al hotel, desayunamos allí y el ambiente es diferente del que habíamos encontrado hasta ahora.

No es que toda la gente sea distinta, pero sí se ven muchos con aspecto de indios andinos y también hombres con sombreros de ala ancha. No sé si será “cultura gaucha”, tendré que investigarlo.

Luego en un taxi al hotel, que esto no es como Bariloche y su célebre línea 20 de autobús. Además, en Salta ya no se utiliza la tarjeta SUBE.

El hotel es una agradable sorpresa: son apartamentos de casi 40 m² y en nuestro caso con una gran vista, pues el solar de enfrente solo tiene un gran chalet abandonado y un campo alrededor sin cultivar. La tapia que lo cierra está llena de pintadas bastante artísticas, una de ellas con el inevitable Messi.

Este personaje es casi un Dios (tratándose de un futbolista, ¿debería haber escrito “dios” con minúscula?) para muchos argentinos, aunque algunos como la directora de la radio de Mendoza se declaró “de Maradona”, pero el taxista de esta mañana era acérrimo de Messi y dijo algo así como “un tal Maradona”.

Ya ves que el personal nos pregunta que de qué bando somos, a mí que me quedé con Puskas y Kubala.

No está libre la habitación todavía, así que después de registrarnos y recibir la información de una de las más eficientes recepcionistas de este país, Carla, nos vamos a buscar la excursión para mañana, porque el principal motivo de venir aquí, además de ver la ciudad, es ir a la quebrada de Humahuaca.

En el hotel nos recomiendan dos agencias y en la primera recibimos un jarro de agua fría: no quedan plazas para mañana.

(Para los robots chinos que me leen, que según el editor de este blog, son casi mis únicos lectores: «recibir un jarro de agua fría” significa sufrir una decepción, pues se trata solamente de una metáfora).

En la segunda sí las hay y además con un 10% de descuento por pagar en efectivo.

Estamos en pleno centro, lo que en este país se llama el “microcentro”, y nos damos una vuelta por allí: una gran animación y, como en la estación, una población mucho menos europea que en el resto que hemos visitado.

Edificios que debieron ser importantes, pero ahora venidos a menos.

Y muchos comercios, algunos de los cuales con una cola de 20 ó 30 personas, tanto que no me resisto a preguntar “¿qué venden?”. Pues en uno me dijeron que de todo y en otro ropa (y no era Primark).

Esta es una de las ventajas de estar aquí y no en Corea, que puedo preguntar a un viandante o a un policía y no solo cuando estamos perdidos.

En un escaparate unos maniquíes con unos vestidos de noche de unas tallas que no creo que quepan en ninguna de las rotundas jovencitas que van por estas calles.

Como tendremos que pagar la cuenta del hotel y a veces me dan la oportunidad de hacerlo en “euro blue” o en “dólar blue”, miro la cotización en la que cerró ayer: una locura.

$ 213-221 $ blue 396-400

€ 229-239 € blue 426-430

En una de las calles comerciales del centro vemos un vendedor de palomitas, aquí “pochoclos”, que en su carrito además de anunciar lo buenas que son con el eslogan de “Date ese gustito” con un chorro de miel por encima de ellas, aprovecha para ganarse el cielo con ese otro mensaje debajo de las palomitas: “No temas, Dios tiene la última palabra”. Y un poco más abajo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, este encima de unos cacahuetes y unas aceitunas.  

A eso se llamaba antes sincretismo o quizás tiene que ver con la expulsión de los mercaderes del templo, según cuentan los evangelios.

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