15. 3.  Argentina 2023. 10 de abril, Lunes de Pascua. Decimotercero día de viaje. De Bariloche a Mendoza. Tercera parte.

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Salimos de la catedral y cuando regresamos a la calle principal parece que hubiese pasado por allí una secta de iconoclastas, facción “huevos de pascua”. Desolador.

Queremos acabar nuestra estancia aquí en una chocolatería y entramos en una de las más famosas: Mamuschka.

La joven que nos atiende tiene una hermana trabajando como médico oncólogo en Barcelona y ha intentado regresar a Argentina, pero su sueldo sería como el suyo, una dependienta de una tienda. Y un razonamiento que no he acabado de entender, pero en el que no me he podido extender, pues tardaban tanto que hemos renunciado al pedido: “en España se está muy bien y aquí tienes que elegir entre comer o vestir”.

Devolvemos la llave a la encantadora Virginia y con el 20, el famoso 20, nos vamos a la estación de autobuses; parece mentira que una ciudad como esta tenga unas instalaciones tan cutres. Marisa me dice que tiene los peores servicios de todo el viaje y hoy, además, a rebosar de viajeros.

Esta vez volvemos a viajar en un autobús de Andesmar, la misma compañía del viaje desde Buenos Aires a Puerto Madryn, pero no había plazas de “cama”, así que vamos al piso superior y además en la izquierda de la primera fila. El que nos vendió los billetes nos dijo que eran los más confortables porque había más espacio para las piernas. Realmente no son como los “cama” de la planta baja, pero están bien, lo que nos ha pasado es que pensábamos que tendríamos unas bonitas vistas y este bus tiene la parte frontal cubierta de publicidad que parece opaca desde el exterior, aunque no desde el interior, pero tiene una retícula que no impide la visión, pero tampoco se ve perfectamente.

¡Qué vamos a hacer!

Además, cada vez que me levanto me pego un cabezazo con un pequeño monitor que tengo encima.

Mi asiento sería el de la izquierda del pasillo.

Este viaje comienza en la Terminal de Ómnibus de Bariloche a la una de la tarde y acaba a las 7 de la mañana en Mendoza, o sea 18 horas si no hay retraso y como no sabemos si habrá paradas o no (me dijeron que no cuando lo pregunté al comprar los billetes en Buenos Aires) debemos llevar comida y cena además de la consiguiente bebida y ya sabes que sin comer se puede pasar perfectamente, pero sin agua… pues puedes pasar, pero sediento y jodido. Así que llevamos 2 litros y medio de agua. Y por supuesto bocadillos y un par de dulces. Por la gula, sobre todo.

La carretera es de un solo carril las primeras 5 horas de viaje y luego se transforma en una autovía de doble carril en cada sentido.

A las 4 horas hemos parado para café y pipí en un pueblo muy pequeño, tipo de las pelis del oeste, Piedra del Águila, con unos servicios impecables y con una pintada favorable, lo que es una rareza en estos lugares.

Todo el recorrido hasta una hora antes de Neuquén es una gran estepa toda cercada, lo que indica que tiene dueño y que debe tener ganado suelto, pero no se ve ni una cabeza de él.

También hemos ido ganando temperatura: de los 9 °C de Bariloche a los 15 °C.

Última parada “larga” (para pipí nada más) en Neuquén a las 7 y cuarto de la tarde.  Pregunto y me dicen que hasta el final ya no habrá más paradas y además aquí se han bajado bastantes viajeros y afortunadamente se han quedado libres un par de asientos cercanos y así podremos estar más anchos y también poder escribir mejor, pues a veces con el estado de estas carreteras me temo que no podré descifrar mi caligrafía cuando lo pase al ordenador como hago ahora.

Cuando llega la noche cenamos los bocadillos que habíamos comprado en Bariloche y a las 9 y pico a dormir.

Después de las experiencias de los viajes anteriores en “cama” este asiento es bastante más incómodo. Se puede dormir (vaya, yo puedo hacerlo), pero no es lo mismo. Y eso que he aprovechado los dos asientos libres y así tener más espacio. Además, tenemos una pequeña pantalla de televisión encima de nuestras cabezas funcionando y molesta bastante.  Al final me decido por un truco que utilizaba para dormir la siesta cuando iba por la sierra de Madrid: ponerme papeles entre los ojos y las gafas. Marisa me dice por la mañana que en una parada (de la que yo ni me he enterado) le ha pedido al chófer que apagase la tele y eso ha hecho.

En definitiva, una noche tranquila, sin nada notable. Mejor.

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