
21.000 pasos
Noche en el autobús.
Había olvidado quitar la alarma del reloj y me ha despertado a las 7 de la mañana en el mejor de mis sueños; todavía es de noche (estamos en el oeste del país), pero poco a poco va llegando el amanecer.
Marisa me ve despierto (la pobre parece que ha dormido regular) y me dice que llevamos retraso y que llegaremos a Mendoza a las 8 en lugar de a las 7. Nada, en total 19 horas de autobús.
Mendoza tiene unos 115 mil habitantes, pero la llamada “Gran Mendoza” pasa del millón y así se nota que estamos entrando en una gran ciudad, pues la circulación se va haciendo cada vez más densa.
Una sorpresa: pasamos por delante de un Makro, nuestro centro preferido de compra de alimentos.
Llegamos a la estación de autobuses y al recoger el equipaje el que los saca de la bodega del autobús nos reclama una propina: debe ser habitual, pero me sorprende.
Pequeño y barato desayuno en la “Terminal de Ómnibus” de Mendoza y compra del siguiente billete para ir desde aquí a Salta y en esta ocasión en “cama”.
Me sorprende que sea más barato que el precio que aparece en la web (y que por el famoso cambio del “euro blue” no puedo utilizar) y la empleada me dice que en la “boletería” es así. O sea, al revés de lo que es habitual.
Salimos al exterior y cogemos un taxi: el primero en Argentina, pues el del primer día era una contratación a través de Booking.
La charla con el taxista ha sido muy interesante: ante mi interés de cómo se podía solucionar el problema de Argentina me ha llegado a proponer que lo que había que hacer era matar a todos los políticos. Le digo que si “como en la revolución francesa: todos a la guillotina”. Me contesta: “Pues sí”.
Me explica que un sueldo de 800.000 pesos es de un jefe: ¡1900 € al cambio de hoy en el mercado “blue”!
Que 400.000 sería de un trabajo muy bueno: ¡no llega a los 1000 €!, pero que entonces pagas un 35% de impuestos.
Y que un salario medio sería de 200.000 pesos: ¡unos 500 €!
Por supuesto que no me he atrevido a decirle cuál era mi pensión, que me mandaba también a mí a la guillotina.
Así que con la “carrera” hemos tenido una clase de economía de este país.
El hotel es de los que se clasifican como “boutique”.
El recepcionista, Joaquín, un joven larguirucho de origen esloveno-libanés y maronita (aquí todo el mundo tiene un “origen” que está fuera de Argentina) nos recibe y es amable, pero algo altanero.
La habitación debe ser de las que aquí entienden como “boutique”: mucho adorno y muebles viejos, tirando a viejísimos. Así, el hotel está lleno de objetos decorativos curiosos.

He acabado descubriendo que prefiero los hoteles más prácticos y menos “boutique”.
Lo bueno es que a pesar de la temprana hora nos dejan la habitación, así que con el consiguiente aseo (llevamos más de 20 horas desde el otro hotel) y cambio de ropa nos vamos a realizar las gestiones del buen turista: buscar una o dos excursiones y el cambio de euros, pues la compra de billetes para el nuevo destino ya la hemos hecho.
Etiquetas: Argentina, Booking, Euro blue, Mendoza, Salta, Terminal de Ómnibus


06/03/2024 a las 15:48
El mueble con el espejo de la habitación, en mi casa se le llamaba vestidora. Aunque al mío yo le daría el nombre de antigüedad, no de mueble viejo.
06/03/2024 a las 21:21
Querida “La Propia”: es verdad, tengo que pulir mi lenguaje.
Gracias por la advertencia.