
La marea está bajando y nosotros también bajamos a la playa a la búsqueda de los flamencos y al final los encontramos. Están en el límite del agua, pero no es fácil el acceso porque el suelo todavía está muy mojado.
Y conforme nos vamos acercando ellos se van alejando. Así que hemos visto y fotografiado flamencos (solo media docena), pero sin ninguna toma especial, pues además no llevamos el gran tele que necesitaríamos para estas circunstancias y que hemos descartado por su volumen y peso.

Y ya estando al final de la “costanera” nos acercamos hasta el monumento al indio Tehuelche.
Yo creía que ese “indio Tehuelche” era un nombre propio, como el Cochise o el Toro Sentado de mi infancia, pero cuando busco la información me encuentro que ese es el nombre genérico de un grupo, así Wikipedia me dice que “El nombre complejo tehuelche ha sido usado por investigadores en sentido amplio para agrupar a un conjunto de pueblos amerindios de la Patagonia y la región pampeana”. Porque lo que realmente hay aquí es un monumento a los galeses.
Un letrero te advierte de que estás en el “Parque Histórico Punta Cuevas” y de que en este lugar se instalaron los colonos galeses que desembarcaron en 1865.
Y es que a esta gente les encanta la “gesta galesa” como se encarga de realzar una placa metálica conmemorativa. Incluso hay otra, de granito, donde se reconoce “a aquellos visionarios que entre 1865 y 1867 unieron dos culturas, la aborigen y la galesa a través de los monumentos que las recuerdan en la ciudad”. Pero es que es de 2004.
Es cojonudo: vienen aquí un grupo de galeses, no dejan más que un pueblecito, Gaiman, y venga loores y parabienes y en toda Hispanoamérica cagándose en los españoles porque en el siglo XVI llegaron aquí. Y eso, aunque te apellides López, que dice que tenemos que pedir perdón.
Como le oí decir a un historiador: “Oiga, usted es el que tiene que pedir perdón, que fueron sus antepasados los que fueron allí, que los míos no se movieron de mi pueblo”.
Y es que la humanidad se pasaría la vida pidiendo disculpas por lo que hicieron sus antepasados. ¿O es que las barbaridades comenzaron en 1492?
Los que había antes todos unos santos caritativos y no hace falta que veas la terrible Apocalypto de Gibson sobre los bondadosos mayas.
¿Deberían los descendientes de los incas, y los mismos mayas y aztecas, pedir perdón a los grupos étnicos que sojuzgaron y en algunos casos masacraron?
Y los macedonios cuando llegaron al Indo, ¿qué crees que hacían cuando atravesaban aquellas tierras?
Pero si hay que pedir perdón, pues se pide, porque además estamos en Semana Santa y ya con los escolapios cantábamos aquello de “perdona a tu pueblo Señor, perdona a tu pueblo, perdónalo, Señor”.
Por cierto, leí una gesta de los argentinos en la llamada “Conquista del desierto” a final del XIX, en la que un grupo de militares liquidaron a todos los indígenas que encontraron.
Hacia el sur se ven unas grandes playas desde los acantilados donde estamos.
Regresamos hacia el centro y sigue bajando la marea más de 100 metros desde la pleamar. Así ha quedado una playa tan grande que no te lo puedes imaginar. No sé si el personal, en época de baños, vaya en navidad, lo aprovechará, pero no creo porque tendrán que andar una larga distancia hasta el agua desde donde dejen sus pertenencias. Y además el suelo está totalmente cubierto de conchas más o menos rotas. Yo voy mirándolas y Marisa me dice: “un condón, no lo cojas”. Yo solo oigo la segunda parte de la frase, pero creo que es una concha y la cojo: es media valva de navaja y el grito de “¡No te he dicho que no la cogieras!”.
En algunos restaurantes argentinos, por lo menos en Buenos Aires y aquí, tienen el llamado “menú ejecutivo”, en el que por un precio razonable te dan un plato principal con abundante guarnición, un postre y una bebida no alcohólica. Te lo recomiendo.
También tienes cosas más sofisticadas como esta de la fotografía: “cordero patagónico”. Lo sorprendente es que la pieza puesta en el espetón es tan grande que no creo que en España se coma, por lo menos en mi pueblo.
Descanso en el hotel y un último paseo por la costanera donde han montado una especie de feria de comida y aunque todo parece muy apetecible, nos da miedo dado el largo viaje que tenemos por delante.
Acabamos el día en la estación de autobuses donde nos enteramos de que nuestro autobús viene con una hora de retraso.
El señor de la ventanilla que me informa lleva un par de guantes como de asesino mafioso con protuberancias en los nudillos. Le pregunto si es que este lugar es peligroso (tiene cara de seminarista, aunque los menores de 50 años, o quizás 60, no sepan qué es eso) y se ríe: es que va en moto. Lo que no entiendo es para qué los lleva dentro de aquella oficinita.
Al fin llega nuestro autobús y empezamos el segundo largo recorrido de este viaje: dos asientos tipo cama en la última fila, igual que cuando vinimos aquí.
Y como ya es tarde voy a dormir en cuanto me siente, que parece que estoy hecho para vivir viajando.
Etiquetas: Argentina, Buenos Aires, Conquista del desierto, Flamenco, Patagonia, Puerto Madryn, Semana Santa, Wikipedia







18/02/2024 a las 10:48
«que parece que estoy hecho para vivir viajando.»
¿es que te quedaba alguna duda?