
En Punta Tombo el camino acaba en un par de miradores sobre el mar y la vista es increíble.
Hay grupos de pingüinos en la playa cerca del mar y algunos de ellos lanzándose a nadar y entonces aparece un petrel gigante y se arroja sobre uno de esos que se baña alegremente y este lo esquiva sumergiéndose rápidamente. Entonces el gran grupo que está en la playa parece sentirse no muy seguro y empieza a desplazarse hacia la tierra firme.
El guía nos dice que esa ave, el petrel, con una envergadura de 2 metros, es capaz de coger con sus garras a un ejemplar y llevárselo. Claro que te da un poco de pena viendo a los indefensos pingüinos, pero los petreles también tienen que comer.
El petrel lo intenta de nuevo con otro y fracasa de la misma manera. Luego se dedica a dar vuelos rasantes por otro grupo que también está en la playa, pero no acaba ningún ataque como sí hizo con los pingüinos nadadores. Ni idea del porqué de esos vuelos.
(Lo que digo de la relación de petreles y pingüinos, también lo pensarán las anchoas con respecto a estos últimos).
Y aparecen un par de patos de patas amarillas muy graciosos y que se llaman “quetros”, según el guía.
NB
Al llegar a casa me intereso por los “quetros” y descubro que se llama “pato vapor austral», que es el pato más grande del mundo y, asombrado, que no puede volar.
¿Por qué ese nombre de “pato vapor”? Pues, Wikipedia “dixit”, por “la facultad de deslizarse en el agua a gran velocidad”, “dejando tras sí una estela de blanca espuma como si fuera un vapor”.
Así estamos un buen rato observando, por un lado los grupos “playeros” y por otro los “montañeses”.
Una vez han conseguido el nuevo plumaje se van al mar y nadan hacia Brasil u otras partes del mundo.
No tengo ni idea del momento en que dejan su hábitat terrestre y lo cambian por el marino, ni la razón que los impulsa a ello, pero seguro que la hay, además del alimento, pues me parece que en tierra no corren los peligros que van a correr en el mar. Claro que si se lo preguntase a ellos seguro que me dirían si no prefiero la aventura marina a vivir en un agujero en aquel monte, que debe ser muy, muy aburrido.
Aunque todo es bastante uniforme, hay un trozo cerca del mar de color rojo y solo unos pocos ejemplares están allí, pero el contraste es muy fotogénico.
Debe haber algunos anillados, pero no los he visto, aunque sí hemos visto nidos “anillados” (que parecen a veces más madrigueras que otra cosa). Creo que sirven para estudiar el comportamiento de las parejas, volviendo al mismo lugar exactamente cada año.
Se acaba la observación pingüinera y regresamos al autobusillo donde nos espera Germán.
Allí hay un pequeño restaurante y en la entrada un pingüino tan bien colocado que parece de escayola. El guía me dice (imagino que en broma) que esa ave ya estaba allí anidando cuando hicieron esa construcción y que, por tanto, se considera el habitante original y que aquel entorno le pertenece y nosotros somos los intrusos.
Volvemos a Puerto Madryn y aprovecho el viaje para preguntar cosas de la idiosincrasia argentina.
Imagino que cuando lleguen esta noche a sus hogares, igual Mauricio que Germán les dirán a sus familias: “Hoy nos ha tocado el turista más preguntón del año”. O pesado, quien sabe.
En Puerto Madryn vamos a cenar al restaurante más recomendado que ha resultado un fracaso: mi pieza de pescado estaba muy mal cocinada y por ello estropajosa y los calamarcitos de Marisa con algo de arena.
Una mala forma de acabar tan interesante día.
PS
En el viaje de regreso le pregunto a Mauricio por el extraño nombre de la “hermandad” que descubrimos en la costanera de Puerto Madryn y que parecía una enfermedad medieval y me explica su significado: “escrofalo” es el nombre de un pez, exactamente el “Sebastes oculatus”, que cuando me enseña la foto veo que es como un cabracho.
NB.
Lo busco en la web y veo que además de llamarse “Patagonian redfish”, en Chile se llama “Cabrilla española”, ¡quién lo diría! Así que mejor lo de “Hermandad del escrófalo”, que “Hermandad de la cabrilla española”.
Etiquetas: Argentina, Pingüinos, Puerto Madryn, Punta Tombo, Wikipedia









16/02/2024 a las 12:26
Bonita muestra de fauna.