
Hoy ha sido un día especial desde el punto de vista de la escritura de esta crónica y es algo que no me gusta, pero que siempre me sucede: llevamos una vida tan agitada que algunos días no me da tiempo de escribir la crónica y lo hago a posteriori, pero a veces ese “a posteriori” se va alejando en el tiempo y al final no la escribo. Y esto es lo que me ha sucedido.
Así que la escribo ya en España, pero sin borrador, solamente con lo que recuerda Marisa y la ayuda de las fotografías tomadas ese día: 329 de las casi 7 mil que hicimos en este viaje, 13.763 si cuentas las del formato “raw”.
Hoy vamos a visitar la Península Valdés.
La guía dice de ella que es el hogar de elefantes marinos, leones marinos, guanacos, ñandúes y numerosas aves marinas.
Está reconocida como “Patrimonio de la Humanidad” por la UNESCO y es uno de los mejores lugares de Sudamérica para ver vida salvaje.
Y la estrella de esta atracción es la ballena franca austral, pues tiene en esta zona lugares de reproducción y cría, claro que es entre junio y diciembre, por lo que, ya lo sabemos, no tendremos oportunidad de verlas.
Hay “estancias” con ganado de ovejas en el interior de la península y Puerto Pirámides es la única población.
Pues con estos antecedentes y estando en Puerto Madryn estaba claro que era una de las dos opciones, que teníamos para hacer una excursión, la otra era Punta Tombo, adonde iremos mañana, así que contratamos con la agencia que había en nuestro propio hotel y le dedicamos el día a esta península.
Te recogen con un autobusillo y te llevan hasta el Centro de visitantes Carlos Ameghino.
En el camino, el primer “avistamiento de vida salvaje”: unos guanacos.
Lo que no sé si estos camélidos son salvajes o están más o menos pastoreados.
Wikipedia, como siempre, me saca de la duda: “Es un animal salvaje, en oposición a la llama que es doméstica”.
Y una nueva palabra para mi diccionario, que suena como un insulto: “Los guanacos jóvenes son llamados chulengos”.
Llegamos hasta el centro de visitantes y es muy interesante: distintos carteles con la fauna del lugar y un esqueleto entero de una ballena franca austral.
En una pared varios cuadros relacionados con la guardafauna Valeria Ramos, pues esta joven en 2009 acompañaba a un fotógrafo como “veedora” para avistar ballenas en una barca que se hundió, pereciendo ambos y desapareciendo el capitán de la lancha y parece que con grandes incógnitas sobre lo que pudo pasar. Y así aquí la recuerdan.
Hay un panel que me sorprende: “Presencia española en la región”.
Piensa que esto está a unos 1300 km de Buenos Aires y en la parte oriental del país, de lo más alejado de Perú, donde estaba el centro del poder español.
En 1799 los españoles levantaron un fuerte y un puesto en esta península para reafirmar la presencia española frente a los ingleses, pero vivían en condiciones tan penosas, además de tener malas relaciones con los indígenas del lugar, que en 1810 fueron atacados y lo abandonaron.
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