15. Japón 2016. 8 de marzo, martes. Octavo día de viaje. Hiraizumi. Primera parte.

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Aunque todos los hoteles de esta cadena tienen un desayuno parecido cada uno tiene alguna particularidad que no sé si es regional, local o capricho del director del establecimiento.
El de hoy sería el más europeo pues además de macarrones y salchichas enanas tenía huevos revueltos. La diferencia con los nuestros es que aquí te los tienes que comer con palillos y no es demasiado fácil.
El día amanece gris pero no llueve. La Japan Meteorological Agency, JMA, anuncia nubes sin lluvia e incluso sol a las 12 del mediodía.
Vamos a la estación y en un paso de un andén a otro hay tres obreros limpiándolo: uno con una pulidora, otro recogiendo el agua del anterior y el tercero dándole un toque final. Así tienen todo como los chorros del oro. El tren de Ichinoseki a Hiraizumi es de tipo “local”, va casi lleno y es como un vagón de metro con los asientos corridos a los lados.


En menos de 10 minutos llegamos al destino. Por eso nuestra elección de Ichinoseki; la otra era Morioka, donde ya he estado y tiene más interés como ciudad pero que está hora y media de Hiraizumi, lo que hacía tres horas de viaje en tren hoy. El buscar hotel en Hiraizumi era más arriesgado y cuando voy solo no me importa pero con Marisa prefiero ir a lo seguro. (Dentro de las incertidumbre que tienen siempre los viajes en pareja).
A pesar de la importancia de la ciudad en la estación solo nos hemos bajado nosotros y una docena de abuelos japoneses vestidos de senderistas y a los que no hemos visto en todo el día.
Aquí se viene a ver dos cosas: el complejo de Chuson-ji y el de Motsu-ji.
La guía dice que Hiraizumi rivalizó con Kioto en grandeza e importancia. Desde 1089 hasta 1189 tres generaciones del clan feudal Oshu Fujiwara, que gobernaban esta tierra, crearon un paraíso según los principios budistas (desconozco los términos) gracias a sus minas de oro.
Para situarte: a finales del siglo XI el Cid conquista Valencia y se realiza la primera cruzada con la toma de Jerusalén. En el siglo XII tienen lugar las dos siguientes cruzadas y en España Alfonso I conquista Zaragoza. Ya ves, todo luchas y conquistas.
El templo de Chuson-ji se encuentra a kilómetro y medio de la estación y hay una carreterilla que te lleva allí directamente. Hemos atravesado dos pasos a nivel, con cuidado de que no se descalabrase Marisa, y he comprobado lo civilizados que son estos japoneses: antes de cruzarlo un coche el conductor hace un stop, pero un “stop” de autoescuela. Y luego pasa. Y para el caso hipotético de que el coche se te quede en medio de la vía un letrero te advierte de que hay un botón de alarma para parar el tren. Que son la leche.


Al final de la carretera te encuentras una muy empinada subida entre unos cedros enormes. Y a pesar de la importancia del sitio (Patrimonio de la Humanidad según la Unesco) estábamos solos.

Y vuelve a mostrarse la organización del país: como la cuesta está asfaltada pero tiene una pendiente muy fuerte han colocado una especie de suelo de plástico antideslizante en una parte del recorrido. Y si todavía no puedes subir pues se ve nieve por los lados,


al comienzo hay un cofre de plástico con una especie de crampones hechos de cuerdas para atártelos al calzado.


Un letrero te explica que en 1105, Kiyohira, el primer señor del clan Oshu Fujiwara, comenzó la construcción del complejo en la cima del monte Kantan y que Konjikido, el “Recinto dorado”, fue completado en 1125. Había 40 templos y pagodas y más de 300 residencias de monjes. (¡Vaya pedreada para mantenerlos a todos!). El recinto tenía una circunferencia de 5,4 km y una superficie de 1,34 km cuadrados.
Nos anima la importancia histórica y empezamos el ascenso. Pequeños templos a lo largo del camino y lazos atados por doquier con los deseos de los fieles budistas. Y gracias al patrocinio de Fujifilm me hago una foto disfrazado de samurái.


En cada una de las capillitas del camino un letrero te explica las imágenes que hay en su interior. Creo que debes ser un maestro budista para poder interpretar esa información.


Pero lo mejor es el ambiente mágico que se respiraba esta mañana. Imagino que esto en agosto con multitudes transitando por allí y con calor puede ser horrible pero hoy era magnífico. Ventajas de estar jubilado.


Llegamos a Hondo, o “Recinto principal”. Aquí es donde se realizan las ceremonias más importantes. Hay una llama de la que dicen que está aquí desde hace más de 1200 años cuando el fundador de la escuela Tendai, Saicho, la trajo a este lugar.


Curiosidad: en el suelo de la sala principal hay unas alfombras que me han parecido eléctricas. Imagino que será para que los pies descalzos de los fieles no se congelen durante los largos rezos. En el exterior un pebetero con el fondo rastrillado como si fuese un jardín zen.


Visita obligada a un pequeño museo con unas pocas pero preciosas piezas de la época del esplendor de esta ciudad. El folleto dice que tiene unas 3000 piezas aunque en exhibición no creo que haya más de 50 ó 60. Pero la estrella de la visita, además del conjunto, es el Konjikido. Es un mausoleo donde se guardan los restos de tres señores feudales Fujiwara en tres sepulcros además de la cabeza de un cuarto. Nos dieron la información en castellano y la traducción de señor feudal es “amo” lo que me resulta muy gracioso aunque pueda ser acertado: “Los restos del primer amo de Oshu Fujiwara descansan… . los del segundo amo …y los del tercer amo Hidehira con la cabeza del amo de la cuarta generación”. En general es una cagada.


En una puerta la estructura que la soporta tiene un montón de piedras apiladas. También las veo contra el tronco de un árbol. El único sitio donde he visto apilamientos semejantes, pero en mayor cantidad y tamaño, ha sido en Tenerife y Lanzarote. ¿Será un rito de alguna secta esotérica eso de apilar piedras? ¿A qué Dios adorarán o intentarán aplacar con tamaña tontería? Otro misterio de las falsas religiones. Bueno, si hubiesen millones de apiladores en lugar de una secta serían una religión y si la siguiese yo sería además “la religión verdadera”. Ahora, que no me veo yo de “apilapiedras”.
Acabamos la visita en un recinto shinto. Estos japoneses siempre despistando a los monoteístas. ¿No era Hiraizumi un paraíso de la utopía budista? ¿Qué pinta aquí un santuario shinto?


Pues además ha salido el sol.
Delante de la capillita varios “negocios” de la fortuna. Llegan cuatro jóvenes y no pueden resistir la tentación: echan las monedas correspondientes y cogen un papelito. Luego lo leen en voz alta. Imagino que siempre deben ser cosas agradables porque sino no se reirían y además se les acabaría el bisnes. Imagínate que te salen cinco veces seguidas que en dos semanas vas a coger la lepra. O que tu hija se va a comprometer con un concejal valenciano del PP o de Convergencia. Pues dejas de comprar boletos y además, por si las flais, envías a tu hija con tu hermana que vive en Armenia.


Dejamos este encantador sitio donde poco a poco ha ido apareciendo más personal pero sin ser agobiante.
NB
Al escribir en el ordenador he recordado que en el Himalaya sí he visto montones de piedras con fines religiosos: forma parte del budismo tibetano. Además son piedras con bonitas inscripciones y a veces coloreadas.

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Una respuesta to “15. Japón 2016. 8 de marzo, martes. Octavo día de viaje. Hiraizumi. Primera parte.”

  1. LaOtraMarisa Says:

    En Portugal también hacen pilas de piedras.

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