46. Sri Lanka 2014. Vigésimo cuarto día de viaje. 18 de octubre, sábado. Haputale. Tarde.

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Sri Lanka. Haputale. Glenanore Estate.

Cuando regresamos del monasterio de Adisham al llegar al cruce vemos que hay señoras  cogiendo té  y nos metemos en la plantación. Allí me encuentro con un señor que solo mira y le pregunto si él no recoge té. “Soy el ‘master’”. Eso es lo que he entendido y parece que está controlando el trabajo de ese grupo de mujeres.  Pero si lo hacía era bastante tranquilo pues a unos 100 metros había otro grupo cuyo “master” daba unos gritos enormes.

He aprovechado para preguntarle las condiciones laborales de las trabajadoras y esto es lo que he sacado en consecuencia: cada mujer recibe 500 rupias por día y debe recoger 18 kilos de hojas. Por cada kilo que recoja de más recibe 23 rupias y parece que pueden coger 1 ò 2 kilos más. Así que serían 546 rupias por día: no llegan a 3 euros y medio. Y quizás reciban más pues no he entendido algunas de las cosas que me ha explicado.

Sri Lanka. Haputale. Glenanore Estate.

Sí que me he enterado que el cortador de plástico, que llevaba esta mañana una señora no es para recolectar las hojas, que se sigue haciendo a mano, sino para hacer una especie de poda pues lo que recortan con ese instrumento lo tiran al suelo.  Por cierto el “master” tenía un nombre muy bonito: Umanathan.

Volvemos a Haputale y cerca del hotel vemos a unos orfebres trabajando el oro. La forma de calentarlo a través de una cánula por la que sopla el orfebre (¿será aurífice?)  es muy curiosa.

Sri Lanka. Haputale.

También un electricista arreglando televisores con pantallas CRT .  En España te compran un televisor de ese tipo de 21 pulgadas por 5€. Aquí todavía los reparan.

Sri Lanka. Haputale.

Al lado hay  una tiendecita donde dos señores miran con mucho interés unos periódicos. El amable encargado me explica que aquella es una casa de apuestas y que lo hacen a unas carreras de caballos de Inglaterra y por tanto los periódicos que leían los apostadores eran británicos. ¡Qué cosas!

Sri Lanka. Haputale. Apuestas de caballos.Betting on Turf Races

Estoy tosiendo mucho así que entro en una farmacia y le pido jarabe para la tos. Cuando llego al hotel compruebo que pone en la caja “Phisician’s sample Not for Sale”. Aquí el que no corre vuela.

Vuelve a desatarse la lluvia. En un huertecito que hay debajo de nuestra habitación creo descubrir  el porqué de la extraña forma de los caballones y que me imaginé cuando veníamos a esta ciudad: así eviten que se encharquen con estas lluvias.

Cuando para nos vamos a nuestra próxima visita: las cascadas de Dilayuma.  Cogemos otro autobús y la señora que está sentada delante de nosotros se vuelve, nos mira sonriente y está así hasta que se ha bajado al cabo de media hora. No sé qué debíamos parecerle o a quien le recordábamos.

El autobús echa gasoil a 118,3 rupias unos 73 céntimos de euro el litro.

Sri Lanka. Haputale. Dilayuma.

Bajamos de los más de 1500 m de Haputale a unos 500 de la cascada y lo que ocurre es que estamos debajo de las nieblas. Y es casi tan milagroso como lo del monasterio: podemos ver la cascada perfectamente y es una maravilla.

Hay solo una pareja viéndolas y como comen una mazorca de maíz de esas hervidas les pregunto el precio y después de una breve charla nos invitan a un té en un chiringuito que hay allí.

Con otro autobús regresamos a Haputale. De nuevo aparece la niebla y la lluvia.

Cena en el hotel y mañana a Tissa. Se acabó el fresco.

Más té. El té de esta país además de por su forma de procesarlo también se clasifica por el lugar de su recolección o mejor por la altitud del “Tea Estate”.  Así los “low-grown” están por debajo de los 600 m, los “high-grown” por encima de los 1200 m y los “middle-grown”  en una altitud entre las otras dos.

NB

Busco en un foro información sobre el parque de Yala pues no hace mucho estaba cerrado  y un usuario advierte que los extranjeros necesitan un pase especial para viaje al norte y que suelen tardar una semana en concederlo. Así que por poco nos quedamos sin poder ir.  Leo en un periódico indio la razón que da el ministerio de defensa de esa medida: elementos extranjeros que están metiendo cizaña entre la población. ¡No me lo puedo creer! El ejército siempre me sorprende.

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