19. Sri Lanka 2014. Décimo día de viaje. 4 de octubre, sábado. Norte de Jaffna. Keeramalai.

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Nuestra guía dice que la carretera que llega hasta aquí desde Jaffna estuvo cerrada durante 20 años y  fue abierta recientemente  y que el punto final Kankesanturai está todavía fuera de límites para los extranjeros; es una base naval  y la Wikipedia la clasifica como “High Security Zone”. Claro que la guía  es de julio de 2012 y nosotros solo queremos llegar al “balneario” de Keeramalai y a su templo cercano.

Según la guía el ejército obligó a los habitantes de esta zona a abandonarla y todo fue destruido y utilizado para uso militar. Todavía se ven hoy algunas casas en ruinas al borde la carretera.

Peninsula Jaffna. Naguleswaram Shiva Kovil.

El autobús te deja delante del templo, pero no tengo claro qué templo era. La guía habla de dos templos diferentes y en la web encuentro las mismas fotos con ambos nombres. Uno es  el de Maviddapuram Kantashwamy Kovil y el otro el de Naguleswaram Shiva Kovil. Del primero  dice que sobrevivió a las bombas y al pillaje de la guerra y que los fieles están haciendo un gran esfuerzo para  que funcione como antes. Así podría ser el que visitamos pues había una torre en construcción y en la entrada una pila de ladrillos que daba la impresión de que era para que los fieles comprasen alguno para que siguiesen las obras. Del segundo dice que es uno de los cinco “pancha iswaram”, esos templos hindúes que estaban repartidos por la isla para protegerla de los desastres naturales.  Pues este templo es del siglo VI a. C. y también fue bombardeado por el ejército en 1990.  Y yo me digo que si no será más fácil para un dios parar una bomba que un tsunami o un terremoto.  Su historia reciente: el templo fue destruido por los portugueses en 1621, reconstruido en 1894, destruido de nuevo por el fuego en 1918, reconstruido de nuevo y ocupado por el ejército en 1983, bombardeado y destruido por la aviación en 1990 y hasta 1997 con prohibición de acceder allí a files y brahmanes.  Y reconstruido de nuevo. Y en esas estamos.

Después de mucho buscar creo que se trata de Naguleswaram. Sea el que sea está en obras  y cuando lo acaben será algo notable.

Peninsula Jaffna. Naguleswaram Shiva Kovil.

De nuevo camisa fuera  y también de nuevo prohibidas las fotos.  Es una pena porque cuando hemos llegado era la hora de una “special puja” y hay un gran trasiego de ceremonias. Hablo con un joven brahmán y le pregunto por lo de ir con sin camisa: “es cultura hindú”. Error. Le explico que en la India, patria del hinduismo, en ningún sitio te la tienes que quitar. Así accede a que es “cultura de Sri Lanka”. Pero, ¿por qué? Porque así el fiel está más cerca de Dios. Si hubiésemos  hablado en español le habría preguntado que porqué no íbamos completamente desnudos.  No me he atrevido por si lo que entendía era que nos desnudásemos él y yo en aquel momento.  Me he limitado a preguntarle que porqué las mujeres no se desnudan de cintura para arriba. Creo que ni siquiera se lo había planteado por la sorpresa que he visto en su cara. “Es que las mujeres dan lo mismo”.  Y eso lo dice a pesar de que en esa ceremonia especial había unas 30 mujeres y tres hombres.   Le pregunto también por la prohibición de las fotos  y me dice que eso solo ocurre allí y en Nallur, pero que en resto de los templos sí se pueden hacer. Pero ¿por qué no allí? Pues no lo sabía.

Peninsula Jaffna. Naguleswaram Shiva Kovil.

Lo que más me ha gustado del rito de hoy ha sido que han sustituido al señor  que tocaba el tambor y el que tocaba la campana   por una máquina que golpea rítmicamente un tambor, dos campanas y dos platillos, todo ello sin descanso y gran estruendo.  (Y además los de los templos lo suelen hacer bastante mal). ¡Lástima que por la prohibición no he podido hacer una foto de esa máquina que parecía sacada de la peli Brazil!

Peninsula Jaffna. Naguleswaram Shiva Kovil.

No tenemos tiempo para ver el desarrollo completo de toda la ceremonia, especialmente después de lo que nos pasó ayer y salimos para ver la atracción del lugar: la fuente de Keerimalai.  Es famosa desde el siglo VII y con una curiosa historia. Bueno, en realidad dos. La más fácil: había un sabio, Nagula Muni,  que vivía en una cueva cercana y se parecía a las mangostas que había por allí. Se bañó en la fuente y se le curó el parecido.  En sánscrito “Nagula” significa mangosta y en tamil  “keeri”  también mangosta y “malai” colina, la “colina de la mangosta”. El buen hombre agradecido construyó un santuario en este lugar que luego fue conocido como “Naguleswaran Kovil de Keerimalai”.

La mejor: había una princesa de la dinastía Chola llamada Maruthapuraveegavalli, los nombres en este país parece que siempre han sido así de fáciles,  que se burló de un santo varón porque tenía la cara de caballo, entonces él cabreado la maldijo y fue a ella a quien se le puso cara de caballo. La princesa se bañó en la fuente y además de curar sus desórdenes digestivos, curó también su deformidad facial. La guía dice que aunque ese no sea tu caso que te bañes allí.  La piscina de los hombres está a la vista de todos y la de las mujeres, que no vimos, en un sitio con tapias.

Peninsula Jaffna. Keerimalai spring.

La piscina está situada al lado del mar en un sitio precioso y hubiésemos podido ver una puesta de sol maravillosa pero hemos decidido llegar pronto al autobús. Y allí estaba el que habíamos llegado nosotros.  Charlo con el conductor y me explica que ha estado trabajando en Doha durante 8 años para ganar dinero.

Regresamos a Jaffna y volvemos al mismo restaurante que ayer. Pido arroz con pescado y me sirven, como a todos, un plato de arroz que creo que no me lo habían puesto tan grande en la vida. Era una ración para cuatro personas. Y además es el plato favorito de casi todos los comensales.    Una curiosidad es que en muchos restaurantes de esta isla cubren el plato de la comida con un plástico de esos finitos, los que las cocineras llama “film”,  pero antes de servirla. Imagino que de esta manera es más higiénico pues aunque el agua que utilicen para fregar los platos no sea muy limpia la comida te la sirven encima del “film”.  Pero es que además en este restaurante nos sirven los cubiertos  -que solo utilizamos nosotros, pues el personal come con las manos-  metidos en un plato hondo con agua hirviendo.

Regresamos al hotel, pagamos la cuenta y mañana a Arunadhapura.

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