14. Sri Lanka 2014. Noveno día de viaje. 3 de octubre, viernes. Jaffna. Islas-1.

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Ayer decía que en este hotel  daba gusto por el silencio especialmente  por  la noche y por  las madrugadas: zona residencial y distante de devotos muecines  y brahmanes amantes del canto matutino. Pero esta noche hemos oído el tren.  Y esto en una ciudad sin tren es algo mágico aunque tiene su explicación. En Colombo me dijeron en la estación que el tren llega solo hasta Pellai como consecuencia de la guerra pero que en octubre llegaría hasta Jaffna. Ayer en el fuerte paseando hablé con un ferroviario (¡qué encuentros!) que me confirmó que llegaría el último día de este mes. Me encantaría poder coger el tren en uno de esos primeros días.

Hoy nos hemos pegado un madrugón porque el encargado del hotel nos dijo que teníamos que coger  el autobús a las 6 y media para poder enlazar con un transbordador.  El problema es que a esas horas y en una zona residencial como la nuestra no pasa ningún “three wheels”. El único que aparece es uno de un repartidor ambulante de bollería para el desayuno. Toca una suave musiquita y el personal sale a comprarle los bollos. Lo gracioso es que esa melodía a mí me recordaba a la del capador que pasaba por las calles de mi pueblo en mi infancia y Marisa creía, antes de ver al vendedor, que era de un colegio religioso de monjas cercano. Pues nada,  lo de hoy es de un comerciante de bollos recién hechos.

Así que vivir en una zona residencial tiene sus ventajas pero yo prefiero estar cerca de las bulliciosas estaciones de autobús o tren porque en caso de necesidad siempre puedes llegar a pié.

Las islas.

Hoy vamos a visitar dos islas: Neduntivu y Nainativu, y por problemas  logísticos la visita  debe hacerse  en este orden.  Y a ambas se va desde el mismo embarcadero, así que lo llevo escrito en un papel para no equivocarme e ir a donde no quiero ir.

Para hacerlo más fácil el embarcadero y punto final del autobús está en Kurikadduwan. Y es que en este país excepto la capital, Jaffna y alguna otra ciudad la mayoría tiene nombres impronunciables.

El viaje es muy curioso porque nada más salir de Jaffna entras en el mar atravesándolo por una estrecha pasarela que está casi a su nivel y que une la península de Jaffna con la isla de Velanai, la cual atraviesas para entrar en otro pasarela semejante a la anterior que te lleva a la isla de Pundukutivu al final de la cual está Kirikadduwan, nuestro destino.

Estas pasarelas atraviesan un mar llano, sin ningún movimiento, con algunas pequeñas barcas ancladas cerca de la orilla que se reflejan perfectamente en el agua, como esas fotografías tan bonitas que te envían regularmente por correo electrónico pero que tú nunca puedes hacer. Hoy tampoco nosotros  desde el autobús. También se ven pequeñas estructuras de palos clavados en el mar que creo que son trampas para gambas.

Las islas que atravesamos tienen algún templo hindú con “gopuram” colorido que te tienes que contentar con verlo desde tu asiento y además rápido porque nuestro chófer conduce como un loco. También hay abundantes muestras de imágenes católicas. Y es curioso porque he leído que después de la guerra en el norte la población cristiana se ha quedado reducida a un 12%, pero su presencia pública hace que parezca que son mayoría.

Todo el tráfico de transbordadores está controlado por la armada esrilanquesa que fue la que repartió estopa en abundancia sobre todo en la última parte del conflicto. La mayoría de la marinería que he visto eran muy jóvenes y ellos así como los policías con los que he hablado están aquí sin sus familias.  Un oficial de policía me ha explicado que cada veintitantos días volvía a su casa durante una semana.

NB. El ejército en este país es de voluntarios.

Así que  llegamos despendolados al embarcadero y resulta que nuestro ferry no sale hasta las 9 pero estamos a punto de coger otro a Nainativu que partía entonces  pues todo el personal del autobús iba a  esta isla. Observación no banal si haces este viaje pues puedes seguir a la mayoría de viajeros y errar el destino.  Una forma de distinguir a esos viajeros es que como van en plan religioso llevan un uniforme como de peregrinos.  Además al ponerse todos un chaleco salvavidas igual les da todavía más un aire de grupo homogéneo.

Isla de Pundukutivu. Embarcadero de Kirikadduwan. Pundukutivu Island ferry port at Kirikadduwan.

Larga espera que aprovechamos para desayunar. Vaya, “aprovecho” pues el “desayuno local” no es del agrado de Marisa.  La verdad es que no se lo reprocho: una masa maciza de fideos, quizás de arroz, con una cucharada de lentejas y otro de algo desconocido de color rojizo que picaba como un demonio. Pero hay que alimentarse.

Isla de Pundukutivu. Kirikadduwan. Pundukutivu Island. Kirikadduwan.

Nos acercamos a la orilla del mar y la playa está formada por conchitas y caracolillos. Quizás no sea adecuada para andar descalzos por allí pero es una maravilla. Hay una barca que me ha recordado los “objetos imposibles” que hace años se anunciaban en las marquesinas de Madrid. No sé si alguien se aventurará a navegar con un “objeto” así aunque imagino que sí lo harán pero el mar aunque tranquilo ya no es como el que hemos atravesado por las pasarelas.

Isla de Pundukutivu. Kirikadduwan. Pundukutivu Island. Kirikadduwan.

Llega la hora de coger el transbordador que es una barquita con una bodega donde viajamos casi todos. Como el viaje es largo aprovecho para limpiar los filtros de la cámara de Marisa lo que provoca bastante expectación entre nuestros compañero de viaje. Lo mismo sucede cuando fotografío dos sacos que hay en el suelo.  Les debo parecer un excéntrico. También conocemos a una pareja de franceses y a una francesa que va acompañada de dos jóvenes del país. Es la que vimos  ayer en la puesta de sol del fuerte de Jaffna.  Al bajar nos juntamos y alquilamos una camioneta entre todos para hacer un tour por la isla.

Viaje a Neduntivu. Journey to Neduntivu (Delft).

PD
En el barquito me fijo en un viajero y lo clasifico como “platirrino”. Entonces busco el antónimo de esa palabra para definir a otro y no logro encontrarla. Y eso me sucede cada vez con más frecuencia. Es preocupante.  Lo mismo me suele pasar con los sinónimos. Debo empezar a tener  averiada esa parte del cerebro que se dedica a esos menesteres gramaticales.

NB.
Si te preguntas qué eres tú te diré que de entrada eres haplorrino y además catarrino, y eso no lo digo yo, que ya lo dijo Darwin: “Now man unquestionably belongs in his dentition, in the structure of his nostrils, and some other respects, to the Catarhine… There can, consequently, hardly be a doubt that man is an off-shoot from the Old World Simian stem; and that under a genealogical point of view he must be classed with the Catarhine division”.

Lo de clasificar al viajero como platirrino fue una exageración del momento.

NB.
Catarrino: Se dice de los simios cuyas fosas nasales están separadas por un tabique cartilaginoso, tan estrecho que las ventanas de la nariz quedan dirigidas hacia abajo. (DRAE dixit).

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