Nos vamos después de la visita a los novios y damos una vuelta por el ponderado campo (según la guía). Y es una lástima porque el día se ha arreglado y hace sol, pero los campos de arroz que serían preciosos si estuviesen como en Asam, aquí ya están segados y solo queda la paja. Una pena y quizás un motivo para volver en otra época. Nuestra guía Abu, que significa “amanecer”, nos dice que en marzo hay un festival así que quizás en 2015 (2014 ya lo tenemos reservado para otro destino) regresemos.

Vamos a un restaurante que está en lo alto de una colina desde donde hay una vista de los campos circundantes y resulta que están preparándose para otra boda, ésta según el rito baptista. La tía de los novios nos insiste en que volvamos más tarde para la ceremonia. Vamos a ver una granja donde además de pollos y cerdos cultivan kiwis. Es curioso porque siendo una fruta habitual en España no la hayamos visto nunca allí y la tengamos que descubrir en su estado natural en la India donde es una fruta exótica. Sólo tienen una docena de arbolitos aunque con bastantes frutos. Nos regalan tres y son realmente buenos. El dueño de la granja Peter, y su hija Sara son encantadores, y ella muy guapa. Y católicos.

Abu aprovecha para explicarnos que los apatanis comen cerdo, pollo, ternera, ranas y saltamontes. Y también ratas, pero no sé exactamente a qué animal se refería cuando decía “ratas” porque no eran las que conocemos en nuestras ciudades. Quizás eran los cobayas, que también se comen en Sudamérica y que llaman cuis. Le pregunto si comen conejo: no es que no los coman, ni los críen, es que le parece una excentricidad. Y sí comen caracoles; hemos visto en la primera boda a algunas señoras que llevaban collares de esas conchas y bastante grandes.
Damos un largo paseo por unos “pinares”, así los llama ella, no sé qué árboles son, pero no son pinos. Vemos campos que antes eran de arroz pero que ahora están yermos: a la gente de aquí tampoco les gusta vivir aislados, en medio del campo y se van a vivir a los pueblos.

Nos explica que sigue habiendo malas relaciones entre nishis y apatanis aunque la guía, la de papel, dice que se arreglaron en 1960, parece que en 1993 hubo ataques de los primeros a los apatanis que son minoría en la región aunque mayoría en estos pueblo donde estamos ahora. Como no he hablado con ningún nishi no sé su pensamiento al respecto.

Acabamos el paseo en la boda baptista de Hari, otro de los pueblecitos de la zona. Allí un “pastor” (¿por qué ese nombre en castellano?) casa a una pareja (ella una novia muy guapa) en una ceremonia al aire libre que se parece mucho a la de las pelis americanas. Habla a ratos en apatani y a ratos en inglés. Todos los asistentes están sentados muy elegantes bajo un entoldado aunque compruebo que la mayoría son mujeres. ¿Y los hombres? Según nuestra acompañante están trabajando. Yo creo más bien que están en el bar del restaurante. Marisa vence su natural timidez y se coloca en la primera fila junto con el resto de la “prensa gráfica” ¡Quién lo diría!
Desde allí nos vamos a ver un bosque mágico con una historia que no he entendido pero que relaciona a seis hermanas, una de las cuales murió, con seis enormes árboles, de los cuales uno también está muerto: Bunyie, Bunne, Senyi (la muerta), Seme, Puming y Pubyang.
Te dejo la información por si eres uno de esos padres que andan buscando nombres especiales para sus hijas y ya no se conforman con Jessyca (versión modelna), Itxaropena (versión vasca) o Eulàlia (versión catalana); ojo, aquí es importante el acento, porque si no lo pones es santa Eulalia de Mérida y “l’has cagat, noi”, que querías una “pubilla” y te ha salido una emeritense.