Debajo de la presa del «double decker root bridge» había un grupo de tres mujeres con un negocio de extracción de áridos. Pequeño negocio y de duro trabajo. No había visto nada igual en mi vida: una señora sentada en cuclillas saca de una poza del río un puñado de arena, puñado con una mano, o sea casi nada; la tira a otra joven que está a un par de metros y ésta también con la mano la va amontonando; una mujer mayor mete la arena en un cesto y la va subiendo al pueblo. No sé a cómo la pagarán pero me pareció una ruina de trabajo y duro, duro. Viendo a aquella mujer sacando la arena del río pensé en la famosa escena de San Agustín. Quizás fuese algo así.

Cuando estamos viendo todo aquello aparece un joven y me dice que «camera 100 rupies» y me enseña un ticket donde lo pone, vaya, con el 100 escrito a mano. Le digo que ni hablar, que ya había un «donation box» en el pueblo haciendo referencia que era para el mantenimiento del puente. La verdad es que insistió poco y se fue y además no había ningún letrero que indicase el óbolo. Luego aparecieron los tres calcutanos con el guía y me dijeron que a ellos les habían pedido 20 rupias.
Nos da pena dejar un lugar tan bonito pero hay que regresar y solo pensar en las escaleras finales se te ponía un cuerpo…

En el camino de vuelta pasamos de nuevo por los puentes colgantes metálicos. El mejor consejo: no mirar abajo, siempre al frente, aunque lo haces pensando que puedes meter el pie en aquel entramado que deja huecos considerables. Debes darte un buen susto si te ocurre.

Pasamos por un sitio con muchísimas mariposas amarillas y algunas de esas tornasoladas enormes y preciosas. Nos sorprende que éstas se queden quietas en el suelo y que además no vuelen aunque te acerques mucho. (¡Lástima de no haber llevado un objetivo macro!). ¿Por qué se comportarán así? Además hacen unos movimientos espasmódicos como si estuviesen copulando, pero no están por parejas. (¿Será el nefasto vicio del onanismo?). Me agacho todo lo que puedo, que no puedo mucho, y veo que cada una expulsa un chorrito de un líquido que se queda en el suelo por la parte final del abdomen. Tendré que buscar algún amigo que sea lepidópterofilo. Tengo uno que es un especialista mundial de picnogónidos, así que creo que será más fácil encontrarlo de mariposas.
El final del camino de vuelta, las famosas y muy empinadas escaleras, tiene el premio, casi místico, de que cuando ves el final de ellas lo que te aparece es una cruz de una iglesia que sobresale por encima del los árboles, como una aparición.

Llegamos a Tyrna, el pueblo desde habíamos partido esta mañana y no hay rastro de la pareja de Calcuta. Les había dicho que si llegaban antes y no querían esperarnos que no lo hiciesen. Así que buscamos un transporte para hacer los 6 km que hay hasta el hotel y al final encuentro una furgoneta cochambrosa que se está poniendo en marcha. Corro, la paro y le pregunto si nos puede llevar; solo hasta el cruce pero nos ahorramos 3 kms. Allí en el cruce una señora con un niño esperando transporte en la misma dirección que nosotros: «Hoy es mal día porque ha habido mercado en Sohra y todos los vehículos vienen llenos». Así que nos marchamos andando con tan buena fortuna que al poco aparecen los amigos calcutanos con un taxi. Como van a alquilar un taxi para regresar a Shillong mañana y hacer turismo de paso, les queremos proponer compartir el vehículo aunque como creemos que van en viaje de novios quizás no les apetezca. Error: en el hotel les están esperando un hijo, el padre de él, el de ella y alguna suegra.
Puesta de sol maravillosa y comida-cena buenísima pues solo hemos tomado turrón de alicante durante la excursión.

Le pregunto al dueño del hotel de qué vive la gente de Nongriat pues parece imposible mantener una vida normal allí. Viven de las abejas (imagino que quiere decir de la miel), algunos cítricos que tienen plantados y de cosas que recogen en el bosque. «¿Y si se ponen enfermos?». Los llevan en un cesto hasta Tyrna. Y escribo «llevar» pero es «subir». Me parece una vida durísima. Y no vale decir que «están acostumbrados». ¿Acostumbrados a vivir en un lugar que está a dos horas (a nosotros nos ha costado tres el regreso) de camino y cuesta arriba? Y encima para llegar a un pueblecito muy pequeño desde donde un coche tarda unos tres cuartos de hora en llegar a otro un poco mayor pero que sigue siendo pequeño y desde allí más de una hora a la capital. Y no te digo nada si además ese camino tienes que hacerlo cargado con un cesto de naranjas. Lo dicho: muy duro.
Hablo con toda la familia de Calcuta y son gente encantadora. Y acabo la jornada charlando con la señora del hotel. Es pequeñita y con una cara típica khasi, o por lo menos eso me parece a mí.
Recuerdo a la pareja del tren que iba a una boda a Shillong y que me dijeron que hoy era el día auspicioso para las bodas hindúes. ¿Pensarán lo mismo dentro de 20 años o se cagarán en el arúspice?
PD
El khasi escrito no solo es un invento misionero sino que además se debió hacer con mucha inteligencia. Como muestra tienes esta lápida de la iglesia de Tyrna: comprueba la diferencia de la cantidad de palabras y letras entre ese idioma y el inglés. Al reverendo Jones, su creador, ahora lo hubiesen contratado para el lenguaje de los teléfonos inteligentes.

Por si te quieres dedicar a la filología khasi te advierto que en esta zona, Sohra, se utiliza un dialecto del khasi.
Etiquetas: Cherrapunjee, Puentes de cable de acero.
03/03/2014 a las 19:01
y luego nos quejamos nosotros cuando no sale agua caliente o se nos va la luz!
03/03/2014 a las 21:03
Hombre Luigi, lo que pasa es que unos os quejáis más que otros.