17. La India 2013. 7 de octubre. De Shillong a Cherrapunji. Parte segunda.

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En el hotel nos dan una habitación (tres veces más cara que en 2007), comemos (afortunadamente tienen unos precios normales en el restaurante pues aquí nosotros estamos cautivos), bebemos (también afortunadamente el agua se puede beber, «safe water»)   y nos explican la primera excursión que podemos hacer hoy, cortita porque a las 5 ya es de noche, noche cerrada pues apenas hay crepúsculo. Y no es plan estar perdido en esta región.

Otra de las características de esta zona es que las cigarras, o estriduladores similares, cantan con un tono mucho más agudo   y penetrante que los nuestras. Y con mucho mayor volumen y sin descanso.

En este hotel te proporcionan unos mapas muy bien dibujados por ellos para las excursiones pero descubro a lo largo de la tarde que no están hechos a escala. Por si acaso advierten algo así como que si te pierdes no es culpa suya.

Lo que se viene a ver aquí además del paisaje son algunas cascadas  pero especialmente unos puentes hechos con las raíces de un ficus lo que le permite a la gente de las aldeas de la zona atravesar los torrentes con unos barrancos  que son bastante espectaculares.  En definitiva los famosos «root live bridges». Con mucha habilidad, e imagino que a lo largo de muchos años, van tejiendo las raíces de un ficus situado  en la orilla de un rio con las del otros situados en la orilla opuesta.  Algunos de estos puentes siguen en activo  pero otros se han dejado perder al haberlos sustituidos por puentes de cables de acero; pero debido a la influencia turística algunos de esos abandonados  los están volviendo a restaurar. Lo que ocurre es que esa «restauración» tarda años: los ficus crecen a su ritmo.

El de hoy  es el «living root bridge » de Umkar, un puente que fue destruido a medias por una riada y que están reconstruyendo pero por el que se puede pasar todavía.

Cuando ya llevábamos una hora bajando por una carreterilla y pensando que ya estábamos al final del recorrido descubrimos que todavía estamos a mitad del camino. Marisa quiere volver por temor a que se hiciese de noche. Era una cuestión de la escala del mapa: el puente estaba a 10 minutos de donde acaba la carretera, y es que es una excursión para ir en coche.

Al entrar en el camino que lleva al puente aparece una señora mayor y nos dice que tenemos que pagar 50 rupias cada uno.  Aquello me pareció como lo de los “gorrillas“ de Sevilla y le digo que ni hablar, que allí no ponía nada de pagar y que yo no iba a hacerlo.  Pues parece una tontería pero la señora se puso hecha una furia y gritaba, vaya, me gritaba, como una loca.  Y yo que quería pasar y ella se ponía delante.  Entonces va y coge un garrote y me amenaza que va a pegarme.  Así que yo me pongo a gritarle como ella a mí  y aquello deshizo el empate: “fuese y no pasó nada”.

El puente como principio de excursión no estaba mal pero no es nada espectacular.

Cuando volvíamos a la carretera nos encontramos a un grupo de seis señores calcutanos muy alegres y arreglados que nos saludan  y que por su elegante indumentaria deduzco que han llegado en coche.

Ante nosotros una subida importante hasta llegar al hotel. Cuando llegamos un rato andando sucedió lo previsto: nos adelantan los de Calcuta, paran y nos invitan a subir con ellos hasta el cruce que conduce a nuestro hotel. El breve recorrido resultó ser muy gracioso pues me preguntaron si conocía su ciudad y les hablé de nuestro viaje del año pasado y de lo interesante y espectacular de la Durga Puja y de los “pandals”.

Les sorprendió tanto que uno cogió un teléfono celular y me pidió  que volviese a contar lo mismo pero en plan entrevista y grabándome.  Quizás haya sido “trending topic” en alguna web bengalí  y yo sin enterarme.  Lo gracioso es que Marisa iba sentada al lado del conductor  (le cedieron el mejor asiento) y no se había enterado bien de lo que pasó y por la noche me pregunta: “¿Por qué volviste a repetir lo mismo dos veces?”.  Y menos mal que el “movie director” no era Kubrick porque si no aún estaría repitiendo lo mismo.

Antes de llegar al hotel pasamos por una iglesia cristiana que hay al lado y que debe pertenecer al cercano pueblecito de Laitkynsew. Creo que es católica pues en el exterior hay una reproducción de una pastorcita a la que se le aparece la Virgen.  Pero no nos ponemos de acuerdo Marisa y yo sobre si es Fátima o Lourdes. Quizás sea  esta última pues recuerdo un himno donde se hablaba de la cueva de Iría y de tres pastorcitos, y aquí solo hay una.  Me pregunto que por qué la Virgen siempre se aparece a  pastores o a señoras trastornadas y nunca a técnicos de sistemas informáticos.

La iglesia está siendo ampliada lo que dice mucho y bien del fervor del personal de la zona.

Llegamos al hotel y podemos ver una maravillosa puesta de sol con el fondo musical de las cigarras y por debajo el rumor de los torrentes que corren por el fondo de estos valles y no sé si también de las cascadas que se ven a lo lejos. Todo precioso.

En la gran sala-patio del hotel  un grupo de tres jóvenes extranjeros comiendo: “Where do you come  from?”   Una de las chicas es española, Andrea, de Madrid. Va con una amiga inglesa y un agraciado joven indio. Son amigos de Londres y vienen después de asistir a una boda en Asam.

Marisa se pone a leer y yo a escribir este borrador en ese gran patio central. La señora del hotel se acerca para hablar conmigo mientras escribo. Es khasi y pequeñita y resulta llamarse Carmela y, claro, es católica.   Le digo que es un nombre español y que hay una canción muy famosa con su nombre.  Luego aparecen cuatro jóvenes con una guitarra. Deben ser artistas locales y se ponen a cantar.  Y lo hacen francamente bien. Pero los clientes indios del hotel son un público de lo más soso e insolidario: apenas aplauden y a mitad de la actuación estamos casi solos Marisa y yo. E insisto en que lo hacía muy bien.  Encima durante una parte de la actuación  en una mesa había una madre atabalada con cuatro niños, uno de los cuales era especialmente borde y maleducado y ha estado molestando continuamente. Así que nos quedamos solos Andrea, la británica y nosotros dos. El indio guapo ha desaparecido a la primera canción. Me pregunto qué habrían hecho los artistas sin nosotros que éramos los únicos que aplaudíamos.
Mañana la excursión de verdad.

PD

Hemos pasado  esta tarde por una aldea y echado un vistazo al interior de la escuela entonces vacía. Nuestros escolares deberían hacer una visita a un lugar así una vez durante su vida académica.

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5 respuestas to “17. La India 2013. 7 de octubre. De Shillong a Cherrapunji. Parte segunda.”

  1. Avatar de Otramarisa Otramarisa Says:

    Cuando leo tus crónicas procuro estar sola en la habitación porque siempre me haces reír y queda un poco tonto ver a alguien frente a una pantalla y riéndose sola. Por cierto, no sabía la ancianita pedigüeña con quién se estaba enfrentando.
    Besos a los dos.

  2. Avatar de Al de la India Al de la India Says:

    Marisa, no te lo creerás pero realmente estuvo a punto de pegarme un estacazo. O por lo menos de intentarlo, porque verdaderamente era una ancianita -quizás algo más joven que yo-pero mucho más pequeñita.

  3. Avatar de Luigi Luigi Says:

    pues seguro a tu mujer no le debió hacer mucha gracia viendo la escena..jejeje, un beso

  4. Avatar de Torpedo Torpedo Says:

    Hola Ángel y comunidad,

    muy interesante el post. Por cierto, a Marisa no le tembló el pulso cuando te estaban amenazando… eso es espíritu de periodista. Le da igual lo que pase alrededor que lo que importa es la foto 😉

    Abrazos

  5. Avatar de Al de la India Al de la India Says:

    Querido Torpedo: es que primero es la obligación y luego la devoción. O el amor en este caso. Pero te aseguro que la situación fue tensa.

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