El autobús no tiene espejo retrovisor en el lado derecho (os recuerdo que se conduce por la izquierda) y cuando el conductor se percata de ello busca una solución y aparece con un espejo como de casita de muñecas y lo sujeta con una goma.
En mi crónica anterior escribí sobre los autobuses que son “2×1”. Hoy el nuestro es “3×2”. O sea tres asientos en un lado del pasillo y dos en el otro. Resultado: asientos y pasillo más estrechos. Como imaginas, de estos no hacen publicidad en las ventanillas de venta de billetes.
Por fin salimos de Guwahati con un ligero retraso en un autobús “semideluxe”. En España dirían de un transporte que es “de lujo” pero no creo que dijesen que es “de medio lujo”.

La salida de Guwahati es tan caótica como la ciudad misma. Además la lluvia ha formado unos charcos tan enormes que a veces los coches no pueden cruzarlos y se forman grandes atascos.

Este autobús, como es habitual, lleva un conductor, un cobrador y un ayudante. El cobrador (“conductor” en inglés) solo se levanta un par de veces en todo el viaje para controlar los billetes y cobrar a los que no lo llevan o se han subido en el camino. El ayudante está durante gran parte del viaje colgado de la puerta gritando “Shillong, Shillong” a cualquier persona o grupo que vea en la carretera. Un sinvivir sobre todo comparado con la tranquilidad del cobrador. Y ésta es una figura que siempre me tiene intrigado en estos países en que pagas el billete y no te dan ningún recibo. ¿Cómo los controlan? ¿Se fiarán de su moralidad? Quizás roban solo un poquito, pero lo curioso es que, igual que los conductores, los cobradores son siempre gente joven. Y este cobrador no para de mascar “paan” y de escupirlo y es que Asam es uno de los estados más “masticadores” que conozco. Se lo podía haber contado al joven de la pregunta.
Pasamos cerca de un templo y el cobrador saca una moneda y la arroja. No sé si habrá acertado donde quería o basta con la voluntad. Estas cosas divinas son inescrutables.
Pasamos por un gran cuartel de la “Central Reserved Police Force”, la CRPF, con un grupo de los cuales tuve un altercado en el 2007. No fue con ellos, si no que me apoyaron en la trifulca. No los olvidaré.
La carretera es de dos vías en cada sentido pero está en obras y en un momento dado nos cruzamos los de un lado al otro y los del otro al uno. Se crea un caos horrible a pesar de que hay un policía intentando controlar aquello pero parece que lo hace con poca convicción; vaya, que le da lo mismo. Y en medio de aquel caos surge la pregunta de Marisa que ya se está transformado en un clásico de estos viajes: “¿Ves aquí a tu amigo Luis?”. Pues yo creo que dada su condición de literato seguro que de este viaje sacaría una novela. O por lo menos un cuento largo. Y seguro que aprendería nuevas cosas sobre la condición humana.
A poco de salir de Guwahati el paisaje pasa a ser boscoso, la “casi selva” típica de muchas zonas montañosas de la India. Y es que empezamos a subir de altitud y no paramos de hacerlo hasta llegar a Shillong.
Sabemos que entramos en Meghalaya porque para el autobús y sube un policía en busca de de delincuentes y en las hombreras de su camisa lleva “MP”, Meghalaya Police. Pero como no encuentra ninguno se baja apesadumbrado y seguimos el viaje.
También sabemos que estamos en Meghalaya porque aparecen signos cristianos: “Auxilium Convent School” con cruces por doquier y una iglesia al lado de la “dhaba” donde paramos a mitad de viaje para té y pipí.

Así llegamos ya de noche a Shillong. Y como es domingo y son cristianos (no sé su proporción pero hay bastantes) la zona central, la conocida como “Police Bazar”, está a rebosar de personal: muchos meghalayos pero también bastantes bengalíes como podré comprobar luego al buscar hotel. Estos me recuerdan a los que encontramos el año pasado en Darjeeling pues aunque es algo más fresquito que Guwahati hace una temperatura muy agradable pero ellos van tapados como para atravesar el Himalaya a lomos de un yak.
El problema es que no tenemos claro el hotel. Doy una batida importante y aunque hay muchos el precio es casi el doble que en Delhi. Al final vamos al mismo en el que estuve en mi viaje anterior a esta ciudad.
Parce que el hecho de ser cristianos hace que muchas tiendas estén cerradas, incluidos los establecimientos de internet. Al final encuentro uno que está cerrando: “Por favor, por favor, solo comprobar el correo”. Y es que me tenían que confirmar que teníamos habitación en nuestro próximo destino pues allí solo hay un sitio donde alojarse: tenemos para mañana y quizás, no seguro, para pasado.
Regresamos al centro y a pesar de que solo son las 9 de la noche no hay ni un alma y está todo cerrado. Y entonces nos ocurre lo más curioso de la jornada: un par de pequeñitos muy trajeados (¡tenía que haber sospechado de tanto traje entre los meghalayos!) se me acercan y muy obsequiosamente me preguntan. “¿Habla usted inglés?” Entonces el líder que llevaba un tableta de las de 10” en la mano me dice que si quiero ver un vídeo en ella. Insisto: eran las 9 de la noche pero como si fuesen las tres de la mañana en Guadalajara: ni Dios por la calle. Y aquello me deja un poco atontado: uno que quiere que vea una película en una tableta en la Police Bazar Road. Le pregunto porque no acabo de entender de que va aquello y me dice que si soy cristiano y que es algo sobre Cristo. ¡Llegar a Shillong para que me quieran catequizar en inglés y con una tableta! No me lo podía creer. No supe a qué facción cristiana pertenecían pero me parecieron un tanto despistados. Vaya, que no han hecho ningún curso de marketing evangelizador y si lo habían hecho ha debido ser en una universidad de su secta en la que todos están convencidos de lo mismo.
Allí dejé a aquella pareja de despistados con ganas de decirle que los planes de marketing se hacen de otra manera y que debía elegir mejor sus “targets”.
Recordé lo que me dijo una vez un religioso, creo que maronita, en el este de Turquía: “¿Por qué los católicos intentan hacer proselitismo con fieles que ya son cristianos? ¿Por qué no lo intentan con los musulmanes? ”. Consideré que era una pregunta retórica pues la respuesta era obvia.