Estoy escribiendo este borrador en la habitación del hotel y me siento como si estuviera en mi pueblo. La diferencia es que aquí lo que turba mi sosiego es una canción melódica a varios millones de vatios (o de voltios, no sé) y allí es el “chunda, chunda”, a varios billones de lo mismo. O sea un millón de veces más. Me explico. El hotel da en su parte trasera a una especie de club fino con una piscina, pista de tenis y un edificio. Y nuestra habitación daba a esa zona tranquila y señorial.

Pues bien, estos días han estado montando una enorme carpa. Imaginaba que era para la “Durga Puja”, que aquí también se celebra mucho, pero hoy hemos descubierto que era para una fiesta profana. Vaya, un fiestorro. Las ventanas han empezado a temblar con las típicas pruebas de sonido que hacen en inglés. Le he preguntado al recepcionista, que ha resultado ser el tío más eficaz que he encontrado en este país: “no es de nuestro edificio, ni organización, que es de un club privado que hay al lado: el ‘India Club’”. Resulta que es el club más elegante de la gente con más pasta de la zona y han montado esto para un “party” esta noche. Me ha explicado que según la ley se debe acabar a las 11 de la noche pero que nos ofrece cambiarnos de habitación al otro lado del edifico. Allí se oye perfectamente pero los cristales no retumban. Veremos a qué hora acaban. Y es que en mi pueblo cualquier fiesta tiene que tener una noche o varias en blanco, jodiéndonos a todos los que vivimos en el centro sin poder dormir en toda la noche. No sé si hay una ley pero suelen acabar a las 6 ó 7 de la mañana. Y por lo menos aquí, estos elegantes ciudadanos asameses lo hacen dentro de su sociedad -aunque molestando a los vecinos- y si se emborrachan, aunque quizás no hay no alcohol, solamente té y zumos de frutas, pues echarán sus vómitos también dentro del club. Seguro que el señor alcalde de mi pueblo en tan señaladas y queridas fechas –para él- envía a sus seres queridos a varios kilómetros de distancia. Si por lo menos sustituyesen el chunda-chunda borrachuzo por estas lánguidas melodías de Guwahati…
Hoy nos hemos quedado en esta ciudad porque en nuestra próxima etapa que es más de naturaleza iba a llover abundantemente y como es Cherrapunji, el lugar de la tierra que más llueve pues hemos decidido retrasar la marcha. Así que estando aquí y después de nuestro habitual y estupendo desayuno en el hotel nos vamos a visitar Hajo, pueblo famoso por su templo y que ya visité en mi anterior viaje a esta tierra.
En la recepción del hotel nos volvemos a encontrar el grupo de escolares de ayer; no son escolares esperando un autobús, que están haciendo prácticas de algo de turismo. Y se vuelven locos por responder a mis preguntas sobre el transporte para ir a Hajo. Por si vienes: se pronuncia algo así como “Jacho”.
Quizás haya autobuses directos para ir allí pero a nosotros un guardia al que le he preguntado nos ha metido en un autobusillo que iba solo hasta Adabari desde donde hemos cambiado a un minibús que iba atestado. Y como en otras ocasiones le ha salido la vena comparativa a Marisa: “Tu amigo Luis y Anamari no viajarían aquí”. Y va añadiendo amigos y conocidos a esa categoría de “no viajarían aquí”. Así acaba dividiendo a la humanidad entre los que “no viajarían aquí” y nosotros, que parece que somos los únicos cristianos, junto con el resto de pasajeros del minibús que somos capaces de ir allí. Incluso a alguna amiga que sí la incluye en algún viaje en el grupo del “sí” hoy la ha quitado y la ha puesto en el “no”: lo siento Dorita, no podrás ir de Adabari a Hajo.
Marisa y yo estamos sentados en la parte trasera de la furgoneta en uno de los asientos transversales. Allí solo cabe un culo pero estamos los dos. En el asiento de enfrente dos jóvenes. Tengo mi pierna derecha metida entre las dos piernas de uno de ellos. Estamos tan “encajados” que con mi rodilla le estoy dando en su escroto y estoy preocupado porque con el movimiento del auto podría llegar a tener él una erección y sería una situación muy embarazosa. Pero al final llegamos a Hajo y el mismo cobrador de la furgoneta me busca un ciclo rickshaw que me lleve hasta el templo. ¡Mira que me encuentro gente estupenda en la India!
En este entorno hay varios templos y es un lugar protegido por el organismo arqueológico nacional, “Archaeological Survey of India”, pero aquí venimos a ver el “Haigriv Madhav Mandir”. Al llegar lo primero que te encuentras es un precioso estanque con unas tortugas enormes, rodeado de una vegetación exuberante. Muy bonito.

Delante de la entrada al recinto hay una pequeña capilla y una gran explanada donde han montado una gran estructura -más grande que la de los ricachones al lado de mi hotel- con cañas de bambú unidas con trozos de tela vieja de colorines. Los jóvenes que la montan trepan por allí sin ningún tipo de protección. Dada la carencia de asistencia de la seguridad social de este país no quiero ni pensar que le pasaría a alguno de ellos si se cayera y no se matase. Me ha recordado a los “castellets” pero estos de Hajo lo hacen por Durga.

Dejamos el calzado (“Shoes not allowed”) en la entrada del recinto, acaba de llover y hay barro por todas partes pero afortunadamente la subida, bastante empinada, hasta el templo que está en lo alto de una colina es de piedra y aunque resbala ligeramente está limpia.
Detrás de nosotros sube una pareja elegante y de mediana edad. Van resoplando y la señora lleva en sus manos una bandeja con flores de las que venden en la entrada. Me pregunto si será un negocio a medias o a tercias con los brahmanes del templo.

Cuando llegamos arriba estamos casi solos y seguimos a la pareja en su periplo para ver los ritos que siguen.

Rápidamente los coge un brahmán y los coloca detrás de una mesa con la ofrenda encima de ella. Rezos van y rezos vienen. Luego los lleva al interior del templo. En mi anterior viaje me impresionó mucho su arquitectura, lo oscuro que estaba todo aquello y una máquina como de la peli “Brazil” o “Mad Max”. Parece que si se pusiera en marcha tocaría un bombo y unas campanas, pero no debe funcionar.
Allí nos saluda un brahmán mayor que nos explica que el templo está dedicado a “Lord Vishnu” (siempre colocan el “Lord” delante de Visnú y Krishna) y que allí está la “donation box”. Como para no verla con lo enorme que es.
La pareja oferente está arrodillada delante de un par de brahmanes que están en una especie de cueva oscura que es como el “Santísimo” de ese templo. Los católicos ya me entendéis.
Salen al exterior y nosotros detrás. Van a una casita donde otro brahmán les echa otro responso esta vez delante de Lakshmi, la señora de Visnú, a la que sin embargo nunca llaman “Lady Lakshmi”. Y luego a un par de sitios más.
Van llegando otros peregrinos y allí seguimos viendo sus evoluciones y el exterior del templo que es muy interesante. Y pasan tres niñas con uniforme que no paran de mirarnos. Al final les digo si quieren posar para Marisa. Van con toda su clase y al final estamos en medio de todos ellos y tomando un té con los profesores.

Los estudiantes, de 13 ó 14 años, no hablan una palabra de inglés, sí asamés e hindi, pero afortunadamente un joven profesor sí habla algo. Acabamos haciendo fotos a toda la clase y nosotros con ellos.
Volvemos con la misma combinación de ciclorikshaw, furgoneta y jeep compartido.
En el hotel le pregunto al recepcionista por las señoras de la calle con grandes fajos de dinero: cambian billetes de 100, 500 o 1000 por billetes nuevos más pequeños por una comisión. Lo que consiguen sus clientes es no tener que hacer cola en el “Reserve Bank” para obtener cambio.
Son más de las 11 de la noche y la música sigue. Mañana a Shillong.
Final. Cae una fuerte lluvia y pienso en lo injustos que son los dioses que mandan lluvia aquí donde los juerguistas tienen instalada una carpa cubierta y no la envían a mi pueblo donde todo es al aire libre.
Etiquetas: Guwahati, Haigriv Madhav Mandir, Hayagriva Madhava Temple
21/02/2014 a las 11:07
Lo de la gente estupenda en la India ¿era por el joven que tenías frente a ti en el autobusillo donde sólo Marisa y tú viajarías? No hace falta que respondas. 😉
25/02/2014 a las 18:28
jajajaja, bueníiisimo : )