55. 2012 India. Delhi. Último día. Segunda parte.

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Restaurante Karim en Old Delhi.

28 de octubre.

Para nuestra última comida en la India nos vamos al Karim donde ayer no pudimos hacerlo. A pesar de que cuando llegamos son más de las 3 de la tarde está a tope; pero merece la pena: el mejor pollo de la India. Cuando nos vamos sigue llegando gente a comer.

No sé si es por la fiesta de ayer, el Id, pero alrededor de la Jama Masjid, la “Mezquita del Viernes”, hay hoy un mercado increíble y con muchísimo público. Damos una vuelta por allí, Marisa hace unas fotos estupendas y luego nos sentamos un rato en las escaleras de la mezquita que están llenas de gente. Es muy agradable estar allí viendo  “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”. (¡Cuánto me gusta la frase de Machado!)

Todo el barrio alrededor de la mezquita es un lugar muy interesante  y por donde merece la pena “perderse”, aunque también por allí, como por todo  Delhi, la polución es terrible.

Volvemos a CP en el metro y aprovecho para  echarle una ojeada a las “offences” y sus “penalties”  correspondientes.  La multa más barata es  de 50 rupias pero también por la causa más extravagante: por viajar en el techo. Pero ¿hay alguien capaz de viajar en  el techo del metro?

Nada más llegar a CP nos “ataca” un gancho: que la oficina de turismo está por otro lado y que está abierta. (La de verdad está cerrada).   Le hago una pregunta que le descontrola un poco pero el tío va detrás de nosotros  hasta que le digo que si nos va a seguir toda la tarde.  Dice que no nos sigue y como para demostrar que es así hace ademán de que se va a meter en un edificio pero la puerta está cerrada. Casi da risa. Pero son agotadores.

Buscamos unas camisetas en  Palika, un mercado subterráneo que está siempre muy concurrido.  Pregunto el precio: saca la calculadora  el vendedor  y escribe 1350. Me marcho  sin decirle nada. Me sigue y me dice que escriba yo el precio. Pongo 300 y acepta. Debería haberse sentido ofendido por esa oferta pero nada de eso. Y es que como dice Marisa: “En la India no te van a asaltar, ni vas a sentirte amenazado, pero te van a engañar” Y añado: o por lo menos lo van a intentar. Hoy por ejemplo le pregunto a un ciclorickshaw si nos lleva. Que sí. ¿Cuánto?  Dice que 400 rupias y sé que cuesta 50. Lo dicho: te agotan.

Volvemos a nuestro barrio y todavía nos sorprende como ha cambiado. Un rato a internet y a esperar el taxi que nos llevará al aeropuerto. Nos ha cogido a las 9 en punto en Paharganj y a las 9 y media ya estábamos en la puerta de la terminal 3. Si has hecho ese viaje ya te imaginarás como lo hemos  hecho. Y además no ha abierto el pico en todo el recorrido.

Y de nuevo la agradable sorpresa  de ver que el aeropuerto es nuevo y que te dejan entrar en cuanto llegas y ha desaparecido la cochambrosa sala de espera.

Cuando estamos en la librería una señora nos oye hablar, nos pregunta si somos españoles y nos da 30 rupias que le sobran   y que no sabe en qué gastarlas; pero me da vergüenza decirle  lo de “señora que me acaba de regalar 30 centímos de euro”. ¡Los turistas somos la leche! Nosotros gastamos el dinero que nos sobra en revistas y en medicinas ayurvédicas.  Antes lo hacía en Delhi antes de coger el taxi pero este aeropuerto es el único que conozco con farmacia en la zona de las tiendas libres de impuestos, aunque la farmacia no lo sea.  Eso sí intentan (¿engañarte?) venderte lo que no quieres o lo que quieres pero mucho más caro. Preguntamos por productos con Omega 3 y nos ofrecen unas pastillas americanas de 2000 rupias.  Le digo que queremos productos indios: unas 100 rupias. Imagino que con la tontez del viaje y el aturdimiento consumista de esa aparte del aeropuerto  el personal picará con facilidad.

Y aquí esperando el embarque que a pesar de ser con una línea alemana ya han anunciado que se retrasará media hora.

Matrimonials.

No puedo abandonar la India sin dejarte un retazo del suplemento de “busco pareja con fines serios”.
En el Sunday Times de hoy,  28 de octubre, encuentro en la sección de «Matrimonials» un recuadro con el título «Meet Priyanka» con una fotografía de esta señorita y un largo currículo que contrasta con la brevedad del resto de anuncios de esta sección.

Así nos enteramos que nació en Bombay pero creció en Sidney, que tiene 26 años y que posee dos MBA por la universidad de esa ciudad, además de ser arquitecta. O sea una ganga. Esta descripción de sus cualidades y méritos contrasta -para los ojos de un occidental- con el hecho de haber recibido la bendición de Jagadguru Shankaracharya Swami Swaroopanad Sarasvatiji, además de ser una ferviente seguidora suya. Que imagino que cada vez que lo diga lo tendrá que repetir ocho veces.  Su padre dice de ella que quiere que su pareja  sea educado -¡cómo no!-  y como la niña es «a travel freak», pues quiere que el novio  sea amante de la aventura y que le guste viajar. Y mejor que viva en Australia o que vaya a vivir allí. Su madre dice que la hija es la típica belleza india.  Ahora bien, habla de su sonrisa y dice la altura pero no el peso.  O es que en este país es algo de mala educación o es que la niña está gordita.  Para acabar dicen el día, la hora y el lugar de nacimiento por si el novio sigue las cosas de la astrología: dice concretamente «para aquellos  quienes creen en kundlis». Y quizás lo mejor es el final: «Los padres interesados pueden responder a…y aquí viene la dirección de los papás de Priyanka». O sea nada de pretendientes directos: tienen que ser los papás del novio quienes se dirigirán a los papás de la novia.

Cuando leo estas informaciones siempre pienso en mis hijos o en los hijos de mis amigos y de cómo reaccionarían ante un hecho semejante.

NB.

Los “kundlis” son cartas astrales con una representación gráfica del sistema solar. La posición de los planetas está basada en el momento exacto del nacimiento.
En la sociedad india es frecuente creer que se pueden  reconocer características  y rasgos de una persona a través de esas cartas, así como su destino. De esta manera se utilizan para saber si una pareja  funcionará o no.
Vaya, que yo pongo todas las cosas maravillosas de mi hija y el pretendiente me pregunta la hora y el día de nacimiento para saber si aquello irá bien o no y es que ya ni le contesto.  Pero los papás de Priyanka se adelantan y dicen que nació a las 9.12 pm del 14 de julio de 1986. Se ve que tienen muchas ganas de ser  abuelos.
Lo más curioso  es que esta sección del suplemento dominical está encabezada con esta  “Love Quote”: “Algunas veces el corazón ve lo que es invisible a los ojos”.  No se puede ser más inconsistente.

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