
Tímidas figuras de Durga.
Hoy nos despiertan unos cánticos como en Pelling y también muy tempranito. Pensamos que será de alguna procesión por la calle pero en el hotel me dicen que es una familia hindú que vive al lado.
Compensamos las carencias del cuarto de baño –solo hay agua muy caliente en una parte de la habitación y fría en la otra y tampoco tiene espejo- con un estupendo desayuno al sol en una terracita del hotel muy agradable y desde donde no se oye nada –los piadosos hindúes solo cantan lo justo para despertarte- a pesar del follón continuo que tiene el centro de esta ciudad.
Hoy es sábado y hay un “mercado de sábado”, el “haat bazaar”. Es muy interesante y Marisa se hincha de hacer fotos.
Un viejecito tiene un puesto con algo que parece queso y al que está quitando la corteza. Le pregunto si es queso y me contesta que no. Y como me dice Marisa (más bien me recrimina): eso te pasa por preguntar. Porque el abuelito corta un trozo y me lo da a probar. Y no es que me dé miedo probar lácteos de procedencia dudosa –estoy vacunado contra el tifus- pero es que no me apetece nada después de desayunar. Ha resultado ser una especie de requesón ácido. Bastante desagradable.

En toda la ciudad están montando los “pandals”, entoldados que van a contener las figuras de Durga, las que vimos que hacían en Calcuta. Aquí en el mercado hay uno pequeño y todas las figuras tienen las caras tapadas.

Realmente ha sido un mercado muy interesante.

Comida temprana en el hotel, despedida y nos vamos a coger el transporte para NJP.
Por si vienes: desde Kalimpong hay muchos “jeeps compartidos” para ir a Silíguri, desde donde puedes ir a NJP, pero para ir directamente a NJP solo hay uno que sale de la oficina de venta de billetes de la “Indian Railways”. Porque aquí, como en Gangtok, no hay tren pero sí puedes comprar los billetes. Además de ir directamente a la estación de ferrocarril de NJP, tiene la ventaja de una salida segura a la hora prevista, que para coger el tren es muy importante. Pues allí estábamos en medio del tráfico congestionado y continuo de Kalimpong nosotros y 12 pasajeros más. Y como en la ocasión anterior compruebo que en esta ciudad hay muchos mendigos. He visto aquí más en media hora que en todo lo que llevamos de viaje.

Al final ha sido un viaje terrible. Debía durar tres horas y han sido casi cuatro, con grandes atascos quizás porque hoy empieza lo de la “Durga Puja” y había una fila continua de coches en dirección contraria hacia Darjeeling y Sikim. Además en muchos sitios el piso estaba en muy mal estado y dábamos grandes saltos y encima estaba tan cargado de polvo el ambiente que a veces parecía como una tormenta de arena del desierto en la que no se ve nada. Y para acabar nuestro conductor ha decidido que debía recuperar el tiempo perdido en los atascos y se ha dedicado a adelantar pero en un plan que daba bastante miedo.
Así llegamos a NJP, una estación enorme en medio de la nada, donde ha crecido un barrio alrededor de ella, y donde es mejor que no tengas que quedarte un día entero esperando un transporte. Una agradable sorpresa: han puesto unas escaleras mecánicas y cuando vas cargado como nosotros se agradece.
Cientos, o quizás miles de personas esperando el tren, generalmente en grupos familiares o de soldados o similares que imagino del mismo destino. Suelen llevar unos grandes plásticos, los tienden en el suelo y allí se pasan las horas esperando hasta que llega su tren. Incluso la sala de espera de la “upper class” está llena a rebosar, incluido todo el suelo libre. Lo bueno es que el cuarto de baño está muy bien. Claro que en otras ciudades controlan el acceso a esta sala y aquí no. O quizás es que aquí somos todos de la “upper class”. Y aunque está bien, sobre todo si puedes conseguir un asiento como nosotros, la megafonía te pone la cabeza como un bombo pues están recitando todos los trenes que entran y salen en hindi (imagino) y en inglés: “May I have your attention please….”. Y luego un toque de piano de esos de “ñiauuunnnn”. Y eso durante horas y sin interrupción es horrible.
Marisa evita comer en las estaciones pues aquí no hay forma de conseguir comida “not hot spicy, please”. Aunque es muy temprano me voy a cenar a la cantina pues es más fácil hacerlo aquí que en el asiento del tren además de que tienes más elección de platos e incluso puedes ver lo que pides.
En este viaje tenemos la suerte de que el tren tiene su origen en esta estación y el término en Calcuta.
Al final anuncian el nuestro y vamos en busca del lugar donde situarán nuestro vagón. La gente sigue ocupando los larguísimos andenes.
Ya he explicado en alguna ocasión lo importante que es estar justo donde se colocará tu vagón en el andén, pues el espacio para colocar el equipaje es limitado y algunas familias llevan una cantidad de maletas y bultos increíble. Y los indios no tienen respeto por los límites territoriales. Y puede ocurrir que al llegar a tu asiento esté todo el espacio dedicado al equipaje totalmente lleno. Este espacio es siempre en los compartimentos de literas el que hay debajo de las literas inferiores. Claro que si haces valer tus derechos consigues sitio pero es mejor llegar antes que ellos. Y a veces encienden los luminosos con la situación de los vagones a última hora y son tan larguísimos estos andenes…y vamos tan cargados…Una solución es preguntar a un “coolie” donde caerá el vagón B2. Y aunque no lo hayas contratado –que lo puedes contratar y así evitas estos problemas- suelen decirte hacia donde debes ir. Y cada vez que encuentras a uno que parece que pueda saberlo vuelves a preguntar, como por ejemplo policías o de la “India Railway Force” (IRF), o con pinta de ferroviario, u otro “coolie”…Porque, insisto, son andenes larguísimos. Y también, por supuesto, los convoyes.
Viajamos en 3AC. Si encuentro billete vamos en 2AC, la clase más conveniente viajando dos, pero si no pues 3AC tampoco está mal. Por debajo de esta clase intento no hacerlo. Y por arriba de 2AC lo he hecho una vez.
En esta ocasión nuestros compañeros de viaje son una pareja joven que no paran de hablar entre ellos, pero bajito, y un tío joven y robusto con cara de pocos amigos creo que porque le he hecho cambiar de sitio un gran bolso. Vaya, que estaba en el sitio de Marisa. Ya he escrito muchas veces de los abusones y de cómo aquí en general la gente no se queja. De todas maneras para suavizar las relaciones le he preguntado si iba a Calcuta, pues no, que se apeaba tres horas antes.
Eso ha sido todo lo que he hablado con mis compañeros de viaje, pues la pareja joven ni dijeron hola cuando llegaron ni adiós al bajar en Calcuta. Tampoco he sabido si eran pareja o no pues no se han tocado ni un dedo en las casi 11 horas que ha durado el viaje.
He dormido como un tronco y me he despertado casi cuando llegábamos a la estación de Sealdah, nuestro destino.
Ya estamos en Calcuta y hemos pasado sin ningún contratiempo lo que podía haber sido una de las peores etapas del viaje: desde Kalimpong a Calcuta pasando por NJP.