28. India 2012. De Ravangla a Tashiding.

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Celebrando Dussehra Festival

14 de octubre.
Estoy escribiendo el borrador en el hotel más austero, más barato y más limpio de todo el viaje. Aunque son las 6 de la tarde acaba de venir la electricidad  pues llevábamos más de una hora sin ella quizás debido a un fuerte chaparrón que está cayendo. Y si estás a oscuras en un lugar remoto  y en este entorno tienes que acudir a la música. Llevo 18 días de viaje y aún no había echado mano de mi reproductor de música. Y con este ambiente he elegido mi música favorita de las que llevo: las suites para violonchelo de Bach. Quizás luego pase a Coltrane.

Ayer en el hotel de Ravangla ya nos quedamos sin electricidad por la noche. Hoy hemos amanecido sin agua. Luego me he enterado de que sólo la dan hasta las 6 y media.  Hay que madrugar más.

Cuando busco hospedaje en un hotel inspecciono  la habitación, la luz natural que tiene, la artificial, el cuarto de baño, la limpieza general, la de las almohadas en particular y alguna cosa más. Pues en el hotel de Ravangla he descubierto  algo en lo que nunca me había fijado: el espejo en el lavabo. Lo debía dar tan supuesto…Pues en ése no había. Pero es que no tenía ni donde colgarlo. Así que no me he afeitado.  Que  es para lo único que sirve el espejo. (¿Hay algo más tonto que lavarse los dientes mirándose al espejo?  Y no te digo ya si te lavas las manos mientras te miras al espejo).  A cambio de esas carencias hoy luce un sol espléndido.  Y lo necesitamos porque vamos a meternos en la  etapa más complicada del viaje: Tashiding. Es un pueblo muy pequeño y está como a desmano.  Así que será un problema y quizás más salir de allí. En nuestra última visita tuvimos que reunirnos varios viajeros y contratar un vehículo para salir y para llegar tuvimos que unirnos a un grupo de extranjeros que habían contratado  un jeep.

Desayuno en el restaurante  favorito y al “shared jeep”. Ya sabes: sale cuando está lleno.  Y a pesar de que es tempranito tenemos que esperar casi dos horas.

Esas esperas, y más cuando son en la calle como aquí, me sirven para observar  «los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa», como decía burlonamente Machado.

Veo a una señora sikimesa muy blanquita pero oronda que lleva detrás a un casi niño con una bolsa. Seguramente va al mercado y él le llevará la compra. Como el niño es muy oscuro la pareja parece una dama virginiana de mitad del siglo XIX con un esclavo negro  detrás.

Le echo una ojeada a los neumáticos del coche que vamos a coger:  desalentador. Por decirlo suavemente.

El jeep va hasta Legship, pueblo sin ningún interés pero que es un centro de comunicaciones.  Desde allí tenemos  que coger otro transporte  a Tashiding.  Nuestro conductor con ánimo de ayudarnos nos dice donde debemos esperar y le pregunta a uno que está allí: son las 10:40 pero hoy es día de no sé qué festival y no hay “shared jeeps” hasta las 2 de la tarde. Que tenemos que coger un taxi solo para nosotros.  Pero mira que puta casualidad que él es taxista aunque no nos lo ha dicho hasta que por su extraño interés en nosotros se lo he preguntado.  Y no he querido hablar más con él. Pues se ha molestado.  ¿Por qué los taxistas son siempre un impedimento para los viajeros independientes?   Si hay que cogerlos, se cogen, pero siempre andan con triquiñuelas.

Nuestro conductor nos dice que no nos preocupemos y  que esperemos allí,  que pronto vendrá alguno.  Y no ha sido muy pronto, pero ha venido.

Era un jeep que aquí llaman Savary, que es un poco, pero poco, más largo que los habituales y  donde nos hemos metido 17 pasajeros más el chófer.  Y eso que parecía  que no había nadie para ir a Tashiding.  La carreta  era tan mala que en una cuesta arriba ha hecho bajar  a siete pasajeros  que la han tenido que subir andando.  Y tan estrecha y los precipicios tan profundos  que Marisa no paraba de decirme que teníamos que haber ido a otro sitio.  Como si lo hubiésemos sabido con antelación.

Llegamos al destino y Marisa se queda donde nos deja el coche, en la “T junction”, con el equipaje y yo me voy a buscar hotel.  Y no hay muchas opciones.  Vuelvo al del viaje anterior, al bueno, pero está cerrado.  O algo así, pues solo hay un niño en el hotel y nadie más. Así que nos vamos al otro que conocemos, el austero y limpio. La dueña se acuerda de nosotros y nosotros de ella; Marisa le hizo un retrato precioso pues es hindú y acababa de regresar del templo donde le habían puesto como un puñadito de arroz pegado en la frente.

Hacemos la inscripción y vemos que hay que poner el número del permiso de entrada en Sikim y entonces descubrimos que se lo ha quedado la señora del hotel de Ravangla.  Por si las flais vamos a la policía: primero que tenemos que volver a buscarlo a Ravangla (los pelos de punta pensando lo que nos ha costado llegar hasta aquí), le explico que solo nos queda un lugar más en Sikim para visitar y que patatán y patatín. Al final nos dice que bien, que nos quedemos. Esperemos que en Pelling, nuestra próxima etapa no nos pongan problemas, ni en el control al salir de estado.  Así que otra cosa que debo tener en cuenta: no perder de vista el permiso de Sikim.

Intentamos comer algo, una vuelta por el pueblo, que se ve en tres minutos, un té y ya no hay nada más que hacer.

Al lado del hotel vemos que están construyendo un templo hindú donde antes había otro. Un señor nos explica que cuando el terremoto del año pasado el templo “collapsed”, pero que no les ocurrió nada a las casas del pueblo.  También es casualidad. Como aquí hemos venido a ver el monasterio budista, le pregunto y me dice que también sufrió daños.

Y nada más llegar al hotel la lluvia, fuerte, fuerte y con aparato eléctrico.  Así que nos quedamos confinados en la habitación oyendo llover, escuchando música, escribiendo y leyendo.  Y sin cenar después de casi no haber comido.

PD
Sobre la inspección de la luz de los hoteles.

Cuando miro la luz artificial de la habitación le echo un ojo a la eléctrica y si es dudosa también si tiene velas. Y muy importante: si hay cerillas, pues te puede pasar que tengas que echar mano de las velas y no sepas como encenderlas.  Y un añadido sobre la luz y su falta de ella: si por necesidades del transporte tienes que madrugar piensa dejar todo recogido y en orden cuanto te acuestes porque puede suceder que  por la mañana no haya electricidad y tengas que montar tu equipaje a la luz de una vela. Y así es  facilísimo dejarte algo olvidado en la habitación.

 

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2 respuestas to “28. India 2012. De Ravangla a Tashiding.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Acabo de descubrir que llevo toda mi vida haciendo el tonto, aunque quizás si te digo que alguna vez lo he hecho mientras escuchaba Giant steps de John Coltrane ya no te lo parezca tanto. Sin embargo, si te digo que simulaba tocar la trompeta con el cepillo de dientes mientras me miraba al espejo, si que te lo parezca. No se que hacer la próxima vez!!!

  2. Avatar de Al de la India Al de la India Says:

    Joséluis, espero que tus seres queridos no lean tu comentario porque eso de tocar la trompeta con el cepillo de dientes…Pero peor todavía hacerlo mirándose en el espejo.
    Un abrazo

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