
Amanecer sobre el Kanchenjunga.
7 de octubre. Hoy hemos dormido en una verdadera cama: con todas las sábanas, mantas y colchón de verdad. Y es que éste es el mejor hotel de todo el viaje, del que llevamos hecho y del que nos falta. Y encima por fin podemos ver el amanecer sobre el Kanchenjunga: una maravilla. Y desde la habitación. Más maravilla. Ha merecido la pena el madrugón.
El desayuno en la terraza también estupendo. Y no me molesta que estemos solos pero da un poco de pena. Debe ser que aún no ha empezado la temporada del turismo bengalí pues en las otras ocasiones en que he me he alojado aquí siempre había más huéspedes, aunque a los indios no les gusta nada lo de desayunar en la terraza: les encanta hacerlo en las habitaciones. Hay ocasiones que aunque el hotel esté casi lleno el restaurante está casi vacío para el desayuno. E incluso me he encontrado en lugares donde simplemente no había lugar para hacerlo pues todo el mundo lo tomaba en la habitación.
Hoy, domingo, vamos a visitar el monasterio de Enchey, el más importante de esta ciudad y además cercano al hotel. En la última visita a Gangtok también fuimos en domingo y tuvimos mucha suerte por la ceremonia a la que asistimos. Pero esto en la India siempre es una sorpresa. Y también como en la otra ocasión, Krishna, el recepcionista sikimés del hotel, me hace un mapa preciso del mejor camino para subir desde allí al monasterio aprovechando los atajos.
La subida es un empinado, bonito y tranquilo camino durante el cual apenas nos encontramos con nadie. Hay un bosque de una vegetación exuberante con algunos magníficos ejemplares de helechos arborescentes.
Como durante el recorrido hay varios edificios oficiales incluida la residencia del gobernador (o algo así) hay bastantes policías. Le pregunto a uno de ellos si pertenece a la “Sikkim Police”. Me contesta un poco ofendido: “No, Sikkim Armed Police”. Que debe ser como confundir a un policía de élite con uno municipal. De todas maneras, como ocurre siempre con las “fuerzas nacionales”, lleva un ridículo florero en la cabeza.
Enchey Gompa.
En la entrada del monasterio un letrero te explica que fue fundado en el año 1840 por Drub Thob Karpo, un monje volador («was famous for his flying power») y reconstruido por el rey de Sikim Sykiong Tulku en 1908.
La entrada al monasterio se hace por un paseo con molinos de rezo a un lado y al otro. Todo está muy limpio hasta que nos percatamos que la porquería la han echado detrás del murete que delimita el camino.

Enchey Gompa. Molinos de oración
Y esta vez en la plaza delante del templo no hay nadie. La otra vez estaba llena de fieles y monjes que cantaban en el patio y quemaban figuras de mantequilla.
Damos una vuelta por el interior del templo; delante del altar principal los regalos habituales: plátanos, chucherías, manzanas, galletas y billetes de 10 rupias. En las paredes frescos con señoritas desnudas y cabreadas y señores con el falo enhiesto.
Una nota del 4 de julio de este año del “Ecclesiastical Affairs Department” del gobierno de Sikim dice que los monasterios deberán tener los templos abiertos de 9 a 4 de la tarde cada día bajo cargo de “Kon-Nyer/Incherga” en caso de no hacerlo. Me parece una buena medida sea lo que sea el “Kon-Nyer/Incherga” porque a veces empleamos un día entero en ir a un monasterio y a llegar allí está todo cerrado. Eso deberían hacer también en España amenazarles con el “Kon-Nyer/Incherga”, porque aquí, en Sikim, están todos abiertos.
Y cuando pensábamos que allí no iba a pasar nada suena un gong y aparecen 15 monjes; parece una ceremonia con toda la parafernalia de los sonidos budistas tibetanos: trompas, caracolas, tambores, campanas,…
Entran un grupo de cinco mujeres que realizan lo de “rezar por postración”. Es una gimnasia cojonuda: estaríamos mejor los cristianos si en lugar de tantas horas de estar de rodillas en misas, triduos, septenarios y sabatinas hubiésemos hecho lo de la “full-prostration”. Lo de la “half-prostration” no vale.
Como dentro de los templos no hacemos fotos a los fieles que rezan te pongo este enlace donde explican muy clarito los 4 pasos para hacerlo. (-Apostilla del editor: Todo indica que esta dirección tibetana tiene la aprobación y el aliento de la Administración china, que hasta no hace mucho podía castigar los rezos en público con enorme severidad. ¡Lo que hay que ver!-)
Hasta una policía que estaba en el patio entra y hace la misma gimnasia-plegaria. Claro que esta tiene un tipo estupendo. Ahora cuando veo a un policía en España siempre pienso si podría hacer lo mismo que esta chica. A veces me da la risa.
Un monje recoge todas las chucherías del altar mayor y reparte un plato a cada uno de los monjes que rezan. Me pregunto si los que no han venido a rezar se quedarán sin su parte. Pero tampoco los distribuye por igual porque después de los principales solo da dos manzanas a cada uno de los monjes restantes. Luego reparten galletas –no a nosotros- y se las comen. Debe ser como una comunión pero con manzanas.
La ceremonia tiene un encanto especial pues se ha ido la luz eléctrica y solo hay la que entra por la puerta. Una iluminación como la de Kubrick en Barry Lindon.
¡Qué raro que no den té! Y como diría mi amigo Fernando: “¡y tortas de alma!” (especialidad local muy propia en estas ceremonias por su nombre).
Nosotros estamos sentados pegados a la pared junto con las mujeres y un chico joven. Este me explica que es una ofrenda que hace su familia por la muerte de su abuelo hace cuatro semanas y que este funeral lo realizan cada semana durante siete. Le digo que en España a la iglesia también solo van las mujeres y le pregunto que porqué aquí no hay hombres. Me contesta que cada uno es libre de ir o no. O sea que no responde a mi pregunta. A cambio nos da una especie de fideos secos que me dice que se llaman “mimí” pero no sé si eso es “fideo seco” en tibetano o la marca. Y los dejamos allí, en el funeral, comiendo las galletas, las manzanas y los mimís.
En el exterior un artesano está decorando un trono. Hace una labor increíble e intento hablar con él pero o es un tímido que no habla nada de inglés o el trabajo que hace no admite la menor distracción. No lo consigo.

Entramos en una casita con una sola habitación que está dedicada a las lamparitas de aceite. Hay un par de jóvenes monjes por allí y un par de fieles encendiéndolas y echando aceite. Todo muy fotogénico.

Cuando bajamos del monasterio nos cruzamos con una familia hindú que como sube por el lado izquierdo hace girar los molinillos de oración en el sentido contrario al correcto: irán al infierno. Y es que además podrían no hacer nada pero es que estos hindúes son muy rezadores y aprovechan cualquier oportunidad.
En el descenso entramos en un pequeño jardín botánico, el Flower Exhibition Centre, donde la otra vez había una preciosa muestra de orquídeas. Hoy solo hay las que tienen de forma permanente, aunque son una maravilla. Allí estamos solos hasta que aparece una pareja de novios bengalíes que realmente deben ser recién casados por el tipo de fotografías que se hacen.

Paseo por el centro de la ciudad y volvemos a encontrarnos con Candela y Pedro. ¡Qué pareja más encantadora! Lástima que ya dejan Sikim y no volveremos a encontrarnos con ellos.
Tarde tranquila.
PD. Sobre Kubrick.
Todos sabemos cómo este director cuidaba los detalles de sus películas. A mí la iluminación de la citada Barry Lindon me pareció algo maravilloso. Pues bien, parece que el diseñador de la producción de “La espía que me amó” había trabajado con Kubrick y le pidió a este director que le ayudase para la iluminación del interior de un submarino de la peli de Bond. Kubrick aceptó a condición de que su nombre no apareciese. Así no se ha sabido hasta su muerte.

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