7. La India 2012. Calcuta día 3.

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Niña en el Jardín Botánico de Calcuta.

30 de septiembre.

Hoy nos despiertan  a las 6 y media. Resulta que este establecimiento tiene una costumbre que ya había visto antes pero que creía poco corriente: el “morning tea”, que aquí llaman el “bed tea”.  Así que abro la puerta y recibo una bofetada de calor. ¿Cómo será a  las 2 de la tarde? Dan ganas de meterse en la habitación, encender el aire acondicionado y esperar a que llegue el invierno. Si es que llega.

Como es “fiesta de guardar”  pienso que también los hindúes aprovecharán  para ir a rezar a Kali así que nos vamos a hacer una visita al  templo de Kalighat. Esta visita junto con la del mercado de las flores y la del jardín botánico forman parte del recorrido habitual de todos nuestros viajes a Calcuta. Y la mejor forma de llegar hasta allí es con el metro, pero recibimos la segunda sorpresa del día: los domingos empieza a funcionar a las 2 de la tarde. Y cierra todos los días a las diez menos cuarto de la noche. Poco servicio. Así que hay que acudir al taxi, aunque ya sabéis mi divisa y que oí una vez en Barcelona: “El taxi es para cuando uno está  ‘perdío’”.

Dice la guía que este templo es el lugar más sagrado de Calcuta  para los hindúes y quizás está en el origen del nombre de la ciudad.

Nada más llegar se te acerca algún  brahmán de los que están al acecho en el exterior esperando a los piadosos hindúes que necesitan su intercesión religiosa o a algún despistado extranjero. A éstos les ofrecen colarse, pues hay una larga cola de fieles para llegar hasta  el lugar más sagrado, una imagen de la diosa Kali con tres ojos y una lengua de oro. Yo creo que la visité la primera vez. Pero sin colarme.

El ambiente es muy interesante y merece la pena  aunque en la entrada, custodiada por policías, te advierten que no se pueden hacer fotos y dada la densidad de brahmanes, a los que has rechazado antes, no creo que sea una buena idea contravenir las normas.

Con respecto a la última vez ha habido una importante diferencia: ya no decapitan cabras en el exterior, pero no sé si es porque se han quejado por lo cruel del espectáculo o porque están haciendo obras allí. De todas maneras vemos que están despiezando una cabrita así que deben liquidarlas en otro lugar.

Vemos unos cuantos  ejemplares pequeñitos atados esperando al oferente-comprador  y Marisa dice: “¡pobres cabritas!”.  Seguramente no piensa lo mismo cuando se come una “espaldita de cabrito al horno”.

Y viendo todo aquello vuelvo a pensar en lo absurdo de las religiones y sobre todo en sus rituales más absurdos todavía: coges un coco, lo partes delante de la figura de tu dios, o de tu avatar favorito,  haces correr el jugo por el suelo, tiras el coco a un montón y tu dios se pone loco de contento. Pero eso aún lo haces tú solo y está dentro de tus posibilidades  pero cuando necesitas un intermediario  que rece o recite esas fórmulas que solo ellos conocen –hindúes-  o que solo ellos pueden decir –cristianos-…Allá tú y tus creencias. Y ellos con sus negocios. Por eso todos los pensadores religiosos que han dicho que no se necesitan intermediarios entre la divinidad y el personal han acabado tan mal.

Leo en la guía que por  allí hay una zona donde se hacen imágenes religiosas. En esta ciudad hay un barrio famoso  por esa artesanía, Kumartuli, y éste parece ser una copia en pequeño. Afortunadamente encontramos a uno que nos dice el nombre, no sé si del barrio o de los “image makers”: “potuapara”. Porque gracias a esta mágica palabra hemos podido llegar hasta allí preguntando una y otra vez. Muy, muy interesante.

Trenzan con paja una estructura casi siempre igual: Durga con un león a sus pies. Luego cubren  de barro una especie de superficies leñosas planas que aplican sobre la estructura y finalmente le aplican barro negro encima. Otros hacen las caras y las manos (sin dedos) con moldes  y se las  colocan posteriormente. Al final les pegan los dedos. Imagino que los secan al aire y los pintan.   Y cuando llega “Durga Puja” todos al río Hooghly. Digo que “¡qué pena tanto trabajo para nada!” y Marisa me contesta: “Como en las Fallas”.

Sucede a veces que te sorprende algo que no esperabas como esto de “potuapara”. Una suerte.

Y con otro taxi al Jardín Botánico. Tú esperarías que en Calcuta todos los taxistas supieran donde se encuentra ese jardín; el nuestro ha tenido que preguntarlo un montón de veces. Por si vas: se pasa un puente de peaje y el taxista  espera que tú lo pagues directamente. Además este taxista intenta aplicarme una tarifa especial, la “tarifa primo”. Calculo de lo taxímetro por dos más dos y se queda conforme. ¿Es que no hay taxistas honrados en Calcuta?

En la entrada del Botánico el mosqueo habitual de todos los lugares oficiales: pagamos 10 veces más los extranjeros que los nacionales.

Como siempre vamos a visitar el árbol más grande del mundo. O el segundo.

Este jardín es un lugar muy agradable, que merece la pena el paseo aunque los  edificios que albergan colecciones estén cerrados. Además es el único lugar de Calcuta donde he visto parejas festejando.  Pero sin achucharse; solo sentados uno al lado del otro y todo los más cogidos de la mano. Ha sido muy curioso ver a una pareja de musulmanes muy jovencitos, ella con el niqab y el novio echándole la mano por encima del hombro. Imagino que a este paso y viendo   como se le iba la mano de él hacia abajo “peligrosamente”, acabará tocándole las tetas antes que le verá la cara. Si las tetas merecen la pena…Y por supuesto él iba vestido totalmente a la occidental.

Volvemos al centro con un autobús que atraviesa Howrah: un recorrido muy interesante para ver la India de verdad.

Damos una vuelta por el New Market. La guía recomienda que vayas por allí antes de las 8 de la mañana porque a esa hora los ganchos aún están durmiendo.   Pues hoy domingo y a las 8 de la tarde están todos despiertos  y son francamente pesados. Y todo el entorno del mercado  es un hervidero de gente. ¡Cuánto personal hay en Calcuta!

¿Cómo se llaman a los que tienen fobia a las multitudes?  Aquí se morirían en dos minutos.

Un ratito de internet y  a dormir.

PD
La fobia a las multitudes se llama oclofobia, enoclofobia o demofobia.  Por cierto, una vez oí a Francino decir que lo payasos le daban “yuyu” o algo así. ¿Cómo se llama la fobia a esos señores? Coulrofobia. Para un concurso.

 

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Una respuesta to “7. La India 2012. Calcuta día 3.”

  1. Avatar de jose luis jose luis Says:

    Hay un chiste sobre esto de mujeres tapadas hasta los pies y jóvenes mirando mientras pasa.
    Un grupo de jóvenes musulmanes vestidos a la manera occidental miran con lascivia a una joven que pasa frente a ellos vestida con un niqab negro de la cabeza a los pies, dejando asomar simplemente un pie. Y uno de ellos le dice, ¡que no me entere yo que ese tobillo pasa hambre!

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