Dos síntomas habituales, muchas veces unidos, veo que preludian y concluyen las corruptelas constructivas tan habituales en la España contemporánea. El inicio es una obra innecesaria cuanto más faraónica mejor; una parada del AVE en el Sahara o un circuito de Fórmula 1 en Salvatierra, por ejemplo, algo que no sirva a nada ni a nadie, por lo menos con argumentos que puedan expresarse en público. La conclusión es la falta de mantenimiento de la obra una vez que ha servido para el fin inmediato de su construcción. El deterioro de la misma puede ser consecuencia de la desidia y la imprevisión o estar planificado junto con los que se encargan de la deconstrucción. Las obras menores también valen y así se ven con frecuencia mejoras de cosas inmejorables.
Viene ésto a cuento de la noticia sobre el abandono del circuito urbano de Valencia en el que todo lo llevable ya ha sido llevado, por lo que habrá que reponerlo en el supuesto de que el circuito se utilice alguna otra vez.