25. Amasya.

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11 de abril del 2011.
Yo no soy muy partidario de los “hoteles históricos”, “hoteles con encanto”, “hoteles típicos” y en general de los hoteles con adjetivo. Ayer hicimos una prueba pero nos hemos arrepentido. La situación del hotel es magnífica, en la zona antigua que está pegada al río, Hatuniye Mahallesi, un barrio de casas otomanas, casi todas restauradas y muchas convertidas en hoteles y restaurantes. Además nuestra habitación da directamente sobre el río y encima estamos solos, en el hotel y yo diría que en todo el barrio porque no se ve ni un alma. Pero el que sea “histórico” no quiere decir que sea “confortable”. Además en este caso lo que han intentado ha sido convertir el hotel en un museo etnográfico, pero en exceso. Total que no estamos cómodos. Así que tras el desayuno y aprovechando que hace un día muy malo le decimos a la señora que hemos decidido acortar la estancia y que nos vamos a Estambul. (Ayer le dijimos que íbamos a estar dos noches). Cogemos los bártulos y nos vamos a un hotel normal que no está pegado al río y que tendrá por clientes no a los extranjeros en búsqueda de las esencias turcas sino a los propios turcos con sus esencias.
Empezamos el recorrido de la ciudad con una visita a la oficina de turismo: tendré que aprender a leer “los lunes cerrado” porque así debía de estar de claro en el letrero de la cerrada puerta porque como había un picaporte y pasaba de la hora de apertura he golpeado y se ha oído como un estertor y Marisa me dice: “un perro”. Y aparece un turco gordito y cabezón con tos de fumador y pinta de buena persona (¿cómo las buenas personas fuman y se matan con el tabaco?) y me señala una frase en el brillante y dorado letrero de la puerta que debe decir que los lunes no abren. Así que nos vamos a ver las tumbas pónticas que sí abren los lunes.
En mi anterior viaje decía en este blog que las tumbas son más bonitas desde abajo que desde las mismas tumbas pero realmente si no llegas hasta ellas no te percatas del trabajo inhumano que realizaron bastantes humanos para que unos pocos, muy pocos, humanos, los reyes pónticos, no se sintiesen humanos, si no dioses. ¡Excavar en piedra caliza aquellas tumbas!
Tumbas pónticas
Y quizás porque es lunes, o el tiempo inclemente, estamos solos. Luego suben un par de turcos, pero nada que ver con lo que imagino que será dentro de un mes.
En la otra ocasión que las vi había un par de jóvenes que con un rotulador hicieron una pequeña pintada en una de ellas. Les fotografié y les eché una bronca de la que imagino que se quedaron solo con mi enfado pues no hablaban ni una palabra de inglés y lo que yo sé de turco, como berenjena y algunos postres dulces no sirve para estos casos. Luego publique en Flickr esa fotografía como muestra del mundo bárbaro y macarra. Macarras turcos en las tumbas de los reyes pónticos

Un concienciado turco me escribió un comentario en su idioma. Resulta que me ponía verde pues creía que yo era uno de esos sujetos o que los ensalzaba. Se lo expliqué, se disculpó y quitó el comentario. Pues aquello ha ido a más y ahora hay un montón de pintadas. ¿Por qué en Japón o en Tailandia no ves ni una y aquí llenan los mayores monumentos? El único lugar donde no las hay es en los monumentos a Ataturk.
Tumbas pónticas con pintada macarra
Información práctica: a pesar de lo que dicen algunas guías, como la mía que hace 30 días que se publicó, el horario de apertura en abril es de 8:30 a 16:45.
Después nos vamos a ver “la otra tumba póntica”. La situación no es tan espectacular pero para mí es la más interesante.
Pasamos por una calle donde aparcan las furgonetas que van a Merzifon. ¡Vaya nombre de pueblo! “¿De dónde eres tú?”. “Yo soy merzifoniano”. Que parece de “La guerra de las galaxias”. Aunque quizás es un sitio estupendo de gente feliz y no fumadora.
Y preguntado unas 200 veces damos con el camino que entre huertos llenos de árboles floridos nos lleva hasta la “Aynalı Mağara, la Cueva del Espejo.

Como ves (o espero que veas) se escribe con una ge con sombrerito; eso quiere decir que no se pronuncia o casi. O sea que se dice “meara”. Que si ya resulta raro ver a una pareja de extranjeros preguntando por una tumba a la que no va nadie, y que está a unos 4 Km, si encima dices “magara” es que ya es imposible que te entiendan. Además lo de la distancia también es algo muy curioso en este caso. La guía dice que está a unos 4 km de la plaza principal, pero no dice cual es esta plaza. Nosotros fuimos preguntando y cada vez el sorprendido viandante nos decía que estaba a 4 Km, llevásemos 200 m ó 3 Km andados. Pero allí llegamos. Por cierto que la última pregunta se la hice a un policía que estaba de guardia delante de un gran complejo, “Ziyaret”, y además de decirme “burda”, que siempre te lo dicen cuando preguntas algo, al final me dio la mano. ¡Mira que son amables!
A mí esa tumba me encanta. Está pegada a una carreterilla sin circulación que no sé a dónde va, enfrente de unos huertos que están pegados a un río y todo el recorrido sin un alma. Pues cuando estamos allí aparece el dueño del huerto que está enfrente de la tumba. Me da la mano, los cabezazos de rigor y nos intercambiamos unas cuantas frases. La mía: “lo siento pero no entiendo nada”. Que es lo que pretendo que se me entienda cuando digo: “no turk”, poniendo mi mano derecha en el pecho. Pero él me tiene más de 5 minutos explicándome algo de la tumba. Parece ser que le encanta. A mí me hubiese gustado decirle que qué suerte tenía de tenerla enfrente cuando trabajaba la tierra de aquel huerto y que qué lugar más bonito.
Dice la guía que quizás fuese utilizada como capilla por los bizantinos pero sería para las misas de campaña como las que hacen (hacían) en los cuarteles y en los campamentos del Frente de Juventudes y quizás en los de los “boys scouts” (que no sé como se dice en castellano) pues allí no cabía ni un cura. Y por supuesto con pintadas en cantidad. Así que hemos decidido abrir un álbum en Flickr con el “Mundo macarra y bárbaro”.
Descubrimos que 2 ó 3 de los 7 u 8 km que anduvimos se pueden hacer en un autobús urbano así que cogemos uno para el centro. Una pareja de turcos nos ayudan en el empeño. Voy a pagarle al conductor y me dice que no y algo más. Los turcos ayudadores le dicen algo de “turistas”. ¿Será que los turistas y más en esta época tan desapacible no pagamos billete? La verdad es que allí nadie paga, unos llevan como un bonobús (¿habrá algún responsable de los transportes municipales de Amasya que no sepa que hay un bonobús?) y otros entregaban una tarjeta.
Afortunadamente en una parada donde había una caseta el conductor le dijo a uno que nos acompañase para comprar un par de tarjetas: es que en esta ciudad, como pasó durante un tiempo en Madrid, no venden billetes en el autobús, que tienes que subir con él. Pero eso no lo pone en la guía porque como en Amasya todos los monumentos están cerca (menos esa tumba) se supone que no necesitas coger ningún transporte urbano. Pero si vienes aquí tenlo en cuenta pues a lo peor te topas con un conductor borde y no te deja subir.
Comida en un restaurante y nos vamos a ver alguna mezquita. Primero la otomana del sultán Beyazıt II , el complejo más grande de Amasya, que incluso tiene una casita para el astrónomo. O mejor tenía pues no creo que sigan teniendo un físico en nómina aunque sería una fardada para el cura de esa parroquia cuando se reuniese con los otros de la ciudad decirles lo de “voy a pedirle a mi astrónomo que me calcule el orto para mañana”.
Una mezquita preciosa de 1486 y con muchos abuelos por allí charlando y esperando la hora del rezo. Mezquita del sultán Beyazıt II
De allí nos vamos a la mezquita de la madraza del Cielo Azul, por nombre Gök Medrese Camii, una mezquita selyúcida del siglo XIII muy interesante. Cuando llegamos han acabado de rezar y charlo con el imán antes de que cierre. Cuando digo “charlo” es que le digo, a su pregunta, que somos españoles y que aquello es muy bonito. Vaya, yo digo siempre que somos españoles pero realmente no tengo ni idea de lo que me preguntan. Y es curioso que hasta aquí no deben llegar los apóstoles vascongados, que se deben quedar en el Kurdistán, pues aquí nadie me pregunta por ellos.

Cuando salimos empieza a llover y un abuelo que estaba en el interior nos coge por banda y no para de explicarnos cosas. Realmente no sé si nos estaba hablando de las glorias selyúcidas, de los otomanos o nos estaba pidiendo una propina pues en algún momento dijo la palabra “bahşiş”. Pero no dejó de hablarnos mientras estuvimos allí.
Y sigue la lluvia, empieza a nevar, hace cada vez más frío y nos tenemos que refugiar en el hotel. Acaba la lluvia, la nieve y desaparecen las nubes. Y entonces pensé que quizás ya habíamos entrado de verdad en la primavera con aquel cielo tan azul y tan bonito, aunque sigue haciendo un frío que pela.
Damos un paseo por la orilla del río: Amasya es una ciudad preciosa.
Nos tomamos un tentempié en una cafetería enfrente de las tumbas. (Aquí se está siempre enfrente de ellas). Y me reafirmo en mi idea de que son más impresionantes y “escénicas” desde abajo.
Un rato de internet y a dormir.

Enlace al álbum de las fotografías del día.
20110411

Una respuesta to “25. Amasya.”

  1. Avatar de Carmen Carmen Says:

    ¡Qué bonito álbum de fotos!

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