5. Kars. Ani.

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Ani22 de marzo del 2011

Esta noche ha debido llover porque el suelo está muy mojado, pero me parece que en esta ciudad    siempre está mojado.  Quizás porque quedan grandes trozos de nieve congelada por las calles. Ayer vimos a un señor que partía el hielo de la acera de delante de su casa con una enorme hacha de leñador. Imagino que estarán así también las terrazas y tejados y que el deshielo hace que siempre estén goteando. Al final  todo esto da un ambiente poco amable a la ciudad. Además el cielo estaba esta mañana totalmente cubierto. No era la mejor perspectiva para visitar Ani, nuestro objetivo del día.
Para compensar hemos empezado con un magnífico desayuno turco: huevos duros, quesos, aceitunas, pan, mantequilla,  mermelada, miel, queso  –esta ciudad es famosa por su miel y sus quesos- aunque no había tomate. Pero han sacado una fuente de nata (o algo parecido)    recién hecha, espesa como si fuera mayonesa así que quizás era otra cosa, pero con la miel estaba mortal.
A las 9 nos esperaba el conductor que nos iba a llevar a Ani. Este viaje solo tiene un problema: la falta de transporte. Solo puedes ir hasta allí con un taxi o con el que nos lleva hoy. Como ayer me pidió que no le dijese al otro viajero cuanto habíamos pagado le he preguntado lo qué debía decirle si nos lo preguntaba: 90. Hemos pasado a recogerlo y efectivamente era el  joven del castillo de ayer. Había llegado en avión desde Estambul donde trabaja en un banco francés, como él. Ayer cuando lo vimos no hizo ningún ademán de acercamiento pero hoy ha resultado simpático.
Cuando salimos de Kars hay una joven extranjera haciendo autostop. Nuestro conductor para raudo y veloz pensando en el posible negocio y a la joven se le ilumina la cara por su gran suerte imaginando que es un buen samaritano turco. La alegría le dura hasta que le pide 40 liras. La chica se ha debido quedar de piedra al comprobar que le ha parado el único conductor que sin ser taxista se gana la vida haciendo viajes a Ani. Total que ha rechazado el precio y nos hemos ido.
El turco nos ha comentado la imprudencia que supone que una chica solo haga este tipo de viajes. Para mí, más que peligro, era la dificultad de regresar. De Kars a Ani hay 45 km y los une una carretera   de 4 carriles totalmente nueva y que parece que ha sido pagada por el ministerio de turismo. Pero es que no hay ningún pueblo importante entre ambos, excepto un par de aldeas.  O sea que no hay transporte público y casi ni privado. Así que es posible que encuentres a alguien que te lleve hasta allí pero también es posible que no encuentres a nadie para regresar a Kars o que te cobren lo que quieran.  Una imprudencia. Añade a todo esto un páramo muy frío y amenaza de lluvia. Pues se ha quedado allí.
En  mi primera visita todo el territorio estaba cubierto de nieve pero ahora pero solo había trozos de ella. El conductor lo ha achacado al calentamiento global. También ha aprovechado para explicarnos que los británicos deshicieron una nación –o algo así-que había en la zona y como después los rusos ocuparon Armenia (y según él la siguen ocupando) y son los culpables de que las relaciones entre ese país y Turquía no mejoren.
Llegamos a Ani, el conductor se queda en la garita de la venta de billetes y nos dice que “tres horas”.
El joven francés tiene el acierto de salir sin esperarnos y nosotros nos dedicamos a recorrer lo que queda de una ciudad  que, según la guía, tenía 100 mil habitantes a comienzos del siglo XI y que rivalizaba con Constantinopla.
Ani.¿Cuántos habitantes tenían las grandes ciudades europeas en el año 1010? Pues aquí no queda ni uno. Cuando la visité en año 2007 estaba yo solo y hoy estamos tres. La gran diferencia es que la otra vez el cielo estaba azul, el suelo cubierto de nieve y hoy no quedan ni rastros de ella y el cielo está totalmente encapotado. Tanto que la mitad del recorrido lo hemos hecho con una ligera lluvia. Lo he sentido en especial porque es un sitio muy fotogénico y aunque Marisa es una excelente fotógrafa  no puedes hacer mucho si a la lluvia le añades viento y bastante frío.   Pero ha sido de todas maneras una visita muy interesante.


A las tres horas en punto ya estábamos en la garita de la entrada y allí además del cobrador y el conductor estaba la joven de esta mañana. No sé quien la ha traído ni lo que ha pagado por la vuelta pero ha regresado con nosotros. Y me temo que apenas ha visto nada pues no nos hemos encontrado con ella en toda la mañana. Claro que sí podrá decir que ha estado en Ani.
Cuando llegamos a Kars está cayendo una fuerte lluvia. Nos despedimos de todos y nos vamos a comer a un restaurante donde estuve en el otro viaje y que recomienda la guía.  Una comida estupenda para compensar los rigores del tiempo. Cuando salimos el cielo se ha calmado y vamos a dar una vuelta por la zona donde hay casas de la época rusa. Lo curioso es que estuvieron solo unos 40 años –de 1878 hasta 1920-   pero las casas que hicieron querían que durasen para siempre: son macizas, de basalto, con líneas clásicas y unos enormes balcones que sobresalen muchísimo de las fachadas.   Afortunadamente algunas han sido reconvertidas en centros oficiales y están bien conservadas. La guía dice que son de “arquitectura báltica”.  ¡Con lo lejos que está el Báltico de aquí!


Se nos acercan tres jovencitas de unos 15 ó 16 años. Intentan hablar con nosotros en inglés y no es que no sepan pronunciar bien, es que no saben decir nada excepto el “How are you?” y el “What is your name?”. Intentan decir algo más pero debe ser en turco porque a pesar de mis intentos no logro entender nada.
Como el aspecto del cielo parece mejorar volvemos a la iglesia de ayer, la de los Apóstoles, pero vuelven las nubes y las fotografías se malogran de nuevo. Y también de nuevo las niñas “molestosas” de ayer aparecen y nos gritan “Hello” y nos tiran alguna piedra. Lo curioso es que son escolares con uniforme.
Entramos en una mezquita cercana y un joven con aspecto excéntrico nos dice –casi nos increpa- que Marisa debe cubrirse con un pañuelo la cabeza. Extraños son los dioses: les molesta el pelo de una mujer pero no el de un hombre. Imagino que el pelo de Marisa podría distraer la atención de los fieles que iban a rezar pero no les molesta el bisbiseo de un joven que ha estado hablando por un teléfono celular mientras hemos estado allí. Las religiones siempre tan consecuentes. ¡Y tan feministas!
Vamos a internet y como en Estambul me llevo la sorpresa de que no puedo entrar en mi correo de Terra.  Como toda la información está en turco le pregunto al muchacho que está al frente de aquello. No habla una palabra de inglés pero busca la traducción y me la enseña: “web prohibida”. No me lo puedo creer: ¡Terra en la categoría de webs peligrosas! Me hubiese gustado que me lo explicase si en algún sitio decía la razón. Así que cambiamos de garito y en el otro no puedo entrar en otra web pero creo que es por un problema de teclado. ¿Qué dura es la vida del internauta!

PD
Hoy la calma y la soledad de Ani estaban interrumpidas por un gran estrépito como de varios tractores  al otro lado de la frontera, en Armenia. Había unas grandes canteras y mucha maquinaria pesada trabajando. Era realmente molesto en aquel ambiente tan especial, pero pensé que a mucha gente de mi pueblo les hubiese encantado.  Han hecho un circuito de motos en un lugar cercano a una laguna y ese sonido continuo de las motos con escapes ruidosos les suena de maravilla. Siempre me recuerda la frase del teniente coronel interpretado por Robert Duvall  en “Apocalipsis Now” cuando bombardean con napalm: “Me gusta el olor del napalm  por la mañana, huele a victoria”. (Traducción abreviada).
Gracias al cielo pararon a las dos horas de estar allí. En mi pueblo tardarán más: cuando se acabe la gasolina, que se acabará, o cuando alguien con el suficiente poder piense que el dilapidar una fuente de energía es algo estúpido.
20110322