
21 de marzo del 2011.
Empezamos el día con un copioso desayuno.
Para ir desde el centro de la ciudad a la otogar vamos a hacerlo con el “servis” de la compañía de autobuses desde el hotel en que estamos. Nos dicen que salen a las horas y diez minutos, pero que el de las 9 sale a las 9:40. Siempre la gran barrera del idioma. Pues pasa a las 9:10. En Estambul en las compañías de transporte y en los hoteles siempre encuentras a alguien que habla un poco de inglés pero aquí nada de nada.
En la otogar vamos a la sala de espera de la compañía que nos llevará a Kars. Aprovecho para escribir un rato pero hay un problema: en las estaciones de autobuses está prohibido fumar pero el personal que no quiere salir al exterior a hacerlo, fuma en las pequeñas salas de espera que tiene cada compañía. En la nuestra había dos turcos fumando sin parar. Pensé recordarles un gran letrero que en la pared decía que no se podía fumar bajo multa de 69 liras. (¡Curiosa cantidad!). Luego pensé que debían ser viajeros que iban también a Kars y quien sabe si no necesitaría de su ayuda.
Cuando llega la hora de la salida nos acompañan a la carretera fuera del otogar (importancia de llevar un equipaje manejable con aquel suelo embarrado) y nos montan en un pequeño microbús a pesar de que cuando nos vendieron los billetes nos enseñaron un gran autobús y nos señalaron nuestros asientos.
Vamos por una especie de autovía y el paisaje es estepario, sin ningún árbol pero con un río que seguimos continuamente. Me recuerda al Ebro y los Monegros pero con menos árboles todavía. O sea ninguno.
Pero es el río Aras, un río muy internacional pues llega hasta la frontera armenia donde se junta con el Arpa, que luego veremos en Ani. Sigue haciendo de frontera entre los dos países y luego entra en el enclave arzebaiyano de Najicheván. Luego hace también de separación entre Irán y ese enclave. Más tarde sigue entre la frontera de ese territorio e Irán y luego entre este país y Armenia. Luego entre Irán y la República de Nagorno Karabaj, para entrar finalmente en Azerbaiyán y desembocar en el mar Caspio.
¡Cuánto me gustaría seguir su curso! ¡Qué países tan interesantes cruza! Claro que la mayoría tienen contenciosos territoriales con sus vecinos y no puedes pasar las fronteras… A no ser que vayas con uno como el ferroviario de Erzurum. ¿Te imaginas una docena de españoles, o franceses o italianos, de más de 50 años –que son los que se pueden pagar esas “aventuras”- vestidos de “Coronel Tapioca”, por allí?
Sigo. Al final del recorrido aparecen algunas colinas y algunos pinos y de repente surge una enorme extensión totalmente cubierta de nieve hasta donde alcanza la vista, con la única excepción de la banda negra de la carretera.
Y así llegamos a Kars.
Vuelvo al mismo hotel donde estuve la primera vez y ahora es el dueño del hotel el que me dice que va a contactar con un amigo que hace viajes a Ani. Es aquel del que la guía decía que si no lo buscas tú él te buscará a ti. Debe tener contactos en todos los hoteles y le avisan de la llegada de cualquier turista occidental. Porque aquí todos venimos para ir a Ani. Así que quedo para vernos al final de la tarde.
Visto como funcionó la otra vez y lo duro que tuve que regatear quiero saber cuanto cuesta un taxi normal y así tener información del precio. Y nada más salir del hotel un taxista se me ofrece para llevarnos a Ani. Ya tengo el precio.
Nos vamos a ver la iglesia de los Doce Apóstoles, que es un lugar que encontré encantador en mi primer viaje. No tengo que recordaros a Heráclito pero nada es igual. Esta vez la meteorología no ayuda y esa iglesia convertida en una mezquita se ve triste y oscura y además está cerrada. Encima aparecen tres niñas que más que querer hablar inglés con nosotros lo que quieren es molestar. No paran de gritarnos frases sin sentido y andar muy cerca de nosotros. Deben ser la variante ciudadana y femenina de los que les tiran piedras a los ciclistas.

Subimos al castillo. La vista desde allí sobre la ciudad y todo el territorio es impresionante pero esta vez está todo cubierto y con neblina. El castillo está muy bien y hay solamente un joven turista occidental.

Como todos los días entramos un ratito en internet y de esta manera me entero por una nota de mi hijo que ha habido altercados en algunas ciudades turcas con población kurda por la celebración del año nuevo kurdo, el Newroz, pero esta ciudad aunque está muy cerca no es kurda aunque pienso que los gritos que oímos ayer y que yo creí que eran de fútbol debían ser de esa celebración.
El que nos quiere llevar a Ani acude a la entrevista y llegamos a un acuerdo pero vamos a ir con un turista más. Imagino que será el joven del castillo de esta tarde.
Esperemos que mañana el tiempo sea mejor, aunque está previsto lluvia y hielo, pero el que haga tan malo es una putada. Y grande.
Pamuk.
No me puedo resistir a trascribir la frase que Pamuk le dedica a esta ciudad y que ya escribí en mi primera crónica: “En Kars sólo pueden estar contentos los tontos y los malvados.”
Si quieres saber más de esa crónica aquí tienes el enlace.
20110321
17/10/2011 a las 20:35
Ángel no sé si el río Aras tendrá un cáuce decente en todo su recorrido, pero sospecho que con la afición que tienen los turcos a las presas, además grandes grandes, podría ser que esté casi seco y contaminado en su paso por esos sitios tan evocadores. El Éufrates!!! llega a Siria tiritando, y pasa por Irak como alma en pena para dejar una cantidad y calidad del agua vergonzosa en el mar. Qué pensarían los babilonios si lo vieran así?
18/10/2011 a las 10:34
Joséluis, muy poética tu preocupación por los babilonios pero, como dices, el aprovechamiento de los turcos, el famoso GAP, ha convertido desiertos y estepas en tierras de cultivo.
Un abrazo
20/10/2011 a las 22:19
Pero no para todos Ángel, los turcos se han llevado la mejor parte.
21/10/2011 a las 21:04
Para eso somos los más poderosos de la zona y además estamos en la parte superior de la cuenca. Osea como los ricos de padres poderosos: todo facilidades.