Hace 370 años, en la edición de 1640 de su libro «El político don Fernando el Católico», decía Baltasar Gracián:
«Los mismos mares, los montes y los ríos le son a Francia término connatural y muralla para su conservación. Pero en la monarquía de España, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias, las inclinaciones opuestas, los climas encontrados, así como es menester gran capacidad para conservar, así mucha para unir.»
D. Fernando tenía esa capacidad pues decía de él Gracián como resumen que «Finalmente, en todos los catálogos del aplauso y de la fama halló a nuestro universal Fernando por católico, valeroso, magnánimo, político, prudente, sabio, amado, justiciero, feliz y universal héroe.»
En los sistemas electorales modernos no se piden esas prendas que adornaban por azar a algunos autócratas de tiempos pasados, aunque si se escucha a los panegiristas de los políticos actuales expresan mayores elogios de sus mentores (seres superiores) con mucho menos talento que D. Baltasar. Lo que sí parece evidente es que ya no hay varones así, por lo que el poder debe quedar en manos de las personas de otro sexo que tengan esas o parecidas virtudes.
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