Al bajar de la “Observatory Hill” vemos a un edifico de la época colonial donde un letrero dice: “Biblioteca”. ¿Cómo será la biblioteca de Darjeling? Pues lo mejor es entrar para verlo. “¿Se puede?”. Quizás me hayan contestado en nepalí la gansada esa de “Se va pudiendo”, pues un señor muy amable nos ha tomado bajo su tutela y nos ha hecho un recorrido turístico.
Primero te encuentras una gran sala de lectura, limpia y ordenada. Solo hay un señor leyendo un periódico. Estos están sobre unos grandes atriles de madera. Hecho una ojeada al “Times of india” y leo que el Rothang Pass ya está cerrado por la nieve, y estamos todavía a octubre.
El señor del periódico se va y no queda nadie en la biblioteca excepto cinco bibliotecarias que están sentadas sin hacer nada en una mesa controlando la entrada. Imagino, porque lo más curioso es que tienen un infiernillo con brasas para hacer y calentar el té. Eso en una biblioteca que además tiene todos los suelos y escaleras de madera. Pero esto es la India, aunque los nacionalistas de Gorkhaland se crean que es Andorra.
Luego nos lleva a los pisos inferiores. En una habitación con estanterías llenas de libros nos dice “English”. Me da la impresión que la mayoría de aquellos libros son de la época colonial y un bibliófilo se hubiese vuelto loco. En otra habitación dice “Nepali”. También que el nepalí y que el hindi comparten el alfabeto y son muy similares. Y no logro saber si allí también están los libros en hindi. Y finalmente dice “Bengal”. Pero también que él no lee el bengalí que sin embargo es el idioma oficial del estado. Y para demostrármelo coge un tomo de una colección muy antigua, lo abre y enseñándome una página me dice: “Very difficult”. Y me lo dice a mí que no habría sabido si me lo enseñaba al derecho o al revés, sino hubiese sido por los “santos”.
Al salir nos hace poner el nombre y firma en el libro del registro. Somos los números 9 y 10 del día. Luego buscamos el lugar de la vista del amanecer. Es un precioso mirador en “The Mall” donde hay un grupo de abuelos charlando.
Esta mañana me he dado cuenta de que a veces nos fotografían o graban como al descuido. En otros viajes nos lo pedían directamente como nosotros acostumbramos a hacer pero se ve que a estos turistas calcutanos les da vergüenza o sus máquinas tienen un tele más largo. No logro entender que tenemos Marisa y yo de exóticos, sobre todo aquí en Darjeling donde sí se ven turistas occidentales con pintas de tales.

Nos vamos a ver el monasterio de Buthia Busty. Es una cuesta abajo de esas que te rompe los dedos de los pies pero que luego tiene la recompensa de encontrarte con un precioso lugar. Un monje medio viejo nos abre la puerta del templo y responde a algunas de mis preguntas pero en lugar de sacarme de dudas me crea más: hay una estatua con muchos brazos y cabezas como la que vimos en Yuksom y de la que un monje tibetano me dijo que era Buda aunque no entendí el porqué de la profusión de tales. Este de hoy me dice que no es Buda, que es “Lockisuri”. Pero como veo que no sabe escribir en caracteres latinos me ha dado una información fonética que transcribo a bulto.
“¿Cuántos monjes hay?”. Es una pregunta comprometida. La respuesta: “20 ó 22”.
Aquí parece que son todos bhutias y lepchas (parece que sigamos en Sikkim) pero luego le pregunto a un joven monje que anda por allí y me dice que es tibetano.
Me hubiese gustado preguntarle por los cuatro guardianes de la puerta que aquí están especialmente bien dibujados pero aquel hombre no tenía muchas ganas de charla y enseguida nos abandonó.
En el interior del templo una gran fotografía del “karmapa” de Rumtek, el jovencito al que no le dejan ir allí y la inevitable del Dalai Lama. ¡Y luego hablan del culto a la personalidad de Stalin o de Franco! No he visto en mi vida más fotografías que las de ese personaje.
En una vitrina del templo hay un pedrusco y una nota advierte que esa “stone conch” (palabra de la que no encuentro el significado) tiene poderes sobrenaturales y que sirve para evitar huracanes, tormentas y “nail stone” (tampoco sé de qué va, ¿será un panadizo?).
Después de unos paseos por la plaza Chowraska, donde está la estatua del famoso poeta nepalí del que en mi anterior viaje dije que había escrito el Ramayana, aunque el editor de “elsoles” aclaró el malentendido.
Y la sorpresa no tiene límites: tres adultos occidentales cantando, tocando la música y balanceándose al grito de “hare, hare, Krishna, hare”, mientras un cuarto intentaba vender unos libros gordísimos. A mí las representaciones religiosas siempre me dejan perplejo pero ver a aquellos cuatro haciendo el ganso delante de aquella gente…La verdad es que no sé si cabrearme con ellos o conmigo por pensar que la humanidad es más sabia y sensata de lo que es. No me lo puedo creer.
Regresando al centro me percato de las conducciones de agua que bajan a veces se desdoblan en varias decenas. Es como si cada casa tuviese su propia cañería desde un depósito general.
Vamos al hotel para nuestra lectura y escritura diaria y más en éste que estamos que es una maravilla para esos menesteres.
A las 17:08 grandes gritos desde una mezquita: son pocos pero muy escandalosos.
Cuando salimos a dar nuestro paseo nocturno vemos a un grupo de coros y danzas en el estrado que ha montado el Gorkha Janmaldi Morcha (GJMM) en Chorawska. Lo hacen bastante mal y con poca gracia, pero el público los sigue muy animados.
Internet, cena y a dormir que mañana vamos de nuevo a ver la salida del sol.
Final.
Una vez leí una información sobre “chiringuitos financieros”.
“Un solo chiringuito, si tiene el suficiente tamaño en término de clientes y patrimonio, puede provocar un desaguisado” advierte el jefe de una casa se Bolsa que prefiere el anonimato”.
No te jode: después de una obviedad es mejor que no pongan tu nombre y que todo el mundo ignore quién ha dicho esa tontería. Claro que aquel periodista también podía haber pensado que esa información podría haberse eliminado sin perder nada.
Yo pensaba que el anonimato se pide cuando haces una declaración que puede costarte el puesto o algo más: “El director de compras en ultramar de ordenadores Peláez pasa los fines de semana con el cuñado del director de análisis transaccionales de Derivados de Remolacha”.
Pero decir lo que dijo sobre los chiringuitos y encima exigir anonimato…
A lo peor ha dejado el trabajo y era el que estaba vendiendo libros esta tarde en la plaza vestido con una túnica naranja.