Si esto es vida que no se acabe nunca. Un sol otoñal himalayo entra por los ventanales del corredor de este hotel. Ya sabes, un antiguo edificio que debía ser todo de madera y que aunque en parte lo han remozado han dejado este largo pasillo como debía ser en su origen, que parece que seamos dos jubilados británicos de la época del Raj leyendo y escribiendo. Porque los borradores los suelo escribir al final del día pero teníamos que levantarnos bastante temprano y lo hago en la tarde del día siguiente.
Andamos con el sueño medio cambiado después de los madrugones de Pelling y hoy nos volvemos a despertar tempranito. La vista de la cordillera es estupenda. Al final parece que el tiempo se estabiliza. ¡Lástima de los días lluviosos de Sikkim! Hace tiempo había leído que Sears había sacado un portal de información solo con noticias buenas. No lo he comprobado pero si sigue funcionando era «Good News Now» (ha sido comprada por AOL). No es que sean santos bondadosos los de esa empresa (que a lo mejor lo son; a mí me gustaban cuando estaban en España) es que cuando hay crisis y todo son malas noticias (a los periodistas parece que les encantan y a los de extrema derecha todavía más), pues el consumo decrece y lo que quieren y querían los de Sears es que por lo menos “Virgencita que me quede como estoy”.
A lo que iba: los de “Goods News Now” la única mala noticia que daban era la meteorológica si venía así. Pues aquí ya se ha arreglado la meteo: todo buenas noticias.
Salimos a dar una vuelta y a buscar donde desayunar. La guía recomienda un “our pick”. Lo encontramos en lo que se llama el mercado nepalí, pero me parece un reducto de “solo jóvenes occidentales que viajan mucho”. Vaya, que no me gusta.
Están abriendo los puestos de venta. En esta ciudad los hay de dos clases, o mejor de tres: las tiendas normales, lo que tú entiendes por un comercio, los puestos callejeros pero fijos que se instalan todas las mañanas a partir de las 7 y se cierran sobre las 8 de la tarde y que están llenos de ropa que los turistas calcutanos miran y remiran pero que me parece que compran poco y finalmente los puestos fijos, normalmente de comida, que son unos cubículos de metro y medio de ancho y de profundidad de 2 metros a desconocida pues a veces están tan oscuros que no se sabe hasta dónde llegan. Y muchos de estos puestos son de carne, normalmente de un solo tipo, como “pork shop”, aunque vimos uno que tenía gallinas en una jaula y pescados en el reducido espacio que le quedaba en el mostrador. Lo gracioso de este puesto es que además de los enjaulados tenía un pollo, que debía ser el enchufado, que estaba suelto y paseando por encima del pescado. Lo estuve observando un rato y no se cagó ni una sola vez así es que a lo mejor estaba amaestrado y sabía “pedir”, como dicen de los niños (“ya sabe pedir”), pero me pareció una guarrada. No quiero ni pensar en una epidemia de gripe aviar en este país.
Compruebo que la mayoría de establecimientos tienen un “Gorkhaland” encima de la puerta. No sé si es que son del CIU o PNV regional o es que lo ponen “por si acá”.
Nos cruzamos con una musulmana tapada. Y no me digas que el islam promueve la igualdad de la mujer. Que he leído estos días que una cuñada de Mr. Blair se ha hecho musulmana y es que si no lo ha hecho para joder a su cuñado no lo entiendo, pues parece que era –digo “era”- alguien que se dedicaba a luchar por causas civiles.
Vamos a la oficina de turismo y esta vez doy con un empleado eficiente que me da la información que preciso e incluso me dice cuatro palabras en español: “hola, ¿qué tal estás muchacho?”. Le explico que lo de “muchacho” sobra.
Una de las mayores atracciones turísticas es ir a la “Tiger Hill” a ver amanecer. Me explica que hay que contratar un taxi el día anterior para las 3 y media de la mañana. ¡Tres y media! Y además, como los de Sears, no te aseguran ni que sea un amanecer grandioso ni siquiera que no haya nubes. Pero nos cuenta que hay un lugar cercano a la oficina de turismo que es casi igual.
Vamos a ver dónde está para mañana ir a tiro hecho y pasamos al lado del “Southfield College (formerly Loreto College)”. Es curioso que les cambien el nombre aunque a los que envían a sus hijos a los colegios privados les encanta que su niño vaya a un colegio de nombre sonoro e importante. Mucho mejor “Southfield” que “Loreto”. (Por cierto que yo tenía un compañero de trabajo en Barcelona que buscaba con ahínco lugares con el nombre de Loreto. Y eso antes de la era internet tenía su mérito. Se enteró que en mi pueblo había un arco con ese nombre y me recabó información acerca de él. Si supiese donde está ahora, Eloy se llamaba, le diría lo de este “college”). A cambio los que llevamos los hijos a colegios públicos tenemos que conformarnos con el que nos toca porque además nunca podremos presumir de ese hecho: “Mi hijo va al Instituto Dolores Ibárruri”. ¿Hay algún colegio privado con el nombre de esa señora? Claro que peor es que vaya al “Colegio General Varela”, aunque para molestar a los otros le cambiaron el nombre por “Ferrer i Guardia”, que además de pedagogo –lo más opuesto a un general- lo fusilaron por anarquista. Aunque fusilaron por los dos lados no te digo quien lo hizo porque te lo imaginas.
Mi hija fue a un “Colegio Canigó” que antes se llamaba, creo, “Almirante Carrero Blanco”. ¿Te has percatado que después de Colón y los hermanos Pinzón todos los almirantes tienen dos apellidos?
Pero peor lo tiene en la Comunitat Valenciana que cualquier día sus hijos irán “Instituto de Ciencias Empresariales Gürtel”.

Subimos al Obervatory Hill y como lo hacemos por un camino equivocado llegamos directamente arriba sin pasar por la entrada principal. Y por eso una advertencia. Nosotros éramos los únicos extranjeros que íbamos calzados. El resto de los extranjeros, pocos de todas las maneras, dos o tres, y algunos bengalíes, iban descalzos. Y es que en la entrada hay un puesto para dejar el calzado, pero eso solo es por devoción porque desde allí tienes más de 100 metros de subida hasta que llegas a la cima donde está el templo principal donde si quieres entrar sí tienes que descalzarte. Imagino que lo que pasa es que llegas a ese punto donde ves que el personal se descalza y tú lo mismo. Insisto: sube calzado.
Esta colina es curiosa porque es una mezcla de banderas budistas con templos hindúes.
(Cuando estoy escribiendo esto se está poniendo el sol y se oye cantar al muecín. Como no hay energía eléctrica en estos momentos en la ciudad imagino que tendrán un generador a mayor gloria de Dios).
Algunos padres suben llevando a niños recién nacidos. Debe ser como se hacía antes en Aragón de pasar a los bebés “por el manto de la Virgen del Pilar”. ¡Cuánto se parecen las religiones!, aunque los fundamentalistas de todas ellas estén dispuestos a dejarse su pellejo y los de los demás –sobre todo los de los demás- por marcar las diferencias.
Por allí rondan unos monos que aunque no son muy numerosos ni especialmente hostiles sí que hay que tener cuidado con ellos. Yo vi como uno intentaba llevarse una especie de mantita que llevan muchas señoras mayores a una de ellas. Y como no se dejó el mono intento morderle.
Ya dije que en la oficina de turismo fueron amables y eficaces. Además nos dieron un folleto de muy mala calidad, como aquellas hojas ciclostiladas que imprimían los partidos de izquierda en la oscura época franquista, Pero lo peor era el mapa: creo que no he visto un mapa más malo en mi vida. Yo creo que le doy dos lapiceros a mi nieta que tiene 6 meses y le digo que haga un mapa de Darjeling y lo hace mejor.