Por fin ha aparecido el cielo sin nubes y por primera vez Marisa ha podido ver claramente el Khangchendzonga y los picos vecinos. Y además al amanecer: ese momento mágico en el que el primer rayo de sol roza la cumbre de la gran montaña.
Os refresco la información: el Khangchendzonga es la tercera montaña en altura con 8.586 metros y además la única de los ochomiles que está en la India. Lo que ya no sé si es de los fáciles o de los difíciles y si lo sube un montón de gente como el Everest o casi nadie.
Pues antes de las 5 y media de la mañana, que es la hora de ese toque maravilloso, ya estábamos en la terraza del hotel todos los huéspedes. O casi. Debe ser la ciudad donde los turistas madrugamos más en todo el mundo, por lo menos en los días despejados, pues en un par de hoteles que estaban por debajo del nuestro también había personal en las terrazas.
Un espectáculo precioso.
Y luego te vas a desayunar. En la mesa de al lado gente que habla de viajes por Asia de varios meses. Claro que en nuestro hotel todos los huéspedes, menos nosotros, son jóvenes a los que se les supone sin obligaciones familiares ni financieras.
Hoy la visita turística nos va a llevar al monasterio de Sangachoeling, del que la guía dice que es el segundo más antiguo de Sikkim aunque un letrero en la entrada advierte que es “el más antiguo”, nada de “segundo”. A mí, la verdad, es que me da lo mismo. Tengo un amigo que da un gran valor a las cosas por su antigüedad, que hasta se compró una puerta del siglo XIII. A mí me dan una boñiga que me dicen que era del caballo del Cid y no la cojo ni regalada. Ni con el certificado de Sotheby’s.
Para llegar al monasterio hay una buena pista con una suave subida hasta que al final se transforma en una cuesta muy empinada y de suelo empedrado tipo Sikkiim: piedras cuadradas puestas de canto.
Subiendo nos encontramos con un joven que decide acompañarnos. Va vestido “de civil” pero me dice que es un monje del monasterio.
“¿Cuántos monjes hay?”. “Veinte”. No me lo podría creer. Tiene que ser algo de numerología tántrica tibetana budista o de “númerus clausus”.
Las vistas sobre los alrededores son preciosas. Pelling tiene esa diferencia con los otros lugares que hemos visitado: los valles que lo rodean no son tan escarpados y así permiten mejores vistas. Y además tenemos al Khangchendzonga al fondo.
A mitad de camino el monje se debe cansar de nuestro lento ascenso y decide seguir solo. Nos cruzamos con tres calcutanos que bajan y nos saludan alegremente. Nos advierten algo sobre el calzado pero no logramos entenderlos. Pensamos que nos habrán dicho:
1. Como es un sitio budista hay que quitarse los zapatos pero mucho antes de llegar. ¡Vaya putada con ese firme de la pista!
2. Hay que quitarse los zapatos porque al pisar descalzo por ese camino sagrado tiene alguna acción terapéutica, ya sea física o espiritual.
3. Cuando lleguemos al monasterio y tengamos que quitarnos los zapatos para entrar en el templo, que tengamos cuidado con ellos porque los niños de la escuela –nos han hablado de ella- nos los pueden robar.
Decidimos que seguramente es la tercera opción pero a mí me sorprende porque cuando estuve aquí la otra vez escribí precisamente de lo disciplinados que eran los niños y del malvado maestro.
Seguimos subiendo y de repente nos encontramos con la explicación de los calcutanos: unos 30 metros de la pista está invadida por una avalancha de una capa de barro que hace muy difícil el paso. Pues hasta en eso hemos tenido suerte pues cuando escribo el borrador de esta crónica después de cenar se ha puesto a llover bastante fuerte y si nos ocurre esta mañana hubiese sido imposible pasar y llegar hasta el monasterio.
La puerta del templo está cerrada y no hay nadie por allí pero aparece el joven de la subida ya con la ropa talar y llama a un chico también vestido de monje para que nos abra.
Nada de fotos. Y es una pena porque es muy, muy interesante, sobre todo las pinturas murales. Hay unas del gurú Padmasambhava, el de ayer, que serán de sexo tántrico como me dijo Robert en el blog el año 2006 respecto a las del monasterio de Pemayangtse pero está el gurú con el falo enhiesto como un pino y con una bella señorita blanquita y desnuda a su lado. En el piso superior, siempre acompañados del chico monje, llegamos a una habitación, casi un cubículo, donde un monje reza y toca los platillos y un tambor todo al mismo tiempo. Ya lo vi en la otra ocasión pero la ceremonia es impresionante: allí tienes a aquel señor de unos 50 ó 60 años –a los tibetanos es muy difícil calcularles la edad, como a las monjas españolas- sentado y rezando en voz alta mientras realiza movimientos seguramente fijados por la liturgia. Pero “no fotos”, así que lo más sorprendente se queda sin documentación.
En una habitación hay vitrinas con estatuas dentro de ellas y con letreros con sus nombres. Así en la del señor azul que “parece” que está fornicando con una señorita blanca dice Kun-tu-Zang-Po Samanta Badhra. Imagino que “Samanta” sería la señorita. Y también hay una figura femenina, Magyur Raldou , que no sé si será también una “manifestación” del gurú Padmasambhava o alguien de su familia.
Sigo con los letreros: el de la entrada del templo te explica que este monasterio se llama “Sanghak Choeling”, que significa “la tierra de la divina enseñanza”. Que eso ya es más creíble que lo de Yuksom. Así podría ser “San”, tierra, “ghak”, de la, “Choe”, divina y “ling” enseñanza. Fue fundado en 1642 por el lama Gyalna Chatsun Chempo. Por poco no es familia de los de Yuksom , que aquellos se apellidaban “Chembo”. Y estamos a 2.272 metros de altitud.
Hay un conjunto de “chortens” y un grupo de nepalíes limpiándolos. Como también lo hacían en Norbung creo que debe ser la época de su limpieza. Y por supuesto nada de hacerlo los monjes. Cuando vine la otra vez los que limpiaban eran los niños de la escuela. Claro que en mi pueblo tampoco el cura limpia la iglesia y menos la fachada.
Luego vemos a un grupo de niños que están acarreando piedras de un lado a otro. Imagino que eso debe considerase “trabajo infantil”. Desde luego un joven monje de veintitantos los vigila. Los “trabajadores” son dos de 15 años y cuatro o cinco de unos 6.

Paseando entramos en la cocina. Aquí de nuevo el cocinero es uno de los alumnos de la escuela, pero de los mayores: 14 años. Nos dice que hace la comida para los escolares y para los monjes, pero si son 20 los monjes, como me ha dicho el que subía, y además están los niños de la escuela, hoy comerán poco.
Siguiendo el paseo llegamos a un crematorio. Viendo su situación pienso que o hay otro más accesible desde la población, o se mueren poco o no los queman.
Regresamos al monasterio y entramos en la escuela: estos alumnos tienen más suerte que los de Yuksom porque tienen una tarima para sentarse. Es algo muy curioso porque los pupitres tienen unos 30 cm de alto. Nos dicen que son 25 alumnos de 6 a 15 años.
Otra cosa curiosa es que en el interior de la escuela hay tres molinos de rezo y 4 estatuas en una pared. Imagino que serán también de Padmasambhava. Una es monstruosa con un rosario de cabezas colgando y otra es de una señorita desnuda con un par de buenas tetas. Si en mi época de escolar con los escolapios hubiésemos tenido esa estatua en clase en lugar del crucifijo y del retrato del Generalísimo Franco estoy seguro que nos hubiéramos distraído bastante. No sé qué pensarán los niños escolares budistas.
Y después de estar vagando por allí un par de horas completamente solos, vaya sin visitantes, han empezado a aparecer turistas occidentales y bengalíes jóvenes. Pero cuando bajamos después de pasar por la zona del barro nos encontramos con un taxi de Bengala esperando así que los jóvenes indios habían andado un poquito, pero no mucho.
Acabamos llegando a Pelling de Abajo para comer y luego en el hotel charlo con los canadienses con los que coincidimos en el coche de Yuksom. Son una pareja muy simpática. El es un joven alto y rubio que no pasaría por español pero ella es una chica guapa con cara mediterránea. Claro, se llama Milagros. Es que su madre es filipina. Le digo que en España muchas “Milagro” se hacen llamar “Mila” y ella me dice en Canadá entonces se creen que es de Europa del Este. Es curioso como cambian las percepciones.
Acaba la tarde con una fuerte lluvia. Los canadienses me habían explicado que hicieron un trekking de 8 días desde Yuksom y que el tiempo fue bastante malo porque llovió todos los días. Debe ser una buena putada. A cambio Marisa dice que hoy ha sido el mejor día de todos: ha visto por fin el Khangchendzonga y más al amanecer y luego por la mañana el monje del monasterio.
Mañana nos vamos pero intentaremos ver de nuevo el amanecer si las nubes nos son favorables.
12/01/2011 a las 20:38
Pues los niños budistas no pensarán nada porque han crecido viendo ese buen par, sin embargo a los de vuestra generación os deleitaban con el cara garbanzo, y así pasaba todos salidos, que por otro lado es mejor que estar pensando en pillar hachís, como pasó en la mía.
16/01/2011 a las 22:59
Joséluis, lo de que andábamos salidos creo que tenía más que ver con las hormonas y con la represión de costumbres que con ver a un tipo con cara de garbanzo. Que además creo que ni lo veíamos. Y por supuesto estoy de acuerdo contigo: mejor lo de la testosterona que lo de fumar.